Si no fuera por la tupida
barba que empieza a encanecer... si incluso
pudiera aguantar la respiración y esconder
la protuberante barriga... Si ciertas cosas
no lo delataran, cualquiera apostaría por
que Richard Matthew Stallman aún es
un jovencito: Por estos días –el 16 de
marzo– sus células fecharon 54 años huyendo
de las arrugas.
 |
| Como
un misionero, Richard Stallman anda por el
mundo proclamando el derecho de los
ciudadanos a poseer independencia
tecnológica
|
Y si no fuera porque anda
afirmando por doquier que no es comunista,
que su doctrina está en otro lugar del
espacio filosófico, difícilmente alguien
dejaría de aventurarse a describirlo con esa
condición política: para muchos lo parece al
calco, y si no, se preguntan ¿por qué anda
desparramando la idea de que el software
debe ser libre, mientras desafía el
poderío de las transnacionales
informáticas?
El ají pica en la boca de
Bill Gates, fundador de Microsoft,
cuyo sistema operativo Windows –bien
protegido por patentes y artimañas para
atajar alguna copia ilegal- burbujea en
nueve de cada diez computadoras terrícolas.
Amostazado, en 2005, en la feria electrónica
de Las Vegas, dejó de tirar pullitas como
solía hacerlo y soltó todas sus bilis: "Hay
una nueva especie de modernos comunistas que
quieren ahorrarse el incentivo para los
músicos, los cineastas y los programadores,
con distintos pretextos."
Stallman, plato exquisito y
proteico de la recién concluida
Convención Informática 2007 de La Habana,
respondió al dardo de Bill precisando que
"promovemos la solidaridad social, el
espíritu de cooperación y al mismo tiempo
respetamos la propiedad privada". Movido por
esos presupuestos, defendió el derecho de
sus anfitriones de obtener software libre
en cualquier país.
"El software privativo es
dependencia y eso lleva a la colonización
electrónica", azotó el rebelde Stallman. "Lo
ha hecho en los Estados Unidos, Europa y
otros lugares del mundo."
Stallman fue más lejos. "Un
programa privativo nunca es de confiar",
azuzó, y advirtió que el software de
licencia es una amenaza para la seguridad:
como los usuarios no pueden examinar el
código fuente, no tienen forma de saber lo
que este ejecuta o qué aberturas en la
"puerta trasera" del programa pueden haber
dejado los diseñadores para tener acceso
furtivo a la computadora en un futuro.
El código fuente es
el conjunto de líneas de comandos, escrito
con la sintaxis particular de determinado
lenguaje de programación, convertido en
lenguaje legible por la máquina por medio de
compiladores, ensambladores o intérpretes.
Es, digamos, el ADN propio de ese software.
Cuando el fin es lucrativo,
el código se encripta de tal manera
que intentar cualquier modificación para
adecuar su ejecución a necesidades propias,
es prácticamente imposible, a menos que se
pague sin chistar. Un código libre,
sin el yugo de las patentes, sí es
modificable por el usuario e, incluso, puede
ser distribuido solidariamente a otros con
semejante necesidad.
Para Stallman, esas leyes de
derecho de autor violan los principios
morales fundamentales y resultan tan
injustas como encarcelar a alguien por
compartir o modificar recetas de cocina.
Con la casa a cuestas
 |
La reciente Convención Informática 2007
otorgó gran importancia al software
libre y contó con el presidente de la
Fundación que coordina este movimiento
(Foto: JUAN CARLOS GORT)
|
Con su aspecto
de pacifista
de los años 70, Richard Mathew Stallman,
mejor identificado por RMS, anda por el
mundo dedicado a su axioma. Siempre carga
con su computadora portátil, sin embargo
repele el teléfono móvil. Prefiere llevar su
propio colchón, vaya a donde vaya, sin
reparar en los alfilerazos y burlas de sus
detractores y las tiras cómicas.
Y, claro está, parece
disfrutar de sus manías excéntricas. Por eso
se ha agenciado una segunda personalidad,
una especie de alter ego que lo acompaña en
su evangelización contra el software con
dueño, misión que lo ha convertido en un
trotamundos de las convenciones
informáticas. San iGNUcio de emacs se
hace llamar y responde gustosamente con una
sonrisa.
-¡Ese es el padre de la
revolución del software libre! –susurran
cuando pasa. Pero él no escucha: padece una
incipiente sordera.
Si su guerrilla urbana no
hubiera ganado terreno como lo ha hecho, de
cualquier manera RMS hubiera cobrado
renombre por sus logros como programador.
Uno de sus éxitos, el editor de texto Emacs,
le redondeó como anillo al dedo su bautizo
episcopal. Otros resultados profesionales
fueron el compilador GCC y el depurador GDB,
bajo la rúbrica del Proyecto GNU, el tótem
de la lucha por el software redimido.
Efectivamente, bajo el
paraguas moral, político y legal que propone
como alternativa al desarrollo y
distribución del software bajo licencia,
edificó Stallman su mayor influencia. Con
tales hierros inventó el concepto de
Copyleft (aunque no fue él quien le
puso el nombre), un método para licenciar
software de forma tal que este permanezca
perpetuamente libre y su uso y modificación
siempre reviertan en la comunidad.
Richard Mathew nació en 1953
en Manhattan, Nueva York, un par de años
antes que lo hiciera su archirrival Bill
Gates. A los 12 tuvo su primer contacto con
una computadora, una IBM 7094, que lo
atenazó para siempre con la informática,
tanto que a los 18 ingresó en el Laboratorio
de Inteligencia Artificial del Instituto
Tecnológico de Massachussets (MIT), siendo
apenas un estudiante de primer año de Física
en la Universidad de Harvard, carrera que
nunca terminó.
 |
|
En 1985 Stallman creó una
alternativa libre al sistema operativo Unix,
el GNU. Este en inglés se pronuncia ñu,
así que este mamífero africano se convirtió
a en su logotipo |
En esa época, compartir el
software no acarreaba ningún problema y
hasta formaba parte de la cultura hacker
(de su lado lúdico, no del trasgresor) a la
que se consagraba Stallman. Pero a comienzos
de los 80 el afán comercializador de la
industria del software comenzó a apretar el
cuello con la corbata. Incluso algunos
colegas fundaron la compañía Symbolics, la
cual intentaba activamente reemplazar el
software libre del Laboratorio con su propio
software privativo.
Durante dos años, desde 1983
a 1985, Stallman por sí solo duplicó los
esfuerzos con respecto al de los
programadores de Symbolics, para impedir que
adquirieran un monopolio sobre los
ordenadores del Laboratorio. Pero para
entonces él era el último de esa generación
romántica, una especie en extinción.
Un ñu pasta en el disco duro
Cierto día pasaron
pidiéndole que firmara un acuerdo de no
divulgación de los programas y que llevara a
cabo otras acciones que él consideró una
traición a sus principios. "Fácil era unirme
al mundo del software propietario", comentó
años después. "Firmar los acuerdos y
prometer que no iría en ayuda de mi amigo
hacker. Podría haber hecho dinero de
esta manera, y tal vez me hubiera divertido
escribiendo códigos. Pero sabía que al final
de mi carrera, al mirar atrás los años
construyendo paredes para dividir a la
gente, sentiría que usé mi vida para
empeorar el mundo."
Ese escozor lo impulsó a
publicar en 1985 el Manifiesto GNU,
en el cual declaraba sus intenciones y
motivaciones para crear, en primer lugar,
una alternativa libre al sistema
operativo Unix. Así creó el equivalente
GNU, cuyo nombre eligió siguiendo una
tradición hacker, como acrónimo
recursivo para GNU's Not Unix
("GNU No es Unix"). Como GNU en inglés se
pronuncia ñu, escogió como logotipo
un dibujo de este mamífero africano.
Desde entonces, el gurú
Stallman se encarga de difundir la ideología
GNU en todo el mundo mediante charlas y
conferencias, en las que predica con su voz
robótica: "Ser libre es no tener amo.
Microsoft y los que desarrollan software
privativo quieren convertirse en los amos
del ciberespacio, y vivir bajo su poder es
no tener una vida libre. Así que hemos
construido otro continente en el
ciberespacio donde no hay amos, para vivir
en libertad."
Para coordinar los
esfuerzos, tiempo después creó la
Fundación de Software Libre (FSF, siglas
en inglés) y caviló en 1989 el concepto de
Copyleft, utilizado en la Licencia
Pública General GNU (conocida
generalmente como GPL).
A la par se fue completando
la mayoría del sistema GNU, excepto el
núcleo, que empezaba a dar más dolores de
cabeza que los calculados. Afortunadamente,
Linus Torvalds liberó el núcleo Linux
en 1991 bajo los términos de la GPL, y así
se completó el sistema operativo GNU/Linux.
A partir de entonces,
millones de programadores se unieron a la
doctrina y una gran cantidad de aplicaciones
hoy se distribuye y mejora por los propios
usuarios. Por su parte, RMS, autor de libros
como El derecho a leer, Software
libre para una sociedad libre y El
sin-sentido de las patentes, no ha
dejado de recibir burlas, pero acopia aun
más premios, doctorados honoríficos y
micrófonos para hacerse escuchar.
 |
|
"Las obras de conocimiento deben ser
libres, no hay razones para que no sea
así", defiende el insurrecto programador
|
Hoy se encuentra trabajando
en una nueva versión de la Licencia Pública
y General, movido por aquel inicial sustento
moral, el mismo que hoy le permite dormir
tranquilamente sobre el colchón itinerante y
le justifica el sentido de su acción cuando
consulta con la almohada: "Tenía que hacerlo
para vivir una vida ética".
Escapando de la inercia
Decía Mark Twain que
un hombre con una idea nueva es un loco,
hasta que la idea triunfa. Stallman, por su
parte, sostiene que el software libre
ayudaría a los países pobres a acortar la
brecha digital que los aleja de los
desarrollados. Para él, las patentes no solo
son una fórmula de dominación, sino también
un freno para el desarrollo de nuevas
aplicaciones.
"La política de uso masivo y
social de las tecnologías informáticas y de
telecomunicaciones permite escapar a Cuba
de la inercia en el empleo del software
privativo", valoró en el Palacio de
Convenciones habanero el presidente de la
Fundación de Software Libre.
En perfecto castellano
explicó que los beneficios de programación
en software libre o de código abierto para
la Isla coinciden con los cuatro principios
fundamentales de este tipo de programación.
El primero, la capacidad de usar el programa
con cualquier propósito y, el segundo,
estudiar este y adaptarlo a las necesidades
particulares. Tener acceso al código fuente
y poder distribuir copias del software es el
tercer principio, mientras el último es la
libertad de mejorar el programa y hacer
públicas estas mejoras para los demás.
Stallman enfatizó que para
esta nación bloqueada económica, comercial y
financieramente hace más de 40 años por el
Gobierno de Estados Unidos, el no
suscribirse a diseños en operadores de
código cerrado o restrictivo es una
posibilidad para el desarrollo de productos
digitales. Entonces sonrió y por instantes
unos fuelles bajo los ojos delataron su edad
real: "Las obras de conocimiento deben ser
libres, no hay razones para que no sea así."