Ley de Estados Unidos impuesta como
apéndice a la Constitución cubana a principios del siglo
XX, bajo la amenaza de que, si no la aceptana, Cuba
seguiría ocupada militarmente.
El 25 de febrero de 1901 el Comité de
Asuntos Cubanos del senado norteamericano aprobó una
enmienda insertada a la Ley de Gastos del Ejército, cuyo
texto era inaceptable para los cubanos que habían
luchado durante 30 años por independizar a Cuba de
España.
El artículo primero prohibía al gobierno
de la Isla concertar con gobiernos extranjeros tratados
o convenios que menoscabaran la independencia nacional y
significaran la cesión de parte de su territorio. Este
artículo era contradictorio, pues en esencia la Enmienda
Platt que lo contenía menguaba la soberanía de Cuba.
El artículo segundo prohibía al gobierno
cubano contraer deudas por encima de su capacidad de
pago de intereses y de amortización. El tercero -nervio
de la Enmienda- concedía a Estados Unidos el derecho de
intervenir militarmente en la Isla cuando peligraran, a
su juicio, la vida, la propiedad o las libertades
individuales.
El cuarto convalidaba todos los actos
realizados por el gobierno militar norteamericano. El
quinto disponía que Cuba quedaba obligada a atender con
preferencia la sanidad de sus poblaciones para proteger
el comercio y el pueblo del sur de los Estados Unidos.
Los cubanos eran presentados como horda incivilizada que
vivía gustosa sin condiciones higiénicas mínimas, que
sus "protectores" se veían en la necesidad de imponerle.
El artículo sexto reflejaba el error
geográfico cometido, tanto por España como por los
libertadores cubanos, al considerar que Cuba era una
isla y no un archipiélago. Los norteamericanos se
aprovecharon de ello para disponer que el status de Isla
de Pinos (actual Isla de la Juventud) sería determinado
en un futuro tratado.
El artículo séptimo -único que, de hecho
y contra la voluntad del pueblo cubano sigue ejerciendo
su nefasta vigencia en la Base Naval de Guantánamo,
establecía la cesión de porciones de suelo cubano para
ubicar estaciones navales o carboneras norteamericanas.
El octavo disponía que los artículos
anteriores debían ser incluidos en un tratado permanente
entre Cuba y Estados Unidos.
El 2 de marzo de 1901 el Congreso
norteamericano aprobó definitivamente la enmienda, que
fue sancionada de inmediato por el Presidente y
convertida en ley de Estados Unidos.
En masivas manifestaciones el pueblo
cubano se manifestó contra la decisión del gobierno de
EE.UU., que malograba la independencia conquistada con
tanto sacrificio. Después de intensos y acalorados
debates, la Asamblea Constituyente cubana aprobó por
escaso margen la inclusión de la enmienda en la Carta
Magna. La mayoría de quienes votaron a favor declararon
que lo hacían para evitar que la ocupación militar
norteamericana se extendiera indefinidamente.
Un acertado juicio sobre la
significación de este proceso lo hizo, precisamente, el
general Leonard Wood, gobernador militar de la Isla
durante la ocupación norteamericana: "Por supuesto, que
a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con
la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es buscar la
anexión. Esto, sin embargo, requerirá algún tiempo y
durante el período en que Cuba mantenga su propio
gobierno, es muy de desear que tenga uno que conduzca a
su progreso y a su mejoramiento. No puede hacer ciertos
tratados sin nuestro consentimiento, ni pedir prestado
más allá de ciertos límites y debe mantener las
condiciones sanitarias que se le han preceptuado, por
todo lo cual es bien evidente que está en lo absoluto en
nuestras manos y creo que no hay un gobierno europeo que
la considere por un momento otra cosa sino lo que es,
una verdadera dependencia de los Estados Unidos, y como
tal es acreedora de nuestra consideración. Con el
control que sin duda pronto se convertirá en posesión,
en breve prácticamente controlaremos el comercio de
azúcar en el mundo. La isla se norteamericanizará
gradualmente y, a su debido tiempo, contaremos con una
de las más ricas y deseables posesiones que haya en el
mundo...".