La
noche terminó con un exquisito café criollo
cuya elaboración dispuso el propio
Comandante en Jefe, Fidel Castro. Algo nada
sencillo, porque el salón plenario del
Palacio de Convenciones estaba colmado de
invitados, entre dirigentes del Partido, el
Gobierno, la CTC, y profesionales de la
educación y la salud pública.
Degustando el tinto, al filo
de las diez y media de la noche del jueves
23 de junio, muchos sacaban cuentas y otros
recordaban las últimas palabras de Fidel.
Dirigidas, dijo, a los superpesimistas: si
no surge un conflicto internacional serio,
seguiremos avanzando.
En esta ocasión, el eje de
la intervención especial de Fidel fue el
anuncio de incrementos en los salarios
básicos de los profesionales y trabajadores
en general de los dos estratégicos sectores
antes mencionados y que, según palabras del
propio Fidel, han alcanzado un alto
prestigio.
El
máximo líder explicó que los incrementos son
modestos, pero se hacen con el máximo
esfuerzo. Tenemos que profundizar en los
temas sobre a quiénes se debe beneficiar,
dijo, y enfatizó a continuación que es en
medio de un mundo sembrado de desigualdades
que Cuba estudia y aplica estas mejoras
salariales.
Refirió asimismo la
necesidad constante de revisar los
parámetros salarios-precios-ingresos reales.
A instancia de Fidel,
Alfredo Morales Cartaya, ministro de Trabajo
y Seguridad Social, precisó que los salarios
de estos grupos laborales ya habían sido
beneficiados en 1999, en razón del valor y
la consagración que entrañan sus
ocupaciones, y a su vez recordó que una
buena parte de sus trabajadores fueron
también favorecidos desde el primero de mayo
de este año, cuando un millón 657 mil
cubanos con salario mínimo vieron que sus
100 pesos se renovaron con otros 125 pesos.
Sin cortapisas, como deben
ser en fin las cosas, Cartaya aseguró que
este es el inicio de un proceso que resuelve
determinadas incoherencias, un proceso que
se irá perfeccionando en la medida en que
las posibilidades económicas de la mayor de
las Antillas lo permitan.
La economía de un país es
como la naturaleza, donde todo está
interrelacionado. De modo que esta nueva
acción del gobierno revolucionario no puede
dejar de tomar en cuenta asuntos de
magnitud, como el hecho de que
históricamente, el presupuesto para la rama
educativa es el más voluminoso de la Isla.
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Es
menester que los maestros y profesores
reciban mayor reconocimiento social,
opina el Comandante en Jefe.
Foto: JOSÉ O. CASTAÑEDA |
Tampoco puede esquivar una
realidad palpable a nivel popular: el de
salud pública –hablamos de presupuestos– ha
crecido en los últimos tiempos en razón de
la remodelación de policlínicos y hospitales
y la compra de equipamiento moderno, como
los tomógrafos de 64 cortes, los ecógrafos
tridimensionales y los ultramodernos equipos
de resonancia magnética.
Estas últimas erogaciones,
qué duda cabe, coadyuvarán no solo a hacer
realidad una mejor atención, sino además a
la ampliación del campo de las
investigaciones médicas, una cuestión que
podrá revertirse a nuestro favor de
múltiples maneras.
Fue precisamente al
referirse a estos y otros equipos que en
breve estarán en marcha, que el líder de la
Revolución opinó que por sobre todo, más
importante es la actitud, por lo que los
profesionales de la salud deben mostrar alta
calidad humana.
"Estamos hablando de alta
tecnología, hay que hablar de alta
ideología", expresó. "Hay que aplicar
métodos rigurosos con aquellos que ofenden
un servicio tan noble como el de la salud."
En otro momento de su
comparecencia, informó que hasta el momento
se han operado en Cuba de dolencias
oftalmológicas más de 18 mil 464 cubanos y
15 mil 418 venezolanos, y que pronto
estaremos en condiciones de atender
anualmente a un millón de pacientes de esas
enfermedades, incluyendo a miles de
latinoamericanos, porque para ello Cuba está
en mejores condiciones que toda la región.
"Estamos trabajando dentro y
fuera, no solo para las necesidades del
país, sino además por la cooperación entre
países", dijo, y comentó que en América
Latina hay cuatro millones y medio de
personas ciegas por cataratas.
Al respecto indicó que Cuba
cuenta con 600 oftalmólogos clínicos y que
hoy suman ocho los centros dedicados a
operar cataratas y otras afecciones
oculares, pero llegarán a 24 a fines de año,
destacándose entre ellos el Ramón Pando
Ferrer, sometido a una reparación capital
que lo convertirá en un centro de primera
línea mundial en su especialidad.
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Los gastos
del presupuesto nacional en la salud
pública han crecido en los últimos
tiempos en razón de la remodelación de
policlínicos y hospitales y la compra de
equipamiento moderno. |
Una excelente noticia fue,
pues, que cuando se alisten dichos centros,
no solo los aquejados de cataratas, también
los de miopías, estrabismo, retinosis
pigmentaria y glaucoma recibirán una
atención de excelencia.
Dijo Fidel que hay que
darles la razón a muchas críticas de la
población, porque estimulan a trabajar
mejor, pero es cierto que el Período Especial
y otras
calamidades dejaron estragos en el ánimo de
las personas y algunos vicios.
Hay deficiencias, dijo, que
aún subsisten, pero se trabaja para
vencerlas y para ser "expertos en unas
cuantas cosas, no solo en la Medicina". Es
una pelea, recalcó, ética, moral y política.
"Hay que cambiar lo que haya que cambiar,
para vencer los vicios que haya que vencer."
Aunque, como bien añadiera
Fidel, muchos ciudadanos empiezan a entender
el esfuerzo y los resultados de los últimos
tiempos, cuando los recursos financieros van
permitiendo enfrentar dificultades
acumuladas.
En otros momentos de la
jornada, informó sobre 200 nuevos ómnibus
que comenzarán a prestar servicio en viajes
interprovinciales, refirió que avanzan las
inversiones en el sector energético, se
remitió al incesante alza de los precios de
combustibles y alimentos en el mercado
mundial, y al hecho de que se han logrado
reparar 900 vagones de ferrocarril e incluso
algunas locomotoras, en solo seis meses.
"Trabajamos como si una catástrofe pudiera
ocurrir."
Seguiremos trabajando,
sentenció optimista, para buscar todas las
variantes posibles dentro de fórmulas
socialistas, y hacer retribuciones mucho más
justas: "¿A cuántas cosas se le puede
dedicar la vida? Lo terrible es no tener
nada a que dedicarle la vida". Luego
comentó, con cierta complicidad, que algunos
lo tachan de impaciente. A esos, y a todos
los presentes, confesó: "Estoy de acuerdo
con los impacientes, porque yo también soy
impaciente".