Hincado en la cúspide del
más espigado cerro de los que rodean a Río
de Janeiro y con la ciudad a sus pies, el
monumental Cristo Redentor de Corcovado, la
mayor escultura art déco del planeta, acaba
de cumplir 75 años.
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El gigante del Corcovado se alza a más
de 750 metros sobre Río de Janeiro,
porque a los 40 de su altitud se suman
los 713 del cerro, que pertenece a la
Serra Da Carioca |
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Además... |
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Oteando La Habana
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Otros gigantes |
Se afirma que Brasil es el
país de los contrastes y que entre sus
muchas urbes la más afamada -Río de Janeiro-
se lleva al respecto todas las palmas. Por
ello, se añade que aunque nombrada "Ciudad
Maravillosa" y reconocida entre las más
fascinantes del mundo, constituye una
vitrina de los límites que pueden alcanzar
la diversidad y las desigualdades.
Así, en su relieve se
aprecian, desde los altos morros donde se
disfrutan algunas de las más extraordinarias
vistas del planeta, hasta las hermosas
playas abiertas de Copacabana, Ipanema,
Leblon, Barra do Tijuca y Sao Conrado; las
anchas y largas avenidas costaneras, no tan
lejos de empinadas callejuelas de lástima.
Mientras, en sus predios
conviven juntos, pero no revueltos,
ciudadanos de exquisito porte y
despampanantes autos, con otros que duermen
en las calles; lujosos hoteles,
restaurantes, residencias y mercados de todo
tipo, con humildes comercios y míseras
favelas.
En fin, tal cual muestran
los filmes y las telenovelas que factura el
país, allí coexisten los abruptos paisajes,
la opulencia y la miseria.
Pero el colosal monumento
que mundialmente los distingue -comparable a
un edificio de 13 plantas por sus 40 metros
de altura y mil 145 toneladas de peso- es
orgullo de todos los brasileños más allá de
pedigríes y castas. Y en especial, lógico,
de los cariocas.
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Al monumento se llega por carretera o en
un tren inaugurado en 1889 por el
emperador Pedro II, electrificado en
1906, y que ha transportado a Albert Eistein,
a la princesa Diana de Gales, y a otros
muchos personajes ilustres y famosos
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La idea surgió a mediados
del siglo XIX, pero no cuajó hasta 1921, y
aún entonces surgieron desacuerdos entre los
políticos y la Escuela de Bellas Artes sobre
el lugar del emplazamiento: ¿En el Pan de
Azúcar, en el monte de San Antonio o en el
Corcovado?
Finalmente triunfaron las
mejores concepciones estéticas y con ellas
este último cerro por su mayor altura -713
metros-, indiscutible belleza y privilegiada
ubicación en medio de la casi provinciana
ciudad de la época.
Financiada por el pueblo
La colocación de la primera
piedra, el 4 de abril de 1922, transcurrió
en medio de no pocas incertidumbres. De
hecho, todavía un año después la competencia
entre proyectos artísticos y arquitectónicos
marchaba a la par de una campaña de
recolección de fondos para una obra que pese
a su envergadura, solo recibió del Gobierno
de Epitácio Pessoa su aprobación.
Elegido el boceto del
ingeniero Heitor da Silva Costa y gracias al
aporte de ciudadanos de todos los linajes y
confines de la nación, en 1926 comenzaron
las obras que duraron un quinquenio. "Fue
financiada por el pueblo", afirma el
arquitecto Jorge Semenovith, autor del libro
Corcovado: la conquista de la montaña de
Dios.
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Para los brasileños, más que atracción
turística y paisajística, es símbolo de
amor y apelación a la fraternidad. En la
foto, a poco de su inauguración, cuando
aún Río no era una gran ciudad |
El diseño definitivo es del
artista Carlos Oswald y la estatua del
escultor francés Paul Maximilien Landowski,
autor entre otros del monumento que adorna
el puente de la Tournelle sobre el Sena, en
París, y quien si bien envió "en tiempo y
forma" los moldes de yeso por barco, jamás
fue a Río a disfrutar de su obra.
Fue inaugurado, al fin, el
12 de octubre de 1931. Para la ocasión la
iluminación del Cristo estaría a cargo de
Guglielmo Marconi, ingeniero electrotécnico
italiano premiado con el Nobel de Física e
inventor del primer sistema de señales de
radio a distancia mediante antenas
direccionales, y de la transmisión de ondas
cortas.
Desde su yate Electra
fondeado en la bahía de Nápoles, Marconi
debió emitir la señal eléctrica que en
Dorchester, Inglaterra, se retransmitiría a
Jacarepaguá, Río de Janeiro, y de ahí al
monumento. Pero el mal tiempo impidió la
fragorosa y espectacular acción, y la luz le
llegó directamente desde la Ciudad
Maravillosa.
Este no fue, sin embargo, el
único hecho curioso acontecido al
septuagenario monolito desde su génesis
hasta hoy. Algunos llegan a clasificar en el
ámbito de la chufleta y la candonga. Veamos.
De acuerdo al boceto
original, la imagen sería de metal y Cristo
cargaría una cruz y un globo
terráqueo. Pero los bromistas comentaron que
sería un Cristo futbolista, lo que indignó a
las más encumbradas autoridades
eclesiásticas locales. Entonces Da Silva
Costa decidió que tendría los brazos
abiertos y sería de piedra, así en caso de
guerra no sería fundido para fabricar
cañones.
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Fue construido en el período entre ambas
guerras mundiales.
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Nadie lo tocó durante 49
años. Ocurrió en 1980, para limpiarlo con
motivo de la visita papal de Juan Pablo II.
Mediado el año 2000, y en medio de un fuerte
racionamiento eléctrico que dejó a oscuras
hasta a la sede gubernamental en Brasilia,
el Palacio de Planalto, la iluminación del
Cristo Redentor no sufrió percance alguno.
Ese año, ante anuncios
impresos en biquinis y latas de cerveza, el
arzobispo, monseñor Eugenio Sales, amenazó
demandar a las empresas que utilizaran al
Cristo para vender productos. Luego, con
motivo de sus 70 años, se celebró allí una
misa campal y cariocas nacidos en 1931
picaron un pastel de dos metros de altura.
En 2003 y cuando la
diseñadora francesa Agnes Winter fue
encargada de cambiar a azul zafiro su
habitual iluminación gris verdosa, cayó tal
cúmulo de torrenciales aguaceros que la
ceremonia debió suspenderse. Para los
supersticiosos la cuestión es que el Cristo
no está acostumbrado a los cambios.
La estatua, que se ve desde
cualquier sitio de Río, recibe a diario la
visita de casi dos mil personas, pero lo
cierto es que en la nación con mayor número
de católicos del mundo, solo el diez por
ciento de los cariocas han subido el
cerro de Corcovado
para agasajarlo.
Oteando desde las alturas
La escultura de granito es
de líneas y contornos nítidos y definidos y
formas estilizadas y simétricas,
características propias del art déco, un
sofisticado e innovador estilo que en las
décadas de 1920 y 1930 impusiera una
estética nueva para celebrar el auge de la
maquinización y la industrialización.
En 1990, un convenio entre
la Red Globo de TV, la Mitra Arquiepiscopal
de Río de Janeiro, el Instituto Brasileño de
Medio Ambiente, la alcaldía local y la suma
de varias empresas e instituciones, promovió
una amplia reforma del monumento.
En 2001, cuando arribó a su
séptima década, se iniciaron las obras de
construcción e instalación de ascensores,
pasarelas y escaleras metálicas, para
facilitar la llegada al pedestal sin
necesidad de subir los arcaicos 226
escalones. El proyecto concluyó en 2003 y ha
logrado aumentar el número de visitantes.
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Una muestra de su monumentalidad, vea el
tamaño de los ecologistas que colocaron
una gran banderola en su brazo derecho
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Desde el pedestal de la, hoy
por hoy, principal atracción turística de la
urbe carioca, se contempla una privilegiada
vista panorámica de la ciudad y la bahía de
Río de Janeiro.
La estatua otea desde su
altura con los brazos abiertos, en gesto
paternal de abrazo y protección. "Es muy
brasileño, un descomunal monumento a la
hospitalidad y la redención de los
pecadores", declaró a la agencia española
EFE el ya nombrado arquitecto Jorge
Semenovith. "Su simbolismo es tan poderoso
que en cualquier parte del mundo el Cristo
es asociado a Brasil", asegura por su parte
Lindita San Martini, de la agencia turística
RioTur.
Anteriormente, valuado como
Patrimonio Histórico Nacional y enlistado
entre los Bienes Culturales del Municipio de
Río de Janeiro, en octubre reciente y por su
aniversario 75, el ciclópeo monolito fue
declarado Santuario, por lo que en lo
adelante podrán celebrase allí matrimonios,
bautizos y otros sacramentos religiosos.