Pepe Masiques
El pintor de las mujeres soles
Frescura y vigencia de su luminoso legado
Por: Azucena Plasencia
cultura@bohemia.co.cu
Fotos: Gilberto Rabassa
fotografia@bohemia.co.cu
Cómo saber dónde empieza la vida o dónde acaba la muerte? Bastó una postal con la reproducción de su cuadro, La flor roja, que el poeta Luis Suardíaz –recientemente fallecido– y su esposa Elisa, hermana del malogrado pintor, enviaran a los amigos como felicitación por Año Nuevo, para que los receptores, conmovidos, movieran cielo y tierra, a fin de contemplar nuevamente la obra de José Masiques, que celosamente se conserva, donada por la familia, en los ricos fondos del Museo Nacional de Bellas Artes.
¡Cuántos recuerdos había sobre su personalidad, sus gustos por la música, su forma rápida de caminar! Sus alumnos de Dibujo de la Escuela Nacional de Arte, hoy profesionales consagrados, llegaron a la exposición en colmo de memoria y amor. “Esto es solo la primera etapa de homenaje en sus 65 años –afirmaba su hermana Elisa al inaugurar la muestra exhibida recientemente en Bellas Artes–. Estamos en el inicio, no en el fin.”
Estaban allí amigos como el trovador Silvio Rodríguez, quien patrocinara el minucioso catálogo de más de 30 reproducciones en gran formato, con fotos personales y testimonios del artista, edición bilingüe, cuya venta estuvo destinada a los niños del Hospital Oncológico de la capital. Coleccionistas como Norka Menéndez o Juan Moreira, quienes prestaron obras de Masiques, bienes queridos.
Amigos, en fin, marcados por su juventud y energía, su fulminante desaparición a los 28 años, en plenitud de dotes creadoras, en la formidable década de los 60.
Persona
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Camino hacia el sol, óleo sobre tela |
Pintor, grabador, escultor, diseñador, talentoso autodidacta, José Masiques practicó la talla en madera, la fotografía y la cerámica. A los formales dibujos en blanco y negro de los inicios, opone la pintura, mucho más libre, que descansa en el color, y las sensuales líneas que plasman su visión de la naturaleza, del individuo como centro de su entorno.
La sombra del tiempo dibuja estos rosas, estos amarillos, esos tonos celestes fulgentes de alegría, violentos en la utilización de la luz, colores urdidos en la inconsciencia de los sueños, composiciones que hacen pensar en paisajes vagamente irreales.
Esta pintura tiene íntimas raíces que calan hondo, que llegan al hueso en fuerte trenzadura anímica dirigidas a nuestras emociones de hombres y mujeres vivos, nuestra animalidad de espectadores privilegiados. Raíces que suben por el hilo tibio y tenue de la sangre, ardientes raíces que sorprenden al corazón: Masiques ha cercado, ha copado el espacio con sonrisa ligera, de profunda ironía. “Convertir la tristeza en poesía”, dice con sus lánguidas, vivas figuras.
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| Vista de la exposición Las mujeres-soles de José Masiques |
¿De qué mundo vuelven estos colores, estas formas ambiguas? ¿Qué tiempo ha transcurrido que se puede contar por años y sin embargo parece detenido? Estas mujeres soles flamean tendidas a toda patria, a todo espacio, a todo mundo, su mundo. En la luz, fuera del tiempo, inmutables ante el umbral de las esencias, realizadas en código de fineza, estilo de descubrir, de desnudar, cargadas de limpio color en plenitud de trazos que repiten y versionan rasgos.
No hay dato en la pintura de Masiques para ir de ella al pasado. O de ella al futuro. En él nace y muere, todo acaba en sí mismo. Cerca de la naturaleza, es instante. Como una estrella desplazada de su órbita, nadie podrá clasificarle, en lo auténtico y propio, en escuela o sistema alguno. Permanece así en un centro irradiante de color y luz y en él hay que dejarlo. Son obras tiernas, dulces, persuasivas, insinuantes, en juego de flores y mar, brillantes y renovadas en repetidos, voluptuosos temas.
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Elisa, la hermana, junto a Silvio, el amigo |
Luego de 20 años sin exponer, a Pepe Masiques habría que considerarle un inédito. La exposición de Bellas Artes recobró, para los que le conocieron, la significativa obra de un pintor cuyo quehacer se desarrolló en los 60, década intermedia de introspección entre dos puntos de intensidad máxima, si hablamos de arte. Era, a nivel internacional tiempo del pop y de la fugaz escuela psicodélica que tanto influiría en el poderoso movimiento gráfico nacional desatado por la expansiva ola revolucionaria. Los que van a triunfar en Cuba, una década después, están sentados en las aulas de la ENA o integran las filas de los Instructores de Arte. Son jóvenes que apuestan por la pintura en sí misma y por la variedad de métodos creativos en medio de una Revolución que dinamiza la vida cultural del país, de una manera espectacular.
Masiques tensará esa cuerda antes, cuando señorea la gráfica –vallas, carteles, murales–; el afichismo sobre todo, género que abre las puertas de Europa a la plástica cubana. En esta hora también están en plenitud de obra y madurez creadora Portocarrero, Amelia, la Eiriz, Abela, Adigio..., entre otros grandes del patio. Lam está fuera, en otra dimensión.
A las muestras de artes plásticas, antes cosa de minorías, acude el pueblo en respuesta masiva que señala un enorme interés colectivo. En este sentido, Bellas Artes proporcionó la oportunidad de experimentar una vivencia que parece haber desaparecido: la de sentirse impactado por una obra artística, por las imágenes surgidas de la mente de un autor contemporáneo.
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| Composición, 1967, óleo sobre tela |
Fuerza, originalidad y voluntad expresiva son elementos estilísticos de la pintura de Masiques, experiencia muy personal a través de formas incontaminadas de modas y concesiones mercantiles. Eróticas, estas mujeres soles afirman un potencial subversivo: Lam está presente en estas plasmaciones oníricas. Y Braque también.
Sabido es que no hay que establecer paralelismos entre lenguajes artísticos tan diferentes como el de la
literatura y el de la imagen, sin embargo la tentación, en el caso de Masiques, es poderosa, ya que su pintura es poesía, discurso poético organizado en líneas y color. Por eso su obra, altamente sugestiva, permanece abierta a diferentes lecturas e interrogaciones, imperecedera, emancipada de toda norma, vigorosa en su desafío libre e individual, en la intensidad de un lenguaje fecundo, tan “arriba” y de vanguardia que hoy puede disfrutarse como acabada de hacer.
Delicadeza y pasión, los seres irreales de Masiques nos guiñan sigilosos, en señal de soterrada existencia, amorosa presencia atemporal.
(27 de mayo de 2005) |