Poco antes de asumir su
primer mandato, tras robarse la victoria en
las elecciones presidenciales de 2002, el
actual presidente de Estados Unidos,
George W. Bush, afirmó en un debate
televisivo que África no era una
prioridad estratégica nacional.
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El cerco a África
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Quizás lo dijo por
desconocimiento, ya que otras muchas
inconsecuencias expresó durante la campaña,
o porque sus asesores no le hubieran
aconsejado adecuadamente. O, tal vez, así
pensaba realmente. África, un continente
habitado por unos 900 millones de personas y
fraccionado en una cincuentena de países,
ninguno con suficiente rango para figurar
entre las opulentas naciones del Primer
Mundo, pudiera no haber concitado entonces
la atención del futuro presidente.
Dos años después, durante su
primera y única gira africana
(Senegal, Sudáfrica, Botsuana, Uganda y
Nigeria), la percepción del mandatario sobre
el continente se había modificado, o, al
menos, soterrado por conveniencia política.
Días antes del viaje anunció la concesión de
15 mil millones de dólares en los cinco años
siguientes para combatir la pandemia del
sida, de grave repercusión en el continente,
en particular, en el África subsahariana, en
una operación destinada a maquillar su
imagen, porque esa cifra apenas alcanzaría
para proveer antirretrovirales a una
reducida cantidad de los 27 millones de
enfermos en la región.
Durante la gira, Bush se
abstuvo de prometer una ayuda sustancial
para el desarrollo sostenible africano, o
una condonación parcial o total de la
deuda externa continental de unos 350
mil millones de dólares, ambas esenciales
para que el continente pueda cumplir sus
planes socioeconómicos. Estados Unidos solo
destina el 0,16 por ciento de su producto
interno bruto (PIB) como ayuda a África, el
aporte más reducido entre las naciones
industrializadas.
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El petróleo es uno de los principales
objetivos norteamericanos en suelo
africano |
De cualquier forma, y más
allá de otras consideraciones, en los
hechos, Washington está demostrando que el
continente sí se está convirtiendo en una
"prioridad estratégica nacional". Una
prioridad que no está encaminada a
beneficiar a los depauperados pueblos
africanos, víctimas de la marginación que a
nivel mundial ha impuesto la globalización
de los ricos.
Las autoridades
estadounidenses tienen la vista fija en el
abundante petróleo que brota de los
yacimientos de esa región, y que ocupa
progresivamente un lugar destacado dentro de
la estrategia imperial de diversificar los
abastos de sus fuentes de energía. Los más
altos jerarcas de la cúpula gobernante de
ese país, desde la anterior administración
de William Clinton, han subrayado la
importancia de los hidrocarburos de
esa área para la Unión, que es la primera
consumidora mundial del combustible.
En la actualidad, cinco
países: Nigeria, Angola, Gabón, Guinea
Ecuatorial y Sao Tomé y Príncipe, ya
abastecen un 16 por ciento de la demanda
norteamericana de energía, y está
previsto que alcance el 25 por ciento en
2015. Ese hidrocarburo tiene una ventaja
adicional, es de excelente calidad y está
más próximo a las costas orientales del país
norteño que el proveniente del golfo Pérsico
o del Cáucaso. Además, la zona está menos
expuesta a las turbulencias políticas y
militares que USA mismo origina en la
volátil región del Oriente Medio.
Esa realidad hizo presumir
que la gira africana del mandatario tuvo un
fuerte olor a petróleo. Es por esa razón que
buques de guerra estadounidenses patrullan
áreas altamente productivas, como el golfo
de Guinea, con el pretexto de "protegerlo de
posibles ataques terroristas". Para los
analistas, el fin de Washington es alcanzar
el total control de las fuentes energéticas
del continente, y para ello las
transnacionales son sus puntas de lanza y
las que operan con mayor dinamismo en la
región.
Somalia, Kenya y Tanzania
Casi a finales del pasado
siglo, Estados Unidos se vio envuelto en
varios eventos político-militares en el este
de África. Primero al involucrarse en
Somalia, que desde 1991, con la huida
del presidente Mohamed Siad Barre, había
quedado acéfala, se había generalizado el
caos y estaba a merced de los "señores de la
guerra". Washington envió al país un
destacamento de marines en una operación
"humanitaria" denominada Retorno a la
Esperanza. Los somalíes no asumieron de
la misma forma "el punto de vista
estadounidense". El horror que causó en el
pueblo norteamericano la imagen de los
soldados interventores arrastrados por las
calles de Mogadiscio obligó en 1994 al
presidente Clinton a retirar a los
uniformados de esa nación del Cuerno
Africano.
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USA conoce de la resistencia de los
africanos
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Posteriormente, en 1998,
durante la segunda administración de Clinton,
fueron atacadas con bombas las embajadas de
Washington en Kenya y la vecina
Tanzania. La Casa Blanca responsabilizó
a la red Al Qaeda de estar detrás de
los ataques, y a Sudán de dar apoyo a
los miembros de la organización. En
represalia, la aviación estadounidense
bombardeó una fábrica de productos
farmacéuticos en Jartún, capital de Sudán,
convertida en objetivo militar por obra y
gracia del Pentágono, que acusó a aquel país
de "fabricar armas químicas".
Ahora, en 2007, según
observadores, Estados Unidos ha aprovechado
la actual crisis en Somalia para reinvocar
la pretendida influencia de Al Qaeda en ese
país, con el fin de lograr sus propias metas
geopolíticas en el Cuerno Africano. Por el
mar Rojo, del cual es ribereño Somalia,
transitan los buques que transportan
petróleo del golfo Pérsico hacia
Norteamérica y Europa, por lo tanto, esa
nación se convierte en un punto sensible
para los intereses del país del Norte en el
área.
Con el pretexto de perseguir
a miembros de Al Qaeda, en el marco de su
pretendida lucha antiterrorista, aviones y
helicópteros estadounidenses atacaron en
enero último pueblos y distritos de
Babade y Aldanow, donde Estados
Unidos sufrió fuertes bajas durante su
primera intervención militar en Somalia.
Decenas de civiles pagaron con sus vidas la
agresión, algo parecido a lo que ocurre en
Iraq. Mientras el bombardeo tenía
lugar, el portaaviones USS Dwigh D.
Eisenhower arribaba a las costas
somalíes y otros buques de guerra merodeaban
por los alrededores. Estados Unidos
reconoció haber efectuado los ataques, la
primera acción militar admitida oficialmente
después de la retirada en 1994 tras el
fracaso de la Operación Retorno a la
Esperanza.
Comando africano
En las altas esferas
política y militar de Washington, el tema
África ha sido debatido con frecuencia por
congresistas, analistas de inteligencia y
otros responsables. La actual coyuntura que
ofrece la agudización de la crisis somalí
parece haber sido la que dio el impulso
final para poner en práctica los planes del
Pentágono de crear un comando africano, que
habían ganado espacio al interior de la
administración republicana.
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Hace muy poco la aviación estadounidense
atacó territorio somalí |
En efecto, el presidente
Bush acaba de dar luz verde con su firma al
referido cuerpo especial que, según explicó
el secretario de Defensa, Robert Gates, ante
la Comisión de Servicios Armados del Senado,
tiene por objetivo enfrentar las nuevas
amenazas que surjan en el continente. Gates
indicó que el presidente Bush dio su visto
bueno al nuevo comando, que tendrá como
misión "supervisar la seguridad, cooperación
y construcción de buenas relaciones con los
países locales" y el apoyo a las misiones
civiles y las operaciones militares en el
continente. El comando, dijo, "nos dará la
capacidad de tener un enfoque más efectivo e
integrado del que tenemos ahora en África".
En el Pentágono, la
responsabilidad hacia esa zona estaba
distribuida en tres comandos: El Central (Centcom),
que supervisa Oriente Medio y es
responsable del Cuerno Africano; el comando
Pacífico, que se encarga de Madagascar, y el
de Europa, con sede en Alemania, que
supervisa el resto, es decir, la mayor parte
de África. El Ejército de Estados Unidos
está "oficialmente" desde hace cuatro años
en el Cuerno Africano, y posee una base en
el continente que se encuentra en un antiguo cuartel
general de la Legión Extranjera Francesa en Djibuti,
colonia de
Francia hasta 1977, cuando se proclamó la
república independiente. En esa base militar
está destacada una unidad compuesta por mil
700 soldados. La Marina dispone en el océano
Índico de un grupo aeronaval alrededor del
portaaviones Eisenhower.
Sin embargo, el secretario
de Defensa no precisó si el Comando de
África estará localizado en el continente o
en Estados Unidos, donde se encuentran los
comandos Central, Pacífico y Sur, este
último encargado de las misiones militares
en América Latina y el Caribe.
Ante la Comisión senatorial,
Gates subrayó que si así fuera ordenado, el
nuevo comando, que estará dirigido por un
general de cuatro estrellas, realizará
operaciones militares en África, e
indicó que la creación del cuerpo obedece,
además, al mapa mundial surgido después de
la guerra fría. La constitución del comando
es una evidencia del interés de Estados
Unidos de intensificar sus actividades
castrenses en el continente, y enmascara el
incremento militar sobre el "temor" de que
Al Qaeda aumente sus operaciones en la
región.
La otra tarea
No es un secreto que las
relaciones de cooperación y amistad que
sostiene la República Popular China con los
países africanos se acentúan permanentemente
porque son justas y de beneficio mutuo. Las
bases de esa colaboración están establecidas
en el Foro de Cooperación China-África, y su
Plan de Acción de Beijing, que traza los
objetivos de las relaciones económicas
bilaterales. El último fue suscrito en 2006
y fijó las metas para el trienio 2007-2009.
La colaboración multifacética de China está
encaminada a ayudar a las naciones del
continente a promover su desarrollo
socioeconómico, y a mitigar las secuelas de
pobreza y atraso dejadas por cuatro siglos
de explotación colonial y capitalista.
Como era de esperar, Estados
Unidos no observa esas relaciones con buenos
ojos, le molestan, y ya asoman sus feos
rostros los fantasmas de la confrontación
agitados desde Washington. En su
intervención ante la Comisión Senatorial, el
secretario de Defensa afirmó que otras de
las tareas del comando será la de
contrarrestar lo que denominó "la influencia
china" en el continente, por lo que la
misión del novel cuerpo asume otros
objetivos, aunque Gates no aclaró la forma
en que el comando enfrentará este asunto.
Sin lugar a dudas, África
podría constituirse en un escenario en el
cual la Casa Blanca desarrolle acciones muy
peligrosas por el control de sus recursos
naturales. Si se cumplen los pronósticos de
investigadores y otros especialistas sobre
el agotamiento de los hidrocarburos en las
próximas décadas, en la medida en que esto
ocurra, Estados Unidos podría aumentar su
agresividad. Pero no es solo el petróleo, la
región posee otros muchos e importantes
recursos mineros, madereros e hídricos, que
desatan la codicia imperial.
La actuación estadounidense
en África, reforzada con el nuevo comando,
que significa el triunfo del grupo más
belicista y hegemónico con W. Bush a la
cabeza, no se traducirá en posibilidades
para que el continente abandone sus niveles
de subdesarrollo, sino en un intento de
alcanzar el control sobre los gobiernos y
las naciones, para adueñarse de sus recursos
naturales, dentro de una estrategia
belicista y hegemónica global, aplicando una
versión modificada, pero muy actualizada de
un viejo aforismo: "África solo para los
norteamericanos".