Quizá
muchos oyeron o leyeron sobre las
actuaciones de esta morena jamaicana –hace
cuatro años con pasaporte de Eslovenia-,
quien a lo largo de siete ediciones de los
Juegos Olímpicos , desde Moscú (1980) hasta
Atenas, Grecia (2004), exhibió clase por
arrobas al alcanzar resultados
sobresalientes junto a las mejores
velocistas del orbe.
La extensa hoja de servicios
de Merlene Ottey no encuentra precedentes en
los anales de la disciplina del campo y la
pista en cualquier sexo. A la apuntada
durabilidad debemos adicionar que siempre
sus actuaciones revelaron la más completa
entrega en cada competencia, lo cual
constituye un verdadero ejemplo de
dedicación.
Conforme a las
investigaciones científicas más autorizadas,
entre las facultades físicas humanas
–velocidad, resistencia, fuerza y
tolerancia-, la primera es posible
alcanzarla desde las edades escolares y
comienza a perderse al frisar los 40, cuando
se trata de atletas entrenados en el alto
rendimiento.
Superada con creces la
referida probabilidad, Merlene Ottey aún
reta dichos patrones y acaba de demostrarlo
el pasado 8 de agosto, en la ciudad sueca de
Gotemburgo, donde detuvo los cronómetros
electrónicos en 11,41 segundos al recorrer
los 100 metros planos durante las
eliminatorias y clasificó para las
semifinales del certamen europeo.
Al siguiente día marcó 11,44
y aunque no pudo avanzar a la final, el
extraordinario esfuerzo mereció la cerrada
ovación del público presente en el estadio.
Según destacaron los especialistas
presentes, realizó la mejor salida de las
ocho competidoras incluidas en el heat, pero
le faltó mantener la velocidad desarrollada
en los momentos de mayor esplendor.
Fue superada por la
británica Joyce Maduaka (11,24), 13 años
menor, y la belarusa Yelena Neumerzhistkaya
(11,28), un par de décadas más joven. Vale
apuntar que también corrió la maltesa Diane
Borg (12,42), nacida en 1991, año en el cual
ya Ottey acumulaba tres participaciones en
citas cuatrienales olímpicas: Moscú (1980),
Los Ángeles, Estados Unidos (1984), y Seúl,
Corea del Sur (1988).
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A la edad de 46 años corrió en la
ciudad sueca de Gotemburgo
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A propósito de lo ocurrido
en dicha prueba, la quinceañera Borg señaló:
"Fue muy emocionante competir contra una
leyenda como Merlene" y, en realidad, la
chica no exageró en la descripción de lo
acontecido en contados segundos.
La historia de Merlene Ottey
recoge impresionantes hitos dentro de las
pistas, pues al reciente registro mundial
para mujeres mayores de 45 años (11,41) y
los indiscutibles triunfos en infinidad de
certámenes, su historial atlético aparece
cuajado de hechos inolvidables.
Uno de ellos pertenece al
ciclo olímpico (1993-1996), previo a los
Juegos de Atlanta, Estados Unidos, y la
vinculan a la carrera en el hectómetro
contra la estadounidense Gail Devers. En el
torneo mundialista de Stuttgart, Alemania
(1993), Devers (10,81) y Ottey (10,82)
protagonizaron en los 100 metros planos una
de las pruebas más cerradas de todos los
tiempos.
Sin embargo, lo ocurrido
tres años después en la sede olímpica superó
el límite de lo imaginable, cuando ambas
detuvieron los cronómetros electrónicos con
similar tiempo de 10,94 y el foto-finish
definió que Gail Devers volviera a subir a
lo más alto del podio de premiaciones.
Con anterioridad el nombre
de la Ottey estuvo asociado al de otra
velocista norteña, Florence Griffith-Joyner,
capaz de fijar primado universal (21,34) en
el compromiso cuatrienal de la capital
surcoreana, marca aún vigente. Allí la Ottey
(21,94) llegó cuarta, antecedida por la
también jamaicana Grace Jackson (21,72) y la
alemana Heike Drechsler (21,85).
Merlene Ottey en síntesis
La esbelta veterana nació en
la localidad jamaicana de Cold Spring, el 10
de mayo de 1960, y desde la escuela
secundaria empezó a sentir el gusanillo
olímpico. Durante los Juegos de Montreal,
Canadá (1976), mientras escuchaba la radio,
conoció la noticia del triunfo de su
compatriota Donald Quarrie en los 200 metros
planos (20,22).
Entonces, quiso saber qué
eran esas competencias y decidió ser
corredora. Cuatro años después encontró la
deseada respuesta al conseguir la medalla
bronceada en la misma distancia de Moscú al
detener los cronómetros en 22,20, antecedida
por la alemana Barbel Wockel (22,03) y la
rusa Natalia Bochina (22,19).
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El foto-finish concedió la victoria
a Gail Devers |
El ciclo
competitivo (1981-1984) resultó la verdadera
consagración en el escenario mundial, pues
en Los Ángeles alcanzó par de medallas
bronceadas en 100 (11,16) y 200 (22,09),
resultados de rangos sobresalientes, sobre
todo en el hectómetro, porque la ganadora
Evelyn Ashford (EUA) corrió por primera vez
la distancia en menos de 11 segundos exactos
(10,97).
Lo sucedido en Seúl fue
mencionado en párrafos anteriores. En
Barcelona (1992) tampoco ganó y solo logró
el consuelo de otro bronce en 200 metros. Su
presencia en Atlanta mereció el calificativo
de sorprendente por tratarse de la quinta
oportunidad consecutiva en avanzar a finales
de las citas olímpicas.
A la edad de 36 años, obtuvo
el mejor balance con sendos metales
plateados y un bronce (relevo 4 x 100). El
codiciado título se le escapó en los 100
metros por una nariz. Persistente a toda
prueba, volvió a presentarse al ruedo en
Sydney (2000) y cerró el relevo jamaicano
con tiempo de 42,13, válido para sumar una
segunda plata.
El tiempo pasa… como dijo el
cantor y ya el compromiso de Atenas resultó
un objetivo extremo frente a la longevidad
atlética. Una seria contractura muscular le
impidió concluir la semifinal de los 200
metros, pero dejó establecida nada menos que
52 carreras olímpicas disputadas.
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Primera carrera en el Viejo
Continente (1980) |
La bella Merlene conserva,
pese al inevitable "peso" de los años, el
elegante porte y la imagen felina del
comienzo, aunque fuera de los escenarios
competitivos su vida tampoco estuvo exenta
de contratiempos.
Cumplidos estudios
universitarios en los Estados Unidos
contrajo nupcias con el vallista local Nat
Page, tras el divorcio marchó a Italia y se
casó con el velocista Stefano Tilli, de
quien también se separó. En 1998 conoció al
entrenador esloveno Srdjan Djorjevic y
trasladó los matules hacia Liubliana, la
capital eslovena.
Al comentar esa última
decisión declaró: "Estoy muy enamorada de
Srdjan y él me ayuda a mantenerme en plena
actividad. Además, en Liubliana vivo en
completa tranquilidad. Solo aspiro a
entrenar diario para asistir a Beijing antes
de cumplir los 50".
¿Lo conseguirá? De momento,
amigo
cibernauta, lo dejo con la tabla de sus
mejores resultados.