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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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El sol y la piel

Salvar el pellejo

Lucir una piel blanca era símbolo de belleza a inicios del siglo XX. Hoy el bronceado suele ser sinónimo de juventud y vida sana, si se sabe conjugar estética, moda y salud

Por: BARBARA AVENDAÑO
nacionales@bohemia.co.cu

(31 de julio de 2007)

La mujer se refugió bajo una sombrilla de playa y lamentó aquel maratónico día de sol. Hubiera preferido exponerse solo un rato en ese, su primer baño de mar del verano. El resplandor le agredía la vista y la piel. Por eso miró con ojeriza a una adolescente tendida en la arena de cara al cielo ardiente, con el evidente propósito de borrar a toda costa la palidez que el invierno había estampado en su cuerpo.

 Decenas de personas disfrutando del turismo de naturaleza dentro de un río
 (Foto:RAFAEL TORRES ESCOBAR)

Además...

.Tipos de piel
. Amigo

La figura inmóvil de la muchacha estaba aderezada con una mezcla de aceite, sudor y arena. Desde su escondite protector, la mujer la comparó con un asado a la parrilla. La joven era, sin dudas, una adoradora del astro rey, que espléndido le regalaba el color bronceado para exhibir después ante sus amigos.

Como ella, muchas personas esperan el inicio de la temporada veraniega no solo para bañarse en el mar, sino para rendirse ante el destello del sol y resplandecer con una nueva presencia. Dorarse no es pernicioso si se hace con moderación. Sin embargo, solearse de manera excesiva, principalmente al mediodía, puede causar perjuicios irreversibles en la piel.

Entre estos, el más común es la quemadura solar, muy molesta, porque provoca eritema (enrojecimiento de la piel), signos inflamatorios y ampollas. En caso de que la radiación haya sido intensa, a las alteraciones cutáneas se asocian síntomas generales como vómitos, cefaleas, náuseas y fiebre.

Si con el tiempo el daño solar es continuado, aparecen el envejecimiento prematuro (fundamentalmente arrugas), que puede acelerar de cinco a diez años la edad que representa el individuo; las lesiones premalignas, el cáncer de piel, y otras enfermedades dermatológicas. La visión también suele perturbarse con males como la queratitis, conjuntivitis y catarata.

Las estadísticas actuales sugieren que sumar seis o más quemaduras por sol en la vida, sobre todo antes de los 20 años, incrementa significativamente el riesgo de padecer problemas en la piel. Los especialistas aseguran que el 80 por ciento de las afectaciones cutáneas son consecuencia de las radiaciones solares.

Se apunta a las culpables

 El sol sobre el horizonte

 El Sol, fuente de vida, pero también perjudicial si no se respeta
 (Foto: MANUEL PINELO)

Dentro de las radiaciones solares, las más perjudiciales para la piel son las ultravioletas (UV), que se dividen en tres subtipos: UV-A, UV-B y UV-C.   Las UV-A son responsables de la pigmentación inmediata de la piel (proceso del bronceado). Penetran menos profundamente en esta y pueden causar eritemas, enrojecimiento, manchas y envejecimiento cutáneo porque destruyen el colágeno, un componente que le aporta elasticidad a la epidermis.

Los rayos UV-B poseen mayor energía, muy dañina, pero que es parcialmente absorbida por la capa de ozono y las nubes. Además de las peligrosas quemaduras, tienen la propiedad de incitar un aumento del grosor cutáneo y el melanoma, la forma más mortal de cáncer de piel. Los UV-C son los más agresivos, pero afortunadamente no llegan a traspasar la capa de ozono porque la atmósfera los retiene.

Tanto los UV-A como los UV-B desencadenan reacciones en todas las capas de la piel, estimulan la producción de nuevo pigmento, inducen la muerte celular, y sobre todo, mutaciones en el ácido desoxirribonucleico (ADN).

Uno de los problemas más urgentes que hoy afectan el medioambiente mundial es el debilitamiento de la capa de ozono que protege al planeta de esos dañinos rayos ultravioletas. La contaminación química con clorofluorocarbonos (sustancias presentes en los equipos de refrigeración y aerosoles), ha erosionado el fino velo defensor de la Tierra.

Los cambios evidentes en la atmósfera hacen que el sol sea ahora aún más poderoso y perjudicial para la vida de lo que fue hace incluso 50 años. Si se tiene en cuenta tal deterioro, es comprensible que aumente el riesgo masivo de padecer enfermedades relacionadas con la radiación solar.

No es posible ver la luz UV, pero sí el daño que causa en nuestra epidermis. Una quemadura en una persona con piel muy clara puede ocurrir en menos de 15 minutos de exposición al sol del mediodía.

Al desafiar de manera prolongada los rayos solares, las células de la piel liberan melanina, una sustancia que actúa como una barrera para evitar que la epidermis sufra quemaduras por la acción del sol. Su producción se activa por los rayos ultravioletas y su objetivo es neutralizar los radicales libres, moléculas capaces de iniciar reacciones químicas y causar deterioro celular.

La presencia de melanina puede ser natural, es decir, sin un estímulo previo, o elaborarse tras el enrojecimiento provocado por la quemadura solar. Aunque esta sustancia evita quemarse en gran medida, no impide los daños que a mediano y largo plazos ejercen los rayos sobre la piel. Por esa razón, tener la tez morena solo permitirá sufrir menos ardor en comparación con las personas de piel clara, pero no protege contra los efectos de las radiaciones.

Estudios científicos realizados en las últimas décadas demuestran que ante la agresión solar todos los componentes de la piel reaccionan defensivamente. La epidermis se torna más gruesa, los vasos de la dermis se dilatan, semejando el color rojo tomate, surge el edema y la supresión del sistema inmune local.

¿Cómo protegerse?

Pareja saliendo del mar
Las horas menos dañinas para bañarse en el mar son temprano en la mañana y después de las cuatro de la tarde
 (Foto: MANUEL PINELO)

Aunque la piel es una barrera que nos preserva, no es una coraza invencible. No hay que descartar el deseo de broncearse, pero sí es necesario combinarlo con el cuidado de la salud. Para ello se aconseja evitar bañarse entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, horario de mayor intensidad de los rayos solares.

Para comprobar el rigor del astro en tal período, haga la prueba de la sombra: si la sombra que usted proyecta es más pequeña que su estatura, permanezca guarecido si le es posible. Lo recomendable es exponerse al sol por períodos cortos, repetidos durante varios días, e ir adquiriendo poco a poco la tonalidad ansiada.

También puede protegerse con sombrillas, sombreros, gorras y gafas. Aplicar Factor de Protección Solar (SPF, por sus siglas en inglés) de entre 15 y 30, sobre la piel seca unos 45 minutos antes de salir al exterior y después de bañarse en el mar, piscinas, ríos…, además de usar cremas para hidratar y nutrir la piel.

No se debe permanecer tumbado inmóvil durante más de un cuarto de hora seguido. Tampoco dormir bajo el sol. Conviene beber pequeñas cantidades de agua y aplicarla sobre el cuerpo. Si la exposición se realiza en las horas fatales, hay que protegerse mucho más con ropas de algodón oscuras y secas, porque las prendas mojadas se adhieren a la piel, eliminan la capa de aire entre ambas y la capacidad de filtrar la radiación.

Ante la aparición de quemaduras de sol leves son varias las sugerencias. Algunas invitan a untar las áreas del cuerpo afectadas con lociones suavizantes, fomentos de sábila y manzanilla, hacer reposo y tomar sedantes. La aspirina ayuda a disminuir la inflamación, aunque no el mal causado.

Nueva esperanza

Persona que sufre de cáncer de piel o melanoma

 El melanoma, la forma más grave de cáncer de piel

Desde inicios de este año, un hallazgo ha creado expectativas entre la comunidad científica mundial. Especialistas norteamericanos descubrieron que el gen conocido como p53, cuya función primordial es la supresión del cáncer, también parece proteger contra el daño provocado por el sol, a la vez que promueve un bronceado dorado.

Según los investigadores del tema, esta revelación podría conducir algún día a mejores maneras de prevenir el cáncer de piel, el cual desarrollan en el mundo entre dos y tres millones de personas anualmente.

El doctor David Fisher, autor principal del estudio y director del programa de melanoma del Instituto contra el cáncer Dana Farber, de la Facultad de Medicina de Harvard, ha dicho que esto da la oportunidad de observar las poblaciones humanas con riesgo variado de desarrollar cáncer de piel, en lugar de solo estimarlo.

Los expertos coinciden en que tiene sentido que la mayoría de los carcinomas cutáneos tengan mutaciones en el p53 porque su función es protegernos. Saber que este gen forma parte de ese proceso alienta a Fisher, quien asegura que ello permite identificar potencialmente medicamentos que podrían restablecer esta respuesta en diferentes etapas.

Pero mientras los científicos llegan a una conclusión, salve usted su pellejo. Una agradable envoltura garantiza la primera impresión, pero también la existencia.