José Martí escribió en abril
de 1892, en Patria, un artículo en el cual
consagra a su amigo espirituano Néstor
Leonelo Carbonell –combatiente, poeta,
periodista– como fundador del Partido
Revolucionario Cubano (PRC). Fue Carbonell
presidente del Cuerpo de Consejo del PRC en
la ciudad floridana de Tampa. En ese
artículo Martí dice de la fenomenal memoria
de Néstor Leonelo y, entre otras cosas –como
trozos de discursos de Céspedes y del propio
Martí– que sabía de memoria, expresa el
Apóstol: "(...) las silvas del Hijo del
Damují (...) las endechas de José Joaquín
Palma". Aclaremos qué son silvas y endechas.
La primera es una ‘combinación métrica, no
estrófica, en la que alternan libremente
versos heptasílabos y endecasílabos’. La
segunda es también una ‘combinación métrica
que se emplea repetida en composiciones de
asunto luctuoso por lo común, y consta de
cuatro versos de seis o siete sílabas,
generalmente asonantes’. Se le llamó el Hijo
del Damují, al poeta y periodista
cienfueguero don Antonio José Hurtado del
Valle (nacido en 1841), quien falleció en
los campos de Cuba Libre, en 1875. José
Joaquín Palma fue un poeta bayamés, nacido
en 1844, ayudante de Céspedes en la Guerra
de 1868, que en 1875 fue a Guatemala en
busca de ayuda para la Revolución; allí
compuso el Himno Nacional de ese hermano
país. Al advenimiento de la República fue
ministro de Cuba en Guatemala, país donde
murió en 1911.
EN inglés la voz
dishonest no equivale a lo que es
deshonesto en español. La palabra inglesa
significa ‘falso, tramposo, fraudulento’ y
el término español es ‘sin pudor o decoro’.
Por tal motivo no se puede traducir una
palabra por otra, pues, como vemos, no
significan igual. Cuando en inglés se dice
disho- nest y se traduce por el español
deshonesto, lo que se está diciendo nada
tiene que ver con la realidad. Este es uno
de los llamados "falsos amigos" entre inglés
y español, es decir, que por sus respectivas
grafías en cada idioma tal parece que
significan lo mismo, pero no es así.
LOS adverbios terminados en
mente no deben abundar en un escrito; para
evitarlo podemos emplear, por ejemplo, por
comúnmente, popularmente, vulgarmente,
formas adverbiales, como de forma común, de
manera popular, de modo vulgar, que
significan lo mismo. Hasta ahí está bien.
Pero eso de obviar siempre los adverbios
terminados en mente no es práctica sana,
puesto que al hablar los utilizamos, y, a
veces, bastante. En un párrafo no debe
incluirse más de uno, pero si el párrafo es
muy largo, bien que caben dos, y hasta tres,
y esto mezclado con las anteriores formas
adverbiales. Recuérdelo, como decía Guillén,
"todo mezclado".