Los halcones sionistas
juegan a la ironía, al sarcasmo más bien:
han bautizado como Lluvia de Verano
al arremolinado fuego infernal -¿qué otra
cosa es la pólvora?- prodigado sobre Gaza
dizque para salvar al soldado Ryan… perdón:
quise decir al cabo Gilad Shalit,
secuestrado por un comando de la resistencia
islámica que demanda el cese de la
represión, de los asesinatos selectivos de
sus dirigentes, y el canje de la libertad
del apresado por la de miles de hombres,
mujeres y niños retenidos en las cárceles
del régimen de Tel Aviv.
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El
ministerio palestino del Interior fue de
los primeros objetivos sionistas |
Según testigos presenciales,
la madrugada del 29 de junio se desataron no
precisamente unos goterones –si
verdaderamente lloviera así, el Oriente
Medio sería un vergel-, sino un largo
rosario de bombardeos contra objetivos
civiles –tres puentes estratégicos y una
central eléctrica resultaban "anegados"
desde el principio- que, desprovistos de la
mínima significación militar, entrañan
señalada importancia para la existencia
cotidiana del cerca de millón y medio de
personas hacinadas en el estrecho marco de
365 kilómetros cuadrados, muchas de las
cuales quedaban a oscuras y afrontando sin
los paliativos de la modernidad el intenso
calor de esa zona geográfica.
Pero la "lluvia" no fue
local. Ensañada también en sitios tales como
las sedes del Ministerio del Interior y de
la Cancillería, en son de diluvio "bíblico"
se extendió a Cisjordania –allí había que
vengar la muerte de un colono apresado-,
donde incluyó en sus primeros momentos el
arresto de 64 personalidades de Hamas- entre
ellas, ocho ministros (¡un tercio del
ejecutivo!) y 24 diputados y alcaldes-, algo
que, como apuntara un colega, descabeza
políticamente a la agrupación ganadora de
las elecciones de enero, deja de facto a la
Autoridad Nacional Palestina (ANP) sin
Gobierno e inhabilita al parlamento elegido
democráticamente. ¿Con qué fin?
A estas alturas, no hay que
pecar precisamente de suspicaz para afirmar
que la liberación de Shalit no pasa de
pretexto, que tras la "torrencial
precipitación estival" gravita la decisión
de derrocar un gabinete que no se desea como
contraparte de negociación alguna, porque,
¿quién puede ocultar que Tel Aviv se niega a
abandonar los territorios usurpados en junio
de 1967, durante la Guerra de los Seis Días?
Un conocido comentarista
aseveraba que la exclusión unilateral de
Israel de la Franja de Gaza -equivalente a
menos del dos por ciento de la Palestina
histórica-, llevada a efecto en septiembre
de 2005, tras 38 años de ocupación, es toda
una farsa, "la trampa que el ex primer
ministro Ariel Sharon le tendió a la
comunidad internacional para tratar de
convencerla de sus intenciones de paz". Y el
comentarista llevaba razón: la agresión
ordenada por el actual premier, Ehud Olmert,
no tiene viso de coyuntural; es continuidad
de la política en aras de exterminar a la
población local e implantar la férula judía
para siempre.
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La
respuesta de los pobres frente al terror
de los poderosos |
Insistamos: ¿alguien de
buena fe intentará negar que la evacuación
de los 21 asentamientos de colonos en Gaza
no le sirvieron al viejo gerifalte de
mampara con que cubrir la permanencia en los
más de 200 levantados en Cisjordania y
Jerusalén Oriental? Aunque, hablando en
buena y añeja plata, Israel nunca se ha
retirado de la Franja, donde se mantiene no
precisamente como convidado de piedra, sino
a la manera de comensal de un banquete que
se regala mediante el control del espacio
aéreo, el territorial y el marítimo, así
como del paso de mercancías y del tránsito
de palestinos. Gaza, cual enorme prisión,
con más del 60 por ciento de los
"parroquianos" (mal)viviendo en la pobreza.
Discípulo aventajado
Nada tiene que envidiarle a
su predecesor. Desde que asumió el poder,
gracias al accidente cerebrovascular que
encadenó a Sharon al coma, Ehud Olmert se ha
ceñido con "envidiable" celo a la línea
sharoniana de pensamiento y acción, y ha
hecho galas de la misma inteligencia con que
aquel solía velar sus fines. Sí, el
publicitado rescate del cabo, cuya cara
ingenua, adolescente, enmarcada por unas
gafas enormes, aparece multiplicada en la
prensa occidental, intenta camuflar los
verdaderos objetivos.
¿Cuáles? Pues conminar a
nuevas elecciones, sin la "entrometida" y
rebelde, la "inflexible" Hamas, poseedora de
la mayoría absoluta en el parlamento
palestino. De paso, opina el analista cubano
Eduardo Dimas, podría evitarse el referéndum
convocado por el presidente de la ANP,
Mahmud Abbas, en el cual se pediría el voto
a favor o en contra de la creación de un
Estado Palestino en Gaza, Cisjordania y
Jerusalén Oriental, al tiempo que el
reconocimiento manifiesto de la existencia
del Estado de Israel. "El tercero podría
ser, ¿quién sabe?, acabar con la Autoridad
Nacional Palestina" (sin interlocutores,
acotamos, se trazarían al gusto sionista las
fronteras de Israel, del Gran Israel). Y, el
cuarto, crear una situación humanitaria –de
hecho ya se ha creado- que obligue a la
mayor parte de los residentes en Gaza a
abandonar el territorio hacia otros países,
y solo dejar un mínimo, "como mano de obra
barata, y sin posibilidad alguna de
gobernarse".
No en balde mientras parecía
que se esforzaba en el fortalecimiento de la
imagen del "moderado" presidente Abbas, en
detrimento de la del "radical" primer
ministro Ismael Haniye, mediante el trato
directo con el primero y la supresión de
todo roce con el segundo, Olmert sostuvo su
"programa de arreglo unilateral, basado en
la creación de fronteras arbitrarias muy por
debajo de las demandas de los palestinos y
de las del llamado plan de los prisioneros,
basado en el arreglo de paz por territorios
y con los bordes limítrofes anteriores a la
guerra de junio de 1967", tal resume una
nota de Prensa Latina.
¡Casualidad de
casualidades!: la agresión actual coincide
con la firma de la declaración común de
todas las organizaciones palestinas, salvo
la Yihad Islámica, sobre el establecimiento
de un Estado independiente para esa nación,
lo que implicaría la convivencia con Israel
y eliminaría la enarbolada advertencia de
que "pretenden echarnos al mar, sacarnos de
nuestra bíblica tierra". Algo que de nuevo
vendría a ser "lluvia". Porque de llover
sobre mojado se trata. Recordemos que en
2002, con el subterfugio de un atentado
kamikaze, el inefable Sharon respondió con
una ofensiva general contra los territorios
ocupados al plan de la Cumbre Árabe de
Beirut, que estipulaba el reconocimiento del
Estado israelí a cambio de la creación de
uno palestino.
Y, por favor, que no se
obceque nadie en explicar la "lluvia" sobre
Gaza como reacción al secuestro. De sobra se
conoce, si bien aspiran a opacarlo, que
Israel ha ejecutado en varias ocasiones
trueque de prisioneros, como reclaman hoy
quienes retienen al cabo Galid. Tal rememora
el periodista Alan Gresh, en Le Monde
Diplomatique, Tel Aviv liberó en 1985
nada menos que mil 150 prisioneros con
vistas a recuperar tres de sus soldados,
capturados por el Frente Popular de
Liberación de Palestina, Comando General
(FPLP-CG). "En 2004, en el marco de un
acuerdo similar con el Hezbollah libanés,
intercambió 400 detenidos palestinos por un
coronel israelí y los cuerpos de tres
soldados muertos". ¿No resultaría más
factible obtener la liberación de Galid
Shalit por medio de conversaciones, en lugar
de lanzar ataques que puedan conducir a la
muerte del rehén?
En honor a la más estricta
verdad, ¿era menester tal despliegue de
tropas y vehículos de combate para rescatar
a Ryan… perdón, a Galid? ¿No disimulará esta
operación de corte "humanitario" el ansia de
acabar con los incontrolados disparos de
misiles Qassam, de fabricación artesanal,
Israel adentro, por ejemplo?
Esperemos que, al menos,
caigan por su propio peso las tentativas de
Falsimedia (los grandes medios de prensa)
por representar al Gobierno israelí como
benévolo y deseoso de paz, a pesar de su
extremosa extrema derecha. Y se comprenda
que, como aclara Higinio Polo en la
publicación digital El Viejo Topo, el
terrorismo de Hamas y la Yihad, terrorismo
de pobres, con suicidas cargados de
cinturones de explosivos, si bien no resulta
justificable –a diferencia de los
islamistas, numerosas organizaciones no
atacan nunca a la población civil-, es
efecto, que no causa. Las causas primeras
son la ocupación ilegal de territorios
arrebatados a sus genuinos dueños y el
consiguiente terrorismo de ricos, de cañones
contra piedras, que se gastan los sionistas,
terrorismo muchas veces silenciado por
hipócritas ceñudos como el Gobierno de USA,
que rehúsa –y valga la cacofonía- condenar
el acoso y la matanza en Gaza y Cisjordania.
Y llama "lluvia de verano", salvamento un
tanto desmedido -eso sí-, a lo que otros,
honestos, no dudan en calificar de
genocidio.