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BOHEMIA - Revista Ilustrada de Análisis General

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Revista Ilustrada de Análisis General
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INTERNACIONALES


Operación Carlota, un Girón en África

Los combatientes internacionalistas cubanos contribuyeron decisivamente a garantizar la independencia de Angola, lograr la de Namibia y a derrotar el apartheid

Por: ULISES ESTRADA LESCAILLE y PEDRO ANTONIO GARCÍA
nacionales@bohemia.co.cu

No sabemos en qué día y lugar nació. Hasta el 5 de noviembre de 1843, Carlota, la negra lucumí, era una esclava anónima más. Aquel día, al lado del también lucumí Eduardo y el gangá Manuel, encabezó la más formidable rebelión que hasta entonces recordara Matanzas. Todas las dotaciones de los alrededores del ingenio Triunvirato fueron liberadas.

Solo una tropa española bien pertrechada pudo detenerlos. Carlota cayó por sus ideales; el ejemplo de rebeldía y amor a la libertad que nos legaron esclavos como ella trascendió y estuvo presente en nuestras gestas independentistas, en la decisión de muchos mambises de no envainar el machete, cuando se lograra la independencia patria, sin haber obtenido la de Puerto Rico; en los mil cubanos blancos, negros y mulatos que marcharon a España en 1936 para luchar contra el fascismo. En los que en montañas y llanos dieron la batalla por nuestra definitiva independencia y en la resolución de un pueblo que resiste heroicamente por casi 50 años bloqueo y agresiones del imperio más poderoso de todos los tiempos.

¿Debe alguien extrañarse entonces de que cuando miles de cubanos atravesaron el océano al llamado del hermano pueblo angolano, tal operación militar haya sido bautizada con el nombre de la rebelde negra lucumí?

Historia de una entrañable amistad

Artillería cubana en Angola

A principios de 1965 el Che sostuvo en Brazzaville una entrevista con la dirección del Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA), encabezada por Agostinho Neto. De este encuentro surgió, a solicitud de los patriotas angolanos, el compromiso por los cubanos de ayuda al movimiento guerrillero contra el colonialismo portugués.

Internacionalistas cubanos entrenaron, e incluso combatieron junto con ellos, a guerrilleros del MPLA en el enclave de Cabinda (al norte de Angola, separada de ella por una franja de tierra perteneciente al entonces Congo Kins- hasa). Otras tres columnas de esa organización también recibieron asesoría cubana: la Camilo Cienfuegos, que comenzó a operar desde mediados de 1966; la Kamy (a finales de ese año) y la Feraz Bomboko (en 1967).

De 1967 a 1974 la solidaridad de la Revolución Cubana con el MPLA continuó con el entrenamiento de hombres, concesión de becas universitarias a estudiantes de ese país, el apoyo a su lucha en organismos internacionales como la ONU y los No Alineados.

Por su parte, el imperialismo comenzó a maniobrar para el debilitamiento de la lucha anticolonialista en Angola. Una organización de base tribal congolesa, la Unión de los Pueblos del Norte de Angola (UPNA), cambia primero su nombre por Unión de los Pueblos de Angola (UPA) y luego, Frente Nacional para la Liberación de Angola (FNLA), con lo que logra el reconocimiento de algunos países africanos.

Dirigido por Holden Roberto, el FNLA era apoyado por la CIA y el régimen de Joseph Mobutu (Zaire-Congo Kinshasa). Un desprendimiento de esta organización, la Unión Nacional para la Independencia Total de Angola (UNITA), centraba su base social en la etnia umbundo. Su líder, Jonas Savimbi, había pactado con los militares portugueses y los racistas sudafricanos.

El cese de la dominación portuguesa

El comandante Abelardo Colomé imparte instrucciones a la tropa

El colonialismo portugués había sido prácticamente derrotado en 1974 en Angola, gracias al empuje de los combatientes de las FAPLA, ejercito revolucionario del MPLA. Cuando triunfa la Revolución de los Claveles en Portugal, en abril de ese año, el impagable costo de la guerra y la crisis económica por la que atravesaba obligaron a esta metrópoli a iniciar negociaciones y crear un gobierno de transición cuatripartito (junto con el MPLA, la UNITA y el FNLA) para la preparación de elecciones a una Asamblea Constituyente y el acceso a la independencia el 11 de noviembre del siguiente año.

El gobierno de los Estados Unidos de América, desde finales de la primavera de 1975, invirtió decenas de millones de dólares en abastecer de armas e instructores a estos dos grupos contrarrevolucionarios y escisionistas (FNLA y UNITA), lo que les permitió realizar acciones armadas contra las FAPLA.

Tropas regulares de Zaire fueron enviadas por el presidente Joseph Mobutu, instigado por EE.UU., al interior de Angola con el mismo propósito. A finales de septiembre de 1975, Balthazar Vorster, presidente de Sudáfrica, había organizado bajo su dirección personal, la Operación Savannah, dirigida a la eliminación de las FAPLA de la región sudoccidental de Angola y a la toma de Luanda.

En aquellos momentos solo quedaban en Angola unos diez mil soldados del ejército portugués, que no intervenían en el conflicto y se retirarían definitivamente a Lisboa con el advenimiento de la independencia, el 11 de noviembre. El MPLA con las FAPLA, controlaba entonces las ciudades, las pocas carreteras existentes al sur del país y la costa desde Namibia hasta Quifangondo. En el norte, la Novena Brigada, la fuerza elite de las FAPLA, no muy bien armada, contenía el avance de los grupos contrarrevolucionarios agrupados en el FNLA y la UNITA.

Para la Operación Savannah se creó la columna Zulu, integrada por unos mil angolanos pertenecientes en su mayoría a la UNITA y soldados del ejército de Sudáfrica, todos comandados por el coronel Koos van Hereden y oficiales y suboficiales de ese país. Esta columna, apoyada por tanques y artillería, invadió por el sur el territorio angolano el 14 de octubre y logró avanzar hasta 70 kilómetros diarios, desplazando de varias de sus posiciones a las FAPLA, que contaba entonces con medios de guerra inferiores. Posteriormente, se incorporó a la invasión la agrupación militar Foxbat, integrada solamente por fuerzas regulares del ejército sudafricano, con vehículos blindados AMLX-90, unidades de morteros y cañones pesados, la cual se instaló, con apoyo y suministro aéreo, en Silva Porto (hoy Bié), el cuartel general de Savimbi en el centro del país.

Ya habían desplazado a las FAPLA de Pereira de Eca (hoy N’Giva), Rocadas (Xangongo), Sá da Bandeira (Lubango) y Mocamedes (Namibe), el principal puerto del país.

Nuevos combates y victorias

La misión de las artilleras antiaéreas fue cuidar una cabeza de pista en el aeropuerto de Lubango y posteriormente, otro en el sur de Cama

Cientos de combates sostuvieron los inter- nacionalistas cubanos y las FAPLA contra los invasores. Para el 11 de diciembre, las tropas cubanas habían sufrido algunas decenas de bajas, entre ellas la del comandante Díaz Argüelles, que se encontraba a la vanguardia de la tropa. La guerra tomó otro rumbo desde el momento en que Cuba envió a nuestros combatientes sus propios medios de guerra. Con ello se lograba disminuir la superioridad en armamento con que contaban los sudafricanos, quienes se reabastecían desde sus fronteras y por la vía aérea con facilidad y rapidez.

Con la inteligencia de los jefes militares cubanos y angolanos y el coraje de los soldados de ambos países, la superioridad y prepotencia sudafricana quedó reducida a cenizas. Derrotados, el 27 de marzo de 1976, el último soldado sudafricano cruza el río Cunene hacia Namibia. El plan imperialista contra el pueblo angolano había fracasado.

Más tarde, el ministro de las FAR, general de ejército Raúl Castro, viaja a Angola y acuerda con la dirección del MPLA la retirada gradual de las tropas cubanas en un plazo de tres años. Se continuaría prestando ayuda en la reconstrucción e institucionalización del país, así como asesoramiento a las FAPLA para la neutralización de los pequeños focos de bandidos que aún subsistían en Cabinda (FLEC), norte (FNLA) y centro (UNITA).

Carlota ante nuevas batallas

Mirage sudafricano derribado en Menongue

En junio de 1976, Iraldo Feitó Pentón trabajaba como electricista en el Plan Porcino, en el municipio de Bauta, cuando aceptó cumplir voluntariamente una misión militar. Salió hacia Luanda por vía aérea como jefe de una escuadra de siete electricistas más, todos muy jóvenes. En Luanda se le encomendó atender las instalaciones eléctricas de ciertas instituciones estratégicas.

"Algo muy importante para nosotros –nos dice ahora, casi 30 años después–, fue enseñar el oficio a un grupo de angolanos, con quienes tuvimos relaciones muy buenas y amistosas en todo el tiempo que estuve en Luanda. Recuerdo a Kikito, siempre decía que los portugueses habían ido a explotarlos y humillarlos, mientras que nosotros luchábamos por ellos y los entrenábamos."

Aunque Iraldo y sus compañeros cumplían su misión como técnicos, siempre estaban dispuestos a tomar las armas, si era necesario. "Al producirse el intento de golpe de Estado contra el presidente Neto, el 27 de mayo de 1977, mi escuadra custodió con armas largas la Radio Nacional. Teníamos orden de no permitir a nadie entrar allí, donde se encontraba trabajando un pequeño grupo de angolanos que atendía las transmisiones."

Un tercio de nuestros soldados se había retirado del territorio angolano, cuando racistas sudafricanos el 4 de mayo de 1978 masacran a la población namibia en el campamento de refugiados en Cassinga, al sur del país.

La tropa internacionalista cubana, unos 20 mil hombres en esos momentos, ocupa el territorio incluido desde el Atlántico hasta la capital de la provincia suroriental de Cubango, fronteriza con Zambia y a unos 260 kilómetros de Namibia, ocupada por las fuerzas del apartheid.

Combatiente de las FAPLA listo para entrar en acción

Entre 1979 y 1982 se multiplican las violaciones sudafricanas del espacio aéreo angolano. Nuevamente se combate contra los invasores. En Cangamba, al sureste del país, las FAPLA con 82 asesores cubanos, a los que se sumaron posteriormente otros 100, en agosto de 1983, resisten ocho días el cerco y asalto de fuerzas superiores del enemigo que son derrotadas y tienen que desistir de atacar Luena, capital provincial de Moxico, donde la UNITA pretendía proclamar la República Negra del Sur de Angola.

En Cabinda siempre existía una posibilidad de agresión. "Rica en petróleo –nos explica el internacionalista cubano Oriol García González–, y por ello, muy codiciada por las potencias extranjeras, sobre todo por EE.UU. Nuestra misión era protegerla de una nueva invasión proveniente de Zaire. El FLEC hizo algunas escaramuzas menores contra los cubanos pero fue rechazado y finalmente quedó anulado militarmente."

Continúa diciendo Oriol: "En Zaire existía una base militar con belgas y otras fuerzas mercenarias extranjeras, que se preparaban con el ejército de allí y el FLEC para atacar Cabinda. En la frontera existía un campo de tiro donde constantemente estaban preparándose tropas zairenses, ellos tenían postas que no atendían y que se relacionaban con nosotros, incluso les llevábamos comida, pues eran muy mal atendidos. Estos soldados nos daban información en ocasiones."

"Nuestras unidades estaban acantonadas en las afueras de la ciudad y yo debía recorrerlas día y noche por el trabajo político que realizaba. En cualquier aldea, en el hospital, los angolanos eran amistosos con nosotros. Incluso en las aldeas vieron por primera vez el cine cuando lo llevamos nosotros y fueron atendidos por un médico por vez primera cuando llegaron los cubanos. Igual pasó con el fluido eléctrico, que no conocían."

Dos proezas

Piloto cubano cuando se disponía a cumplir una misión

Entre las numerosas acciones heroicas de nuestros soldados y cooperantes civiles, se cuenta el combate en Sumbe, capital de la provincia Kwanza Sur. En marzo de 1984 unos mil 500 fantoches de la UNITA atacaron la ciudad, donde se encontraban 230 cooperantes civiles cubanos, entre ellos 43 mujeres, quienes junto a poco más de 200 angolanos resistieron durante horas con gran coraje la embestida de un enemigo que gozaba de superioridad en armamento y efectivos.

Destacado papel desempeñó la aviación cubana que vino en ayuda de los defensores de Sumbe y les asestó fuertes golpes a los mercenarios de la UNITA, además de ejecutar misiones de exploración, evacuación de heridos y transporte de abastecimientos y tropas.

En noviembre de 1987, fuerzas sudafricanas y de la UNITA, utilizando gran cantidad de tanques, cañones G-5 y G-6 y numerosa aviación de combate, detienen y persiguen a una columna de las FAPLA en Mavinga y avanzan hacia Cuito Cuanavale. La ayuda militar de Cuba es nuevamente solicitada y el 15 de noviembre se acuerda el envío de nuevas fuerzas y medios. Después de varios combates con las FAPLA, el enemigo no puede lograr su objetivo. El 14 de febrero las tropas cubanas se enfrentan directamente a los sudafricanos, a quienes rechazan continuamente hasta que entre el 1ro y 23 de marzo son definitivamente derrotados los representantes del apartheid.

María de los Ángeles Morales es una de las tantas cubanas que cumplió misión en suelo angolano. Como artillera antiaérea, partió "junto con un grupo de 87 compañeras por vía aérea. En el aeropuerto fuimos despedidas por el Comandante en Jefe y la compañera Vilma Espín. Fidel habló de la misión a cumplir, y nos dio consejos y aliento".

María de los Ángeles Morales, una de las
 tantas cubanas
 que cumplió
misión en suelo angolano

Iraldo y sus compañeros cumplían misión como técnicos, siempre dispuestos a tomar las armas, si era necesario

Oriol García González
cumplió misión
 en el enclave
de Cabinda

Leonardo Sao Ravelo cumplió
 misión en la
última etapa
de la Operación Carlota

"La misión fue cuidar una cabeza de pista en el aeropuerto de Lubango y posteriormente, otro en el sur de Cahama. En el campamento solo había mujeres que se ocupaban de las actividades militares y de retaguardia. Aunque no fuimos atacadas, el Regimiento siempre estuvo en posición uno, listas para entrar en acción, ante informaciones que existían de posibles incursiones de la aviación sudafricana."

Leonardo Sao Ravelo cumplió misión en la última etapa de la Operación Carlota. "A mediados del mes de mayo del año 1988 le proponen ir a Angola a operar un equipo potabilizador de agua, cosa que acepto. Allí conformé un equipo junto con Marcos Valdés Chapotín, técnico en higiene; Osquel Pérez Pérez, chofer y el mecánico Armando Pavón."

"Nos destacan a la Agrupación de Tropas del Sur, subordinados a la 30 Brigada de Tanques en Cahama, muy cerca del aeropuerto construido por los cubanos. Luego se nos envió a dos caravanas con la 30 Brigada de Tanques, hasta Lubango. Estando allí nos incorporaron a otra Brigada de Tanques. Con esta nueva Brigada participamos en otra caravana de Lubango a Mocamedes, uno de los principales puertos de Angola."

Operación Victoria

La victoria de las tropas angolanas, cubanas y namibias en Cuito Cuanavale, obligó al gobierno de Sudáfrica a ir a la mesa de negociaciones y aceptar la independencia y soberanía de Angola, otorgar la de Namibia, a la vez que con ello desaparecía de la faz de la tierra el inhumano sistema del apartheid.

El decisivo combate en Cuito Cuanavale

"La noticia del regreso a Cuba –confiesa hoy María de los Ángeles–, nos sorprendió. Al llegar al aeropuerto en El Wajay la emoción fue indescriptible al vernos de nuevo entre nuestra gente, nuestro pueblo, nos estaban esperando el general de ejército Raúl Castro, la compañera Vilma Espín y otros miembros del Comité Central del Partido. En Loma Blanca el Comandante en Jefe Fidel Castro fue a saludarnos, se mostraba muy contento porque cumplimos la misión que él nos encomendó."

En Angola combatieron más de 300 mil soldados y oficiales de las FAR, el MININT y reservistas voluntarios. Cincuenta mil colaboradores civiles, entre ellos médicos y personal paramédico, los acompañaron. Entregaron sus vidas por la independencia y soberanía de África, dos mil 75 cubanos.

El 25 de mayo de 1991 llegaron a Cuba los últimos militares cubanos que quedaban en Angola. La misión había sido cumplida. La Operación Carlota brindó sobre el terreno la solidaridad internacionalista de nuestro pueblo a los hermanos angolanos, namibios, zim- babuenses y a toda África en su lucha por la libertad y contra el oprobioso sistema del apartheid.

Leonardo es, de los entrevistados, el único que ha regresado a Angola en este nuevo milenio. "Iba de tránsito hacia Sri Lanka con una brigada médico-epidemiológica a combatir los efectos del tsu nami... Vi un ambiente diferente, en Luanda se nota cierta prosperidad en la población, se está trabajando en el saneamiento de la ciudad. El cambio de lo que vimos durante la guerra me hizo convencerme de que valió la pena el sacrificio que hicimos, no solo por Angola, sino porque se logró también la independencia de Namibia y el fin del apartheid."

"Cuando yo me iba para Angola, mi padre me llamó aparte y me dijo: ‘Ve, y escribe tu historia...’ ¿Saben cuál es el sueño de mi vida? Volver a tener la oportunidad de otra misión internacionalista, como aquella."

(25 de noviembre de 2005)



     
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