Recientemente se celebró en la
Universidad de La Habana el Primer Coloquio
Manuel Rivero de la Calle.
El doctor Ercilio Vento Canosa, presidente de la
Sociedad Espeleológica de Cuba y participante en la
reunión, habla sobre el eminente sabio, quien junto
a Luis Montané y Dardé y don Fernando Ortiz,
constituye una de las personalidades más relevantes
de la antropología cubana.
-Usted ha manifestado que resulta
complejo apresar en pocas líneas el universo
científico de Rivero. ¿Por qué?
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Rivero de la Calle "era capaz
de identificar en un mínimo fragmento de hueso y
ubicarlo correctamente en el esqueleto
sin otra consulta que su memoria,
experiencia y habilidad." |
–Porque no fue un científico más entre la
pléyade de los que durante el siglo XIX y parte del
XX echaron los cimientos de la antropología cubana.
En su persona se concentraron elementos
circunstanciales que permiten considerarlo el último
de los grandes expertos en la antropología aborigen
de nuestro país y un erudito indiscutible en materia
de osteología humana, virtud puesta a prueba en los
innumerables estudios que dejó para una posteridad.
"En sus trabajos brilló su modesta
capacidad para la investigación antropológica en el
áspero terreno de la osteología, donde es preciso el
dominio anatómico de la estructura ósea para
apreciar la sutil diferencia que instruye una
particular identidad."
-Por favor, refiérase a su obra en
tal sentido.
–De su vasta obra baste citar dos
estudios fundamentales en los cuales la osteología
desempeñó el papel protagónico: su libro sobre las
nociones de anatomía en los estudios antropológicos
–fundamentalmente como un práctico manual de campo
más que como texto de consulta en una biblioteca– y
el primer estudio importante de la paleopatología
aborigen en Cuba. El primero, extraordinariamente
didáctico. Él supo percibir cuál era la naturaleza
del problema en el terreno: los no expertos
precisaban identificar un hueso y ubicarlo sin error
en su contexto anatómico. Era, en otras palabras, la
llave maestra que siempre, de modo inconsciente, se
buscó en cualquier investigación con restos óseos.
Constituye un material que excede al estudio de las
piezas arqueológicas y se adapta a cualquier
exigencia del presente, para terrenos tan
importantes como puede ser la osteología forense.
"Este libro ofrece varias lecturas.
La primera se centra en la propia utilidad
informativa, por su carácter de manual práctico que
abarca todas las aristas del trabajo de campo. La
segunda podría ser el enfoque del problema mismo, o
sea, la filosofía de aproximación al estudio
osteológico, el respeto al orden categórico en la
secuencia de la información y la virtud de poderse
colocar del opuesto. Es decir, desde la orilla del
aprendiz y no la del erudito.
"En ningún otro texto de anatomía
clásica se encuentra el tema tratado con el
equilibrio maestro entre lo esencialmente necesario
y lo obligatoriamente profundo, sorteando con
habilidad las asperezas del lenguaje científico
puro."
-El otro estudio lo ha calificado
como de gran aporte para la paleopatología aborigen
cubana.
–Es así por su excepción para Cuba,
las Antillas y la propia historia de las ciencias.
Es un trabajo en el cual incursionó en la condición
alterada de las estructuras anatómicas del hueso,
sentando las bases para cualquier obra
posterior y dejando para la posteridad una
referencia obligada que es el epítome de cualquier
investigación sobre este tema.. Indiscutiblemente,
fundó las bases de esta disciplina en el país, donde
no existían más que referencias muy aisladas, casi
anecdóticas, fuera de lo que pudiera pensarse como
un estudio singular y monográfico. Fue el primer
paso de una obra que encuentra continuación actual.
–El universo osteológico en Rivero
de la Calle se puso de manifiesto más de una vez
¿Qué opina su amigo y discípulo indirecto, como ha
dicho que se considera?
–Él era capaz de identificar en un
mínimo fragmento de hueso y ubicarlo correctamente
en el esqueleto sin otra consulta que su memoria,
experiencia y habilidad. En múltiples ocasiones le
consultamos dudas de este género que resolvió al
instante, sin la menor muestra de orgullo o vanidad,
cualidad que le distinguió hasta la muerte. Porque
nada hay más valioso que la conciencia plena del
saber limitado, la necesidad del aprendizaje
continuo y la obligación de instruir sobre lo que se
sabe; en Rivero, el maestro siempre estuvo presente.
-Se dice que contribuyó a
identificar a figuras de nuestras Guerras de
Independencia e hizo valiosos aportes...
–Efectivamente, al mayor general
Calixto García, a Manuel García y al
general Vicente García y a su hijo; ello da
prueba del mucho aprecio que se tenía a su opinión y
experiencia.
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Ercilio Vento considera a Rivero "la figura
más sobresaliente en materia de osteología
aborigen de todos los tiempos" Foto: HUGO GARCÍA |
"Su aporte a la osteología de la
población china en Cuba, los estudios diferenciales
sexuales del fémur, sus tablas para el cálculo de la
estatura en aborígenes cubanos, sus exposiciones
sobre la perfiliación horizontal en indígenas
antillanos y sus estudios craneométricos comparados
para cráneos indios deformados, lo convierten en la
figura más sobresaliente en materia de osteología
aborigen de todos los tiempos. Ningún antropólogo ha
dado mayor y más continuo aporte a las
investigaciones osteológicas de la extinta raza
americana en la mayor de las islas del Caribe."
-Y sobre osteología fetal forense...
–Esa es una disciplina en la que se
precisa un conocimiento detallado de la anatomía
ósea, en un momento en que el hueso no alcanza aún
su condición de tal. La capacidad que el ejercicio
de esta parte de la osteología exige es imperativa y
enciclopédica, pues se trata de un universo nuevo,
un terreno movedizo o suficientemente escabroso para
recorrerlo sin estorbo. Gracias al desvelo del
doctor Rivero se hizo necesaria la visión
antropológica ósea fetal, así como la incorporación
de dichos conocimientos al todo general de la unidad
osteológica del individuo.
Grande en el pensamiento y su
trayectoria científica, sencillo en la comunicación
con los demás, permanece en la memoria del doctor
Ercilio Vento Canosa y en la de quienes fueron los
alumnos directos, el insigne hombre de ciencia y
revolucionario sin tacha que fue Manuel Rivero de la
Calle.