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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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África

Otra vez por la presa 

Estados Unidos creó un comando especial para intentar controlar a gobiernos y pueblos de aquel continente

 

Por: ROBERTO CORREA WILSON
inter@bohemia.co.cu

(28 de febrero de 2007) 

Poco antes de asumir su primer mandato, tras robarse la victoria en las elecciones presidenciales de 2002, el actual presidente de Estados Unidos, George W. Bush, afirmó en un debate televisivo que África no era una prioridad estratégica nacional.

Portaaviones norteamericano Dwigh D. Eisenhower
El cerco a África

Quizás lo dijo por desconocimiento, ya que otras muchas inconsecuencias expresó durante la campaña, o porque sus asesores no le hubieran aconsejado adecuadamente. O, tal vez, así pensaba realmente. África, un continente habitado por unos 900 millones de personas y fraccionado en una cincuentena de países, ninguno con suficiente rango para figurar entre las opulentas naciones del Primer Mundo, pudiera no haber concitado entonces la atención del futuro presidente.

Dos años después, durante su primera y única gira africana (Senegal, Sudáfrica, Botsuana, Uganda y Nigeria), la percepción del mandatario sobre el continente se había modificado, o, al menos, soterrado por conveniencia política. Días antes del viaje anunció la concesión de 15 mil millones de dólares en los cinco años siguientes para combatir la pandemia del sida, de grave repercusión en el continente, en particular, en el África subsahariana, en una operación destinada a maquillar su imagen, porque esa cifra apenas alcanzaría para proveer antirretrovirales a una reducida cantidad de los 27 millones de enfermos en la región.

Durante la gira, Bush se abstuvo de prometer una ayuda sustancial para el desarrollo sostenible africano, o una condonación parcial o total de la deuda externa continental de unos 350 mil millones de dólares, ambas esenciales para que el continente pueda cumplir sus planes socioeconómicos. Estados Unidos solo destina el 0,16 por ciento de su producto interno bruto (PIB) como ayuda a África, el aporte más reducido entre las naciones industrializadas.

Planta petrolera
El petróleo es uno de los principales objetivos norteamericanos en suelo africano

De cualquier forma, y más allá de otras consideraciones, en los hechos, Washington está demostrando que el continente sí se está convirtiendo en una "prioridad estratégica nacional". Una prioridad que no está encaminada a beneficiar a los depauperados pueblos africanos, víctimas de la marginación que a nivel mundial ha impuesto la globalización de los ricos.

Las autoridades estadounidenses tienen la vista fija en el abundante petróleo que brota de los yacimientos de esa región, y que ocupa progresivamente un lugar destacado dentro de la estrategia imperial de diversificar los abastos de sus fuentes de energía. Los más altos jerarcas de la cúpula gobernante de ese país, desde la anterior administración de William Clinton, han subrayado la importancia de los hidrocarburos de esa área para la Unión, que es la primera consumidora mundial del combustible.

En la actualidad, cinco países: Nigeria, Angola, Gabón, Guinea Ecuatorial y Sao Tomé y Príncipe, ya abastecen un 16 por ciento de la demanda norteamericana de energía, y está previsto que alcance el 25 por ciento en 2015. Ese hidrocarburo tiene una ventaja adicional, es de excelente calidad y está más próximo a las costas orientales del país norteño que el proveniente del golfo Pérsico o del Cáucaso. Además, la zona está menos expuesta a las turbulencias políticas y militares que USA mismo origina en la volátil región del Oriente Medio.

Esa realidad hizo presumir que la gira africana del mandatario tuvo un fuerte olor a petróleo. Es por esa razón que buques de guerra estadounidenses patrullan áreas altamente productivas, como el golfo de Guinea, con el pretexto de "protegerlo de posibles ataques terroristas". Para los analistas, el fin de Washington es alcanzar el total control de las fuentes energéticas del continente, y para ello las transnacionales son sus puntas de lanza y las que operan con mayor dinamismo en la región.

Somalia, Kenya y Tanzania

Casi a finales del pasado siglo, Estados Unidos se vio envuelto en varios eventos político-militares en el este de África. Primero al involucrarse en Somalia, que desde 1991, con la huida del presidente Mohamed Siad Barre, había quedado acéfala, se había generalizado el caos y estaba a merced de los "señores de la guerra". Washington envió al país un destacamento de marines en una operación "humanitaria" denominada Retorno a la Esperanza. Los somalíes no asumieron de la misma forma "el punto de vista estadounidense". El horror que causó en el pueblo norteamericano la imagen de los soldados interventores arrastrados por las calles de Mogadiscio obligó en 1994 al presidente Clinton a retirar a los uniformados de esa nación del Cuerno Africano.

Rescate de militares de EE.UU. junto a un helicóptero derribado

USA conoce de la resistencia de los africanos

Posteriormente, en 1998, durante la segunda administración de Clinton, fueron atacadas con bombas las embajadas de Washington en Kenya y la vecina Tanzania. La Casa Blanca responsabilizó a la red Al Qaeda de estar detrás de los ataques, y a Sudán de dar apoyo a los miembros de la organización. En represalia, la aviación estadounidense bombardeó una fábrica de productos farmacéuticos en Jartún, capital de Sudán, convertida en objetivo militar por obra y gracia del Pentágono, que acusó a aquel país de "fabricar armas químicas".

Ahora, en 2007, según observadores, Estados Unidos ha aprovechado la actual crisis en Somalia para reinvocar la pretendida influencia de Al Qaeda en ese país, con el fin de lograr sus propias metas geopolíticas en el Cuerno Africano. Por el mar Rojo, del cual es ribereño Somalia, transitan los buques que transportan petróleo del golfo Pérsico hacia Norteamérica y Europa, por lo tanto, esa nación se convierte en un punto sensible para los intereses del país del Norte en el área.

Con el pretexto de perseguir a miembros de Al Qaeda, en el marco de su pretendida lucha antiterrorista, aviones y helicópteros estadounidenses atacaron en enero último pueblos y distritos de Babade y Aldanow, donde Estados Unidos sufrió fuertes bajas durante su primera intervención militar en Somalia. Decenas de civiles pagaron con sus vidas la agresión, algo parecido a lo que ocurre en Iraq. Mientras el bombardeo tenía lugar, el portaaviones USS Dwigh D. Eisenhower arribaba a las costas somalíes y otros buques de guerra merodeaban por los alrededores. Estados Unidos reconoció haber efectuado los ataques, la primera acción militar admitida oficialmente después de la retirada en 1994 tras el fracaso de la Operación Retorno a la Esperanza.

Comando africano

En las altas esferas política y militar de Washington, el tema África ha sido debatido con frecuencia por congresistas, analistas de inteligencia y otros responsables. La actual coyuntura que ofrece la agudización de la crisis somalí parece haber sido la que dio el impulso final para poner en práctica los planes del Pentágono de crear un comando africano, que habían ganado espacio al interior de la administración republicana.

Bombardero norteamericano en plena acción agresiva
Hace muy poco la aviación estadounidense atacó territorio somalí

En efecto, el presidente Bush acaba de dar luz verde con su firma al referido cuerpo especial que, según explicó el secretario de Defensa, Robert Gates, ante la Comisión de Servicios Armados del Senado, tiene por objetivo enfrentar las nuevas amenazas que surjan en el continente. Gates indicó que el presidente Bush dio su visto bueno al nuevo comando, que tendrá como misión "supervisar la seguridad, cooperación y construcción de buenas relaciones con los países locales" y el apoyo a las misiones civiles y las operaciones militares en el continente. El comando, dijo, "nos dará la capacidad de tener un enfoque más efectivo e integrado del que tenemos ahora en África".

En el Pentágono, la responsabilidad hacia esa zona estaba distribuida en tres comandos: El Central (Centcom), que supervisa  Oriente Medio y es responsable del Cuerno Africano; el comando Pacífico, que se encarga de Madagascar, y el de Europa, con sede en Alemania, que supervisa el resto, es decir, la mayor parte de África. El Ejército de Estados Unidos está "oficialmente" desde hace cuatro años en el Cuerno Africano, y posee una base en el continente que se encuentra en un antiguo cuartel general de la Legión Extranjera Francesa en Djibuti, excolonia de Francia hasta 1977, cuando se proclamó la república independiente. En esa base militar está destacada una unidad compuesta por mil 700 soldados. La Marina dispone en el océano Índico de un grupo aeronaval alrededor del portaaviones Eisenhower.

Sin embargo, el secretario de Defensa no precisó si el Comando de África estará localizado en el continente o en Estados Unidos, donde se encuentran los comandos Central, Pacífico y Sur, este último encargado de las misiones militares en América Latina y el Caribe.

Ante la Comisión senatorial, Gates subrayó que si así fuera ordenado, el nuevo comando, que estará dirigido por un general de cuatro estrellas, realizará operaciones militares en África, e indicó que la creación del cuerpo obedece, además, al mapa mundial surgido después de la guerra fría. La constitución del comando es una evidencia del interés de Estados Unidos de intensificar sus actividades castrenses en el continente, y enmascara el incremento militar sobre el "temor" de que Al Qaeda aumente sus operaciones en la región.

La otra tarea

No es un secreto que las relaciones de cooperación y amistad que sostiene la República Popular China con los países africanos se acentúan permanentemente porque son justas y de beneficio mutuo. Las bases de esa colaboración están establecidas en el Foro de Cooperación China-África, y su Plan de Acción de Beijing, que traza los objetivos de las relaciones económicas bilaterales. El último fue suscrito en 2006 y fijó las metas para el trienio 2007-2009. La colaboración multifacética de China está encaminada a ayudar a las naciones del continente a promover su desarrollo socioeconómico, y a mitigar las secuelas de pobreza y atraso dejadas por cuatro siglos de explotación colonial y capitalista.

Como era de esperar, Estados Unidos no observa esas relaciones con buenos ojos, le molestan, y ya asoman sus feos rostros los fantasmas de la confrontación agitados desde Washington. En su intervención ante la Comisión Senatorial, el secretario de Defensa afirmó que otras de las tareas del comando será la de contrarrestar lo que denominó "la influencia china" en el continente, por lo que la misión del novel cuerpo asume otros objetivos, aunque Gates no aclaró la forma en que el comando enfrentará este asunto.

Sin lugar a dudas, África podría constituirse en un escenario en el cual la Casa Blanca desarrolle acciones muy peligrosas por el control de sus recursos naturales. Si se cumplen los pronósticos de investigadores y otros especialistas sobre el agotamiento de los hidrocarburos en las próximas décadas, en la medida en que esto ocurra, Estados Unidos podría aumentar su agresividad. Pero no es solo el petróleo, la región posee otros muchos e importantes recursos mineros, madereros e hídricos, que desatan la codicia imperial.

La actuación estadounidense en África, reforzada con el nuevo comando, que significa el triunfo del grupo más belicista y hegemónico con W. Bush a la cabeza, no se traducirá en posibilidades para que el continente abandone sus niveles de subdesarrollo, sino en un intento de alcanzar el control sobre los gobiernos y las naciones, para adueñarse de sus recursos naturales, dentro de una estrategia belicista y hegemónica global, aplicando una versión modificada, pero muy actualizada de un viejo aforismo: "África solo para los norteamericanos".