Según la mitología griega, las sirenas
eran hijas del dios marino Forcis, nacieron
con cabeza y rostro de mujer, tenían cuerpo
de ave y estaban dotadas de una maravillosa
y seductora voz. Se les describe asomándose
a la superficie del agua, o sentadas en una
roca, peinándose el largo y rubio cabello,
como seres inalcanzables, hermosos.
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La típica imagen de la sirena que viene
a la mente instantáneamente: un ser
mítico con cuerpo de mujer y cola de
pez, pero la leyenda registra que
primero eran medio aves y no peces
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Sin embargo, otra versión que se conoce
es completamente contradictoria: eran
criaturas terribles, adivinaban el futuro,
otorgaban poderes sobrenaturales a las
personas, con sus cantos hacían que los
hombres se enamoraran de ellas y los
arrastraban al fondo del mar para devorarlos
o transformarlos en sus amantes bajo el
agua.
Hay diferentes explicaciones de cómo
pasaron de ser medio aves a medio peces; se
dice que fue un castigo de Deméter (en la
mitología griega, diosa de la tierra y de la
agricultura) por no haber protegido a su
hija Perséfone (hija de Zeus, padre de los
dioses). Otros plantean que fueron ellas
mismas las que pidieron la mutación para
mantenerse siempre vírgenes.
Las sirenas son las tres ninfas del mar:
una de ellas toca la lira, la otra la flauta
y la tercera canta. Eran conocidas como
Parténope (el antiguo nombre de la ciudad de
Nápoles), Leucosia (la blanca) y Ligia (la
de la voz clara). La leyenda menos benévola
narra que con la lira, la flauta y el canto,
y utilizando seductoras palabras,
inteligentes y tramposas, persuadían a los
marineros que pasaban por allí para que se
acercaran a ellas y destruirlos.
Residían en pequeñas islas muy verdes
junto a la península de Sorrento, en un
archipiélago que actualmente se denomina Los
Galos, en el golfo de Salermo Según el mito,
las islas en que vivían están llenas de los
huesos de aquellos que cayeron en su trampa.
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Se había predicho, según el mito, que
las sirenas desaparecerían cuando un
mortal pudiese resistir el embrujo de
sus canciones |
En la Odisea (uno de los poemas
más antiguos y fascinantes que se haya
escrito), de Homero, unas sirenas intentan
seducir con sus cantos hechiceros a Ulises y
su tripulación cuando navegaban de regreso
de la guerra de Troya. Para protegerse del
canto de las sirenas, Ulises tapó sus oídos
con cera y se hizo encadenar al mástil de la
nave. En su libro La República, el
filósofo griego Platón, sitúa a ocho sirenas
en las esferas que separan al mundo de los
espacios celestes.
La leyenda de las sirenas se inició
probablemente en los relatos de los
marineros que tomaron como tales a mamíferos
marinos, como manatíes, vacas marinas y
focas. En la civilización occidental, se
continuaron registrando reportes de su
presencia hasta el siglo XVIII, cuando el
racionalismo empezó a echar abajo la
superstición y la fantasía.
Su mito es tan popular que muchos han
pensado: "Algo de verdad tiene que haber en
él". Sin embargo, todas las pruebas para
descubrirlas han resultado negativas. ¡Es
una pena! Porque a muchos les hubiera
gustado conocer a la bella Sirenita del
cuento homónimo de Hans Christian Ardersen o
a la simpática Ariel de la película infantil
que ha fascinado a millones de niños.