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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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España 1936

Ni un paso atrás

A la península Ibérica, más allá del Atlántico, se fueron un millar de cubanos a luchar contra el fascismo

Por: PEDRO ANTONIO GARCÍA
cultura@bohemia.co.cu

(29 de junio de 2006)

Eran cubanos y vivían exiliados en España. A causa de sus actividades revolucionarias en la Isla o en busca de mejores horizontes. Los había miembros de la Joven Cuba, comunistas, estudiantes universitarios, artistas, estrellas del deporte… El 18 de julio de 1936, cuando los militares fascistas se sublevaron contra la república, ellos fueron nuestros primeros compatriotas en acudir en defensa del pueblo español.

Combatientes republicanos durante la Guerra Civil española
Muchos internacionalistas cubanos combatieron en las filas del Quinto Regimiento

"Tomamos desde el primer día las armas" -recordaría años después la destacada combatiente María Luisa Laffita. "Ellos llevaban fusiles, yo una pistola. El 19 de julio tendimos un cerco a los sublevados en los cuarteles de Madrid y al día siguiente iniciamos el ataque al de la Montaña."

Junto a María Luisa combatió su esposo, el también militante de Joven Cuba, Pedro Vizcaíno, quien testimonió a su vez: "Después de la toma del cuartel de la Montaña, nos enfrentamos a los fascistas en Buitrago y en el canal de Lozoya. Más tarde en Somosierra y en el caserío de Roblegordo, así como en la sierra de Guadarrama".

Los cubanos residentes en Barcelona se integraron también desde el primer día a las milicias antifascistas. Uno de ellos, el militante comunista Juan Botifoll, recibió la orden de comandar a un grupo de 11 catalanes y nueve cubanos. "Fuimos para la llamada Estación de Francia y cerca de esta tuvimos un enfrentamiento con un batería ese regimiento… Luego salimos todo el grupo en una columna por el frente de Aragón el día 21. Ese día recibimos la orden de incorporarnos a la columna comandada por Alberto Bayo, el militar y revolucionario español que años después entrenaría en México a Fidel y los expedicionarios del Granma."

Las brigadas internacionales

Para garantizar la victoria de los militares fascistas, la Alemania hitleriana y la Italia de Mussolini no solo enviaron a España aviones, tanques y armas de todo tipo, sino que además la reforzaron con más de cien mil soldados italianos y 50 mil alemanes, sin contar los 20 mil efectivos portugueses enviados por el dictador Oliveira Salazar y los 90 mil mercenarios marroquíes.

Entretanto, Inglaterra, Francia y EEUU, alegando una hipócrita neutralidad, se negaron a venderle pertrechos y mercancías a la España republicana. Solo los pueblos del mundo –y como excepción, los gobiernos de la Unión Soviética y México- ejercieron una real solidaridad con el pueblo español.

Policarpo Candón, el médico cubano Luis Díaz Soto y otros compañeros en el frente de Teruel

Policarpo Candón (al centro) con el médico cubano Luis Díaz Soto (extremo izquierda) y otros compañeros en el frente de Teruel

Ante la agresión fascista, el movimiento comunista mundial convocó a todos los hombres y mujeres del planeta a formar las Brigadas Internacionales, voluntarios "para combatir por la libertad de sus países sobre el suelo de España". Los revolucionarios cubanos respondieron rápidamente a este llamado.

Los exiliados en Estados Unidos, a través del club Julio Antonio Mella, de Harlem (Nueva York), conformaron un primer grupo de compatriotas (en total eran 125), integrados como la Centuria Guiteras. Comandados por el destacado revolucionario Rodolfo de Armas, partieron en el vapor Champlain, el 3 de enero de 1937, y ya en febrero combatían por la defensa de Madrid.

Al mismo tiempo, organizado por el combatiente comunista Ramón Nicolau, se preparó desde Cuba el envío de un contingente de internacionalistas hacia España. El 15 de abril de 1937 partió el primer destacamento. En total, unos 850 compatriotas se incorporaron a las Brigadas Internacionales por esa vía.

Tres héroes

Al teniente coronel Rodolfo de Armas, el legendario jefe de la Centuria Guiteras, le llamaban en La Habana Rodolfo trompá. Apelativo que ratificó en la jornada estudiantil del 30 de septiembre de 1930, cuando con solo 18 años, se batió a puñetazos con la policía de la tiranía machadista (1925-1933) junto a otros jóvenes universitarios, como Rafael Trejo, Pablo de la Torriente Brau y Pepelín Leyva. Las fuerzas del Asno con garras (el presidente Gerardo Machado) tuvieron que recurrir a las armas de fuego, pues ni con cabalgaduras ni con porras pudieron con esa muchachada.

Fundador de Ala Izquierda Estudiantil, militante de la Joven Cuba, participante activo de la huelga de marzo de 1935 contra el régimen de Fulgencio Batista (1952-1958) y el embajador yanqui Caffery, De Armas se ganó en España fama de jefe valiente, enérgico y exigente. "La Centuria Guiteras puede ser destruida, pero no se rinde", solía decir a sus hombres. "Recuerden muchachos, ni un paso atrás, caiga quien caiga." Y en el frente de Jarama, el 23 de febrero de 1937, defendiendo Madrid herido en una pierna, encabezó una acometida de su tropa hasta que una bala le destrozó la frente. Junto a él cayeron el tabaquero Guijarro y el ferroviario Pedro Hernández.

Alberto Sánchez, el comandante cubano
Alberto Sánchez, el comandante cubano

A Alberto Sánchez le llamaban los españoles El comandante cubano. También fue militante de la Joven Cuba y estuvo junto a Guiteras en El Morrillo, aunque pudo escapar al cerco de la soldadesca batistiana. Exiliado en España, se incorporó a las fuerzas republicanas desde el mismo 18 de julio de 1936. Estuvo entre los cubanos asaltantes al cuartel de la Montaña; luego, en el Quinto Regimiento, recibió el carné de militante del Partido Comunista Español y combatió en Lozoya, Somosierra, Cascones (donde lo ascendieron a capitán), Aravaca (ya como comandante), Alfambra (ya jefe de batallón), Pozoblanco (jefe de Brigada).

En la batalla de Brunete, del 6 al 25 de julio de 1937, lo hirieron de gravedad. Tras una ligera cura, retornó al campo de batalla. El 25 de julio, mientras arengaba a sus hombres en la primera línea de combate, una bomba le segó la vida.

Policarpo Candón comenzó de soldado el 18 de julio de 1936 y a fuerza de coraje llegó a ser comandante de brigada. "Mi primera labor de combatiente fue humilde: fabricar parapetos para atacar desde ellos el cuartel de la Montaña", solía decir. Con un fusil que le consiguió Moisés Raigorodsky (El rusito, como cariñosamente le llamaban en Cuba, militante del Ala Izquierda Estudiantil que cayó en España a finales de 1936) tomó parte en el asalto a la fortaleza. "Caído el cuartel –afirmaba Policarpo–, pedí a mis jefes salir afuera, batir a los fascistas (…) Salimos de Madrid solo diez hombres. Unidos a otro grupo reducido -juntos no pasábamos de veinte-, tomamos Somosierra contra un enemigo superior en número."

Luego vendrían Roblegordo, Buitrago, Gascones. Repetidos ascensos: capitán, comandante. Participó en la defensa de Madrid: jefe de batallón en Pinto, La Marañosa, Useras. Ya en el Quinto Regimiento, en Romanillos, detuvo el ataque faccioso. Derrotó a los fascistas en el frente de Jarama, Guadalajara, Brihuega. Lo hirieron en el pecho. Como jefe de brigada, combatió en Brunete, Quijorna. En Altos de Celada, el 26 de enero de 1938, cayó en combate. Muchos españoles lo consideran uno de los más bravos entre los internacionalistas cubanos. Pocos conocen que, en realidad, nació en Cádiz en 1905 y a los tres años lo llevaron a Cuba. Al principio era anarcosindicalista. Se destacó en la lucha contra el tirano Machado y fue evolucionando hacia el marxismo.

En España combatieron bajo sus órdenes el comandante González Lanuza; Basilio Cuerias, ex catcher del Club Marianao del béisbol cubano y capitán de ametralladoras del Quinto Regimiento; los músicos Julio Cuevas y Ernesto Grenet y Pablo de la Torriente Brau.

El comisario de guerra

Pablo de la Torriente Brau, el comisario de guerra

Pablo, el comisario de guerra

"Pablo era mi comisario político", afirmó Policarpo Candón en su testimonio para Juan Marinello y la revista Mediodía. "Era en verdad un hombre único. De un dinamismo, una energía que jamás se apartaban de la disciplina más estrecha (…) Incansable, se pasaba el día hablándole a la tropa, aclarándole cosas, dándole conferencias, comentándole películas revolucionarias."

La asonada fascista sorprendió al autor de Presidio Modelo en Nueva York. Logró que la revista neoyorquina New Masses y El machete, de México, le nombrasen corresponsal de guerra. A Ramiro Valdés Daussá le escribió el 4 de agosto de 1936: "En España se están aclarando hoy –¡y de qué manera!– nuestros propios problemas y trazándose el curso de nuestros días futuros y yo pienso estar allá. Es mi deber, mi oportunidad". Ocho días después, añadiría en otra misiva: "Como que voy con brújula, y pensando siempre en el problema de Cuba, estoy seguro de que voy a aumentar el caudal de mi experiencia en todo sentido".

Pablo llegó a España en los primeros días de septiembre, atravesando de barranco en barranco la escarpada y peligrosa frontera francesa. Pronto marchó al frente. Sostuvo con un cura falangista un duelo verbal en pleno campo de batalla, durante un momento de tregua. "El público, los milicianos de la Revolución española y los fascistas… Los aplausos, ráfagas de ametralladora", describió. Es el cronista, también, de la ciudad asediada: "La reacción de Madrid, ante el peligro, ha sido estupenda; en vez de amilanarse ante la amenaza, ha levantado la cabeza". Exigió ser un combatiente más y le designaron comisario de guerra.

"Descubrí un poeta en el batallón -escribió por aquellos días-, Miguel Hernández… Lo nombré jefe del departamento de Cultura, y estuvimos trabajando en los planes para publicar el periódico de la brigada…".

"Cuba era una obsesión para él -testimonió Policarpo Candón para Mediodía-, su gran obra; su mejor esfuerzo debía ser para su isla. Pero estimaba que era preciosa la gran experiencia de España. Si por él hubiera sido, todos los revolucionarios cubanos tendrían ya esa experiencia… ‘Todos, todos, debían estar aquí como tú y yo’, me decía muchas veces." Pablo cayó en combate el 19 de diciembre de 1936.

El regreso

Pedro Vizcaíno, el médico español Juan Planelles y María Luisa Laffita
De izquierda a derecha, Pedro Vizcaíno, el médico español Juan Planelles y María Luisa Laffita

A finales de septiembre de 1938, el gobierno republicano español decidió la retirada de las Brigadas Internacionales. Más de cinco mil voluntarios –de un total de 12 mil- pasaron la frontera francesa entre esa fecha y enero. La mayor parte de los cubanos fueron concentrados en Barcelona y la provincia aledaña de Gerona. Cuando comenzó la batalla de Cataluña (finales de diciembre de 1938) muchos de ellos se reincorporaron al ejército republicano, pero la superioridad de los fascistas (30 contra uno en aviones, 20 a uno en artillería, 10 contra uno en fusiles y armamentos) hacía imposible toda resistencia.

Junto con sus hermanos españoles y más de 400 mil civiles que huían de las represalias de los fascistas, nuestros compatriotas marcharon a territorio francés. Internados en campos de concentración, la "democrática" Francia los trató como peligrosos criminales.

En Cuba, la movilización popular obligó al sargento devenido general Batista y su títere de turno a viabilizar la repatriación de los internacionalistas. "El recibimiento fue sorprendente -narraría años después uno de aquellos combatientes, Mario Morales-, fue algo que no se puede olvidar jamás. El pueblo de La Habana se volcó hacia el Malecón y la gente alquilaba lanchas para recibir el barco mar afuera."

"La mayoría de los que luchamos contra el fascismo en España -aseguró María Luisa Laffita-, al regresar a la Patria continuamos la lucha revolucionaria. Muy pocos se apartaron del camino y abandonaron esas ideas."