Cuando el clérigo francés
Abbé Didon propuso a su amigo Pierre de
Fredy, también conocido como Barón de
Coubertin, la frase Citius, Altius,
Fortius (más rápido, más alto, más
fuerte) marcó una eterna realidad para el
quehacer competitivo de los seres humanos,
en franca lucha contra los cronómetros, las
cintas métricas y las básculas.
Corrían los primeros meses
del año 1896 y en Atenas, Coubertin buscaba
a toda costa la resurrección del sistema
atlético de los griegos en la antigüedad,
con el apoyo de la casa real helénica,
especialmente del príncipe heredero
Constantino, y otros ciudadanos de sólidos
recursos financieros, entre ellos Georgios
Averoff, Evangelios Zapas, y Demetrius
Vikelas, este último elegido el primer
presidente del Comité Olímpico Internacional
(COI).
Las carreras en las pistas
-incluidos los 100 metros planos y la
maratón-, los lanzamientos y los saltos en
el campo, la ruta individual en el ciclismo,
las pruebas de florete y de sable individual
en la esgrima, los ejercicios en la
gimnasia, la lucha en la modalidad
grecorromana, los 100 metros libres en la
natación, el tenis de campo, el tiro
deportivo y el levantamiento de pesas,
entonces denominadas halteras, conformaron
el discreto calendario.
El capítulo reservado a la
halterofilia encontró las mayores
dificultades en cuanto a las posibilidades
de desarrollo, sobre todo porque la primera
competencia resultó sin límite de peso y los
seis participantes realizaron ejercicios,
con una y dos manos. Las victorias
respectivas correspondieron al británico
Launceston Elliot (alzó 71 kilogramos) y el
danés Viggo Jensen (111.5).
Tal circunstancia, según los
historiadores, puso en evidencia que se
trató de una discreta réplica de los
espectáculos circenses, cuya intención
consistía en atraer espectadores. Algo
similar ocurrió cuatro años más tarde en
París (1900) y en posteriores ediciones,
razón por la cual el verdadero
reconocimiento demoró hasta el compromiso
olímpico de Ámsterdam, Holanda (1928), donde
intervinieron 87 atletas en cinco
divisiones, distribuidos de la manera
siguiente: 64 kilogramos (14), 70 (18), 76
(23), 83 (15) y más de 110 (17).
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El
matancero Sergio Álvarez conquistó una
medalla de oro en Quisqueya |
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En la actualidad, la
Federación Internacional de Levantamiento de
Pesas (IWF, siglas en inglés), fundada en
1905, tiene 167 países afiliados y acaba de
celebrar en Santo Domingo, República
Dominicana, el 75 Campeonato Mundial con la
presencia de 569 participantes (333 hombres
y 236 mujeres) procedentes de 75 naciones.
Por cierto, el primero de
esos torneos entre forzudos lo celebraron en
Londres, Inglaterra (1891), e intervinieron
siete atletas europeos, o sea, que las
confrontaciones del orbe fueron anteriores a
los Juegos Olímpicos.
Durante 115 años de
existencia, el crecimiento de la disciplina
puede considerarse sobresaliente, tanto en
lo tocante al esfuerzo físico como de los
implementos (barras y disco) conjugado con
la constante evolución de las técnicas
aplicadas, aunque no podemos olvidar que en
las últimas dos décadas el fantasma del
doping provocó varios escándalos, causantes
de descalificaciones y serias amenazas del
COI para retirar la halterofilia del
programa.
Tampoco es posible pasar por
alto la supresión, a partir de los Juegos
Olímpicos de Montreal, Canadá (1976), del
ejercicio llamado press (fuerza),
luego de demostrarse, a través de estudios
científicos, que la abrupta ejecución
causaba serias lesiones en la columna
vertebral de los atletas.
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Frederick Winters
(EUA), titular en San Luis
(1904) |
Otro aspecto importante a
destacar es la participación femenina en
certámenes del orbe desde Daytona Beach, la
Florida (1987), y en las competencias
olímpicas en Sydney, Australia (2000), donde
las damas sorprendieron a los escépticos con
colosales faenas en siete divisiones.
Cubanos en la plataforma
Los resultados del
compromiso mundial, en Gettysburg, Estados
Unidos (1978), y del torneo olímpico de
Moscú, Unión Soviética (1980), dictaron
pautas en las actuaciones de los pesistas
del patio en la arena internacional,
fundamentalmente durante una década
caracterizada por el notable rendimiento de
hombres con registros capaces de colocar par
de veces al seleccionado en el podio de
premiaciones: segundo lugar por países en
territorio estadounidense y tercero en la
capital moscovita.
Sin lugar a las dudas, el
más destacado de todos fue el santiaguero
Daniel Núñez, ganador de dos títulos en los
56 kilogramos (arranque 117,5 y total 260,
así como la plata del envión142,5) en
Gettysburg, para dos años después establecer
marcas mundiales en arranque y acumulado
(125-275 y envión de 150) en Moscú. Cabe
apuntar que en los Juegos Olímpicos las
medallas del levantamiento de pesas son
otorgadas a la suma de los dos ejercicios.
La idea más exacta de la
hazaña protagonizada por Núñez quedó
planteada al sacarle 12,5 kilogramos en
arranque al anfitrión Yuri Sarkisyan,
ocupante de la segunda posición (112,5-
157,5-270), también recordista universal del
envión. Otro definitivo elemento en la
victoria lo constituyó el incremento del
total de 260 a 275 kilogramos, apenas en un
año.
En la década de 1990, Cuba
volvió a presentar otro competidor
excepcional, el villaclareño Pablo Lara,
conquistador del metal plateado en la
división de los 75 kilogramos (155- 202,5-
357,5), Barcelona, España (1992), registro
similar al moldavo Fedor Kassapu, quien
alcanzó el máximo galardón por menos peso
corporal.
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Los chinos dominan en la actualidad el
panorama mundial |
Aunque Kassapu no asistió a
la confrontación de Atlanta, Estados Unidos
(1996), Pablo tomó desquite en el nuevo
límite de 76 kg (367,5), para aventajar al
búlgaro Yoto Yotov (360) y al representante
de la República Popular Democrática de
Corea, Jon-Ho Chol (357,5). Paren de contar,
porque de Sydney y Atenas los muchachos
regresaron a casa con las manos vacías.
Transcurridos diez años
exactos del último éxito de envergadura, la
visita a Santo Domingo reportó la obtención
del título perteneciente al matancero Sergio
Álvarez en el envión de los 56 kg (156),
plata para el total (279) y bronce del
arranque (123), siempre frente al reto de
tres favoritos asiáticos: el chino Zheng Li
(128–152–280), el vietnamita Anh Taun Hoang
(124– 152–276) y el surcoreano Jong-Hoon Lee
(120–155–275).
Dentro del grupo de
competidores también resultaron halagüeñas
las actuaciones de Adán Rosales en 62 kg
(127–162– 289), aceptable sexta posición en
la ubicación final; Yordanis Borrero de 69
kg (142–174–316), cuarto; Iván Cambar de 77
kg (155–188–343), séptimo; y Yohandrys
Hernández, de 94 kg (170–216–386), quinto.
El análisis del balance
conseguido recientemente por estos cinco
atletas en Santo Domingo, del 2 al 7 de
octubre, superó en cada caso los resultados
obtenidos en los Juegos Centroamericanos y
del Caribe, Cartagena de Indias, Colombia,
del 15 al 30 de julio, dejaron abiertos
signos alentadores a la añorada recuperación
del levantamiento de pesas en Cuba frente a
la realidad de los Juegos Deportivos
Panamericanos, por celebrarse el próximo año
en Río de Janeiro, Brasil.
Precisamente, en la anterior
edición continental, desarrollada en la
capital dominicana (2003), los pesistas
cubanos registraron la peor actuación
histórica en estas confrontaciones, pues
solo Yordani Borrero, de 69 kg, logró el
codiciado oro; mientras tres medallas de
plata pertenecieron a Bladimir Rodríguez
(62), Yohandrys Hernández (85) y Michel
Batista (105). Un solitario bronce fue al
cuello de Aristóteles Fuentes, también en
los 69 kg.
El colectivo de
entrenadores, a cargo de los experimentados
Ramón Madrigal y Rolando Chang, tiene plena
confianza en que la totalidad de los
actuales integrantes de la delegación
recuperen glorias pasadas en Río de Janeiro
y varios de ellos acaparen posiciones
privilegiadas, con especiales rangos para
Sergio, Adán, Yordanis, Iván y Yohandrys.
Todos aspiramos a que puedan
convertirse en realidades...