Eran cubanos y vivían
exiliados en España. A causa de sus
actividades revolucionarias en la Isla o en
busca de mejores horizontes. Los había
miembros de la
Joven Cuba,
comunistas, estudiantes universitarios,
artistas, estrellas del deporte… El 18 de
julio de 1936, cuando los militares
fascistas se sublevaron contra la república,
ellos fueron nuestros primeros compatriotas
en acudir en defensa del pueblo español.
Muchos internacionalistas cubanos
combatieron en las filas del Quinto
Regimiento
"Tomamos desde el primer día
las armas" -recordaría años después la
destacada combatiente María Luisa Laffita.
"Ellos llevaban fusiles, yo una pistola. El
19 de julio tendimos un cerco a los
sublevados en los cuarteles de Madrid y al
día siguiente iniciamos el ataque al de la
Montaña."
Junto a María Luisa combatió
su esposo, el también militante de Joven
Cuba, Pedro Vizcaíno, quien testimonió a su
vez: "Después de la toma del cuartel de la
Montaña, nos enfrentamos a los fascistas en
Buitrago y en el canal de Lozoya. Más tarde
en Somosierra y en el caserío de Roblegordo,
así como en la sierra de Guadarrama".
Los cubanos residentes en
Barcelona se integraron también desde el
primer día a las milicias antifascistas. Uno
de ellos, el militante comunista Juan
Botifoll, recibió la orden de comandar a un
grupo de 11 catalanes y nueve cubanos.
"Fuimos para la llamada Estación de Francia
y cerca de esta tuvimos un enfrentamiento
con un batería ese regimiento… Luego salimos
todo el grupo en una columna por el frente
de Aragón el día 21. Ese día recibimos la
orden de incorporarnos a la columna
comandada por Alberto Bayo, el militar y
revolucionario español que años después
entrenaría en México a Fidel y los
expedicionarios del
Para garantizar la victoria
de los militares fascistas, la Alemania
hitleriana y la Italia de Mussolini no solo
enviaron a España aviones, tanques y armas
de todo tipo, sino que además la reforzaron
con más de cien mil soldados italianos y 50
mil alemanes, sin contar los 20 mil
efectivos portugueses enviados por el
dictador Oliveira Salazar y los 90 mil
mercenarios marroquíes.
Entretanto, Inglaterra,
Francia y EEUU, alegando una hipócrita
neutralidad, se negaron a venderle
pertrechos y mercancías a la España
republicana. Solo los pueblos del mundo –y
como excepción, los gobiernos de la Unión
Soviética y México- ejercieron una real
solidaridad con el pueblo español.
Policarpo Candón (al
centro) con el médico cubano Luis Díaz Soto
(extremo izquierda) y otros compañeros en el
frente de Teruel
Ante la agresión fascista,
el movimiento comunista mundial convocó a
todos los hombres y mujeres del planeta a
formar las Brigadas Internacionales,
voluntarios "para combatir por la libertad
de sus países sobre el suelo de España". Los
revolucionarios cubanos respondieron
rápidamente a este llamado.
Los exiliados en Estados
Unidos, a través del club Julio Antonio
Mella, de Harlem (Nueva York), conformaron
un primer grupo de compatriotas (en total
eran 125), integrados como la Centuria
Guiteras. Comandados por el destacado
revolucionario Rodolfo de Armas, partieron
en el vapor Champlain, el 3 de enero
de 1937, y ya en febrero combatían por la
defensa de Madrid.
Al mismo tiempo, organizado
por el combatiente comunista Ramón Nicolau,
se preparó desde Cuba el envío de un
contingente de internacionalistas hacia
España. El 15 de abril de 1937 partió el
primer destacamento. En total, unos 850
compatriotas se incorporaron a las Brigadas
Internacionales por esa vía.
Tres héroes
Al teniente coronel Rodolfo
de Armas, el legendario jefe de la
Centuria Guiteras, le llamaban en La
Habana Rodolfo trompá. Apelativo que
ratificó en la jornada estudiantil del 30 de
septiembre de 1930, cuando con solo 18 años,
se batió a puñetazos con la policía
de la tiranía machadista
(1925-1933)
junto a otros
jóvenes universitarios, como Rafael Trejo,
Pablo de la Torriente Brau
y Pepelín
Leyva. Las fuerzas del Asno con garras
(el presidente Gerardo Machado) tuvieron
que recurrir a las armas de fuego, pues ni
con cabalgaduras ni con porras pudieron con
esa muchachada.
Fundador de
Ala Izquierda Estudiantil,
militante de la Joven Cuba, participante
activo de la huelga de marzo de 1935 contra
el régimen de Fulgencio Batista (1952-1958)
y el embajador
yanqui Caffery, De Armas se ganó en España
fama de jefe valiente, enérgico y exigente.
"La Centuria Guiteras puede ser
destruida, pero no se rinde", solía decir a
sus hombres. "Recuerden muchachos, ni un
paso atrás, caiga quien caiga." Y en el
frente de Jarama, el 23 de febrero de 1937,
defendiendo Madrid herido en una pierna,
encabezó una acometida de su tropa hasta que
una bala le destrozó la frente. Junto a él
cayeron el tabaquero Guijarro y el
ferroviario Pedro Hernández.
Alberto Sánchez, el comandante cubano
A Alberto Sánchez le
llamaban los españoles El comandante
cubano. También fue militante de la
Joven Cuba y estuvo junto a
Guiteras
en El
Morrillo, aunque pudo escapar al cerco
de la soldadesca batistiana. Exiliado en
España, se incorporó a las fuerzas
republicanas desde el mismo 18 de julio de
1936. Estuvo entre los cubanos asaltantes al
cuartel de la Montaña; luego, en el Quinto
Regimiento, recibió el carné de militante
del Partido Comunista Español y combatió en
Lozoya, Somosierra, Cascones (donde lo
ascendieron a capitán), Aravaca (ya como
comandante), Alfambra (ya jefe de batallón),
Pozoblanco (jefe de Brigada).
En la batalla de Brunete,
del 6 al 25 de julio de 1937, lo hirieron de
gravedad. Tras una ligera cura, retornó al
campo de batalla. El 25 de julio, mientras
arengaba a sus hombres en la primera línea
de combate, una bomba le segó la vida.
Policarpo Candón comenzó de
soldado el 18 de julio de 1936 y a fuerza de
coraje llegó a ser comandante de brigada.
"Mi primera labor de combatiente fue
humilde: fabricar parapetos para atacar
desde ellos el cuartel de la Montaña", solía
decir. Con un fusil que le consiguió Moisés
Raigorodsky (El rusito, como cariñosamente
le llamaban en Cuba, militante del Ala
Izquierda Estudiantil que cayó en España a
finales de 1936) tomó parte en el asalto a
la fortaleza. "Caído el cuartel –afirmaba
Policarpo–, pedí a mis jefes salir afuera,
batir a los fascistas (…) Salimos de Madrid
solo diez hombres. Unidos a otro grupo
reducido -juntos no pasábamos de veinte-,
tomamos Somosierra contra un enemigo
superior en número."
Luego vendrían Roblegordo,
Buitrago, Gascones. Repetidos ascensos:
capitán, comandante. Participó en la defensa
de Madrid: jefe de batallón en Pinto, La
Marañosa, Useras. Ya en el Quinto
Regimiento, en Romanillos, detuvo el ataque
faccioso. Derrotó a los fascistas en el
frente de Jarama, Guadalajara, Brihuega. Lo
hirieron en el pecho. Como jefe de brigada,
combatió en Brunete, Quijorna. En Altos de
Celada, el 26 de enero de 1938, cayó en
combate. Muchos españoles lo consideran uno
de los más bravos
entre los internacionalistas cubanos. Pocos
conocen que, en realidad, nació en Cádiz en
1905 y a los tres años lo llevaron a Cuba.
Al principio era anarcosindicalista. Se
destacó en la lucha contra el tirano Machado
y fue evolucionando hacia el marxismo.
En España combatieron bajo
sus órdenes el comandante González Lanuza;
Basilio Cuerias, ex catcher del Club Marianao del béisbol cubano y capitán de
ametralladoras del Quinto Regimiento; los
músicos Julio Cuevas y Ernesto Grenet y
Pablo de la Torriente Brau.
El comisario de guerra
Pablo, el comisario de guerra
"Pablo era mi comisario
político", afirmó Policarpo Candón en su
testimonio para
Juan Marinello
y la revista Mediodía. "Era en verdad
un hombre único. De un dinamismo, una
energía que jamás se apartaban de la
disciplina más estrecha (…) Incansable, se
pasaba el día hablándole a la tropa,
aclarándole cosas, dándole conferencias,
comentándole películas revolucionarias."
La asonada fascista
sorprendió al autor de Presidio Modelo
en Nueva York. Logró que la revista
neoyorquina New Masses y El
machete, de México, le nombrasen
corresponsal de guerra. A Ramiro Valdés Daussá
le escribió el
4 de agosto de 1936: "En España se están
aclarando hoy –¡y de qué manera!– nuestros
propios problemas y trazándose el curso de
nuestros días futuros y yo pienso estar
allá. Es mi deber, mi oportunidad". Ocho
días después, añadiría en otra misiva: "Como
que voy con brújula, y pensando siempre en
el problema de Cuba, estoy seguro de que voy
a aumentar el caudal de mi experiencia en
todo sentido".
Pablo llegó a España en los
primeros días de septiembre, atravesando de
barranco en barranco la escarpada y
peligrosa frontera francesa. Pronto marchó
al frente. Sostuvo con un cura falangista un
duelo verbal en pleno campo de batalla,
durante un momento de tregua. "El
público, los milicianos de la Revolución
española y los fascistas… Los aplausos,
ráfagas de ametralladora", describió. Es
el cronista, también, de la ciudad asediada:
"La reacción de Madrid, ante el peligro,
ha sido estupenda; en vez de amilanarse ante
la amenaza, ha levantado la cabeza".
Exigió ser un combatiente más y le
designaron comisario de guerra.
"Descubrí un poeta en el
batallón -escribió por aquellos días-,
Miguel Hernández… Lo nombré jefe del
departamento de Cultura, y estuvimos
trabajando en los planes para publicar el
periódico de la brigada…".
"Cuba era una obsesión para
él -testimonió Policarpo Candón para
Mediodía-, su gran obra; su mejor esfuerzo
debía ser para su isla. Pero estimaba que
era preciosa la gran experiencia de España.
Si por él hubiera sido, todos los
revolucionarios cubanos tendrían ya esa
experiencia… ‘Todos, todos, debían estar
aquí como tú y yo’, me decía muchas veces."
Pablo cayó en combate el 19 de diciembre de
1936.
El regreso
De izquierda a derecha, Pedro Vizcaíno,
el médico español Juan Planelles y María Luisa Laffita
A finales de septiembre de
1938, el gobierno republicano español
decidió la retirada de las Brigadas
Internacionales. Más de cinco mil
voluntarios –de un total de 12 mil- pasaron
la frontera francesa entre esa fecha y
enero. La mayor parte de los cubanos fueron
concentrados en Barcelona y la provincia
aledaña de Gerona. Cuando comenzó la batalla
de Cataluña (finales de diciembre de 1938)
muchos de ellos se reincorporaron al
ejército republicano, pero la superioridad
de los fascistas (30 contra uno en aviones,
20 a uno en artillería, 10 contra uno en
fusiles y armamentos) hacía imposible toda
resistencia.
Junto con sus hermanos
españoles y más de 400 mil civiles que huían
de las represalias de los fascistas,
nuestros compatriotas marcharon a territorio
francés. Internados en campos de
concentración, la "democrática" Francia los
trató como peligrosos criminales.
En Cuba, la movilización
popular obligó al sargento devenido general
Batista y su títere de turno a viabilizar la
repatriación de los internacionalistas. "El
recibimiento fue sorprendente -narraría años
después uno de aquellos combatientes, Mario
Morales-, fue algo que no se puede olvidar
jamás. El pueblo de La Habana se volcó hacia
el Malecón y la gente alquilaba lanchas para
recibir el barco mar afuera."
"La mayoría de los que
luchamos contra el fascismo en España
-aseguró María Luisa Laffita-, al regresar a
la Patria continuamos la lucha
revolucionaria. Muy pocos se apartaron del
camino y abandonaron esas ideas."