La mujer se refugió bajo una
sombrilla de playa y lamentó aquel
maratónico día de sol. Hubiera preferido
exponerse solo un rato en ese, su primer
baño de mar del verano. El resplandor le
agredía la vista y la piel. Por eso miró con
ojeriza a una adolescente tendida en la
arena de cara al cielo ardiente, con el
evidente propósito de borrar a toda costa la
palidez que el invierno había estampado en
su cuerpo.
La figura inmóvil de la
muchacha estaba aderezada con una mezcla de
aceite, sudor y arena. Desde su escondite
protector, la mujer la comparó con un asado
a la parrilla. La joven era, sin dudas, una
adoradora del astro rey, que espléndido le
regalaba el color bronceado para exhibir
después ante sus amigos.
Como ella, muchas personas
esperan el inicio de la temporada veraniega
no solo para bañarse en el mar, sino para
rendirse ante el destello del sol y
resplandecer con una nueva presencia.
Dorarse no es pernicioso si se hace con
moderación. Sin embargo, solearse de
manera excesiva, principalmente al mediodía,
puede causar perjuicios irreversibles en la
piel.
Entre estos, el más común es
la quemadura solar, muy molesta, porque
provoca eritema (enrojecimiento de la
piel), signos inflamatorios y ampollas. En
caso de que la radiación haya sido
intensa, a las alteraciones cutáneas se
asocian síntomas generales como vómitos,
cefaleas, náuseas y fiebre.
Si con el tiempo el daño
solar es continuado, aparecen el
envejecimiento prematuro
(fundamentalmente arrugas), que puede
acelerar de cinco a diez años la edad que
representa el individuo; las lesiones
premalignas, el cáncer de piel, y otras
enfermedades dermatológicas. La visión
también suele perturbarse con males como la
queratitis, conjuntivitis y catarata.
Las estadísticas actuales
sugieren que sumar seis o más quemaduras por
sol en la vida, sobre todo antes de los 20
años, incrementa significativamente el
riesgo de padecer problemas en la piel.
Los especialistas aseguran que el 80 por
ciento de las afectaciones cutáneas son
consecuencia de las radiaciones solares.
Se apunta a las culpables
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El Sol, fuente de vida, pero también
perjudicial si no se respeta
(Foto: MANUEL PINELO) |
Dentro de las radiaciones
solares, las más perjudiciales para la piel
son las ultravioletas (UV), que se dividen
en tres subtipos: UV-A, UV-B y UV-C. Las
UV-A son responsables de la
pigmentación inmediata de la piel (proceso
del bronceado). Penetran menos profundamente
en esta y pueden causar eritemas,
enrojecimiento, manchas y envejecimiento
cutáneo porque destruyen el colágeno,
un componente que le aporta elasticidad a la
epidermis.
Los rayos UV-B poseen
mayor energía, muy dañina, pero que es
parcialmente absorbida por la capa de ozono
y las nubes. Además de las peligrosas
quemaduras, tienen la propiedad de incitar
un aumento del grosor cutáneo y el
melanoma, la forma más mortal de
cáncer de piel. Los UV-C son los
más agresivos, pero afortunadamente no
llegan a traspasar la capa de ozono porque
la atmósfera los retiene.
Tanto los UV-A como los UV-B
desencadenan reacciones en todas las capas
de la piel, estimulan la producción de nuevo
pigmento, inducen la muerte celular, y sobre
todo, mutaciones en el ácido
desoxirribonucleico (ADN).
Uno de los problemas más
urgentes que hoy afectan el medioambiente
mundial es el debilitamiento de la capa de
ozono que protege al planeta de esos dañinos
rayos ultravioletas. La contaminación
química con clorofluorocarbonos
(sustancias presentes en los equipos de
refrigeración y aerosoles), ha erosionado el
fino velo defensor de la Tierra.
Los cambios evidentes en la
atmósfera hacen que el sol sea ahora aún más
poderoso y perjudicial para la vida de lo
que fue hace incluso 50 años. Si se tiene en
cuenta tal deterioro, es comprensible que
aumente el riesgo masivo de padecer
enfermedades relacionadas con la radiación
solar.
No es posible ver la luz UV,
pero sí el daño que causa en nuestra
epidermis. Una quemadura en una persona con
piel muy clara puede ocurrir en menos de 15
minutos de exposición al sol del mediodía.
Al desafiar de manera
prolongada los rayos solares, las células de
la piel liberan melanina, una
sustancia que actúa como una barrera para
evitar que la epidermis sufra quemaduras por
la acción del sol. Su producción se activa
por los rayos ultravioletas y su objetivo es
neutralizar los radicales libres, moléculas
capaces de iniciar reacciones químicas y
causar deterioro celular.
La presencia de melanina
puede ser natural, es decir, sin un estímulo
previo, o elaborarse tras el enrojecimiento
provocado por la quemadura solar. Aunque
esta sustancia evita quemarse en gran
medida, no impide los daños que a mediano y
largo plazos ejercen los rayos sobre la
piel. Por esa razón, tener la tez morena
solo permitirá sufrir menos ardor en
comparación con las personas de piel clara,
pero no protege contra los efectos de las
radiaciones.
Estudios científicos
realizados en las últimas décadas demuestran
que ante la agresión solar todos los
componentes de la piel reaccionan
defensivamente. La epidermis se torna más
gruesa, los vasos de la dermis se dilatan,
semejando el color rojo tomate, surge el
edema y la supresión del sistema inmune
local.
¿Cómo protegerse?
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Las horas menos dañinas para bañarse en
el mar son temprano en la mañana y
después de las cuatro de la tarde
(Foto:
MANUEL PINELO) |
Aunque la piel es una
barrera que nos preserva, no es una coraza
invencible. No hay que descartar el deseo de
broncearse, pero sí es necesario combinarlo
con el cuidado de la salud. Para ello se
aconseja evitar bañarse entre las diez de la
mañana y las cuatro de la tarde, horario de
mayor intensidad de los rayos solares.
Para comprobar el rigor del
astro en tal período, haga la prueba de la
sombra: si la sombra que usted proyecta es
más pequeña que su estatura, permanezca
guarecido si le es posible. Lo recomendable
es exponerse al sol por períodos cortos,
repetidos durante varios días, e ir
adquiriendo poco a poco la tonalidad
ansiada.
También puede protegerse con
sombrillas, sombreros, gorras y gafas.
Aplicar Factor de Protección Solar (SPF, por
sus siglas en inglés) de entre 15 y 30,
sobre la piel seca unos 45 minutos antes de
salir al exterior y después de bañarse en el
mar, piscinas, ríos…, además de usar cremas
para hidratar y nutrir la piel.
No se debe permanecer
tumbado inmóvil durante más de un cuarto de
hora seguido. Tampoco dormir bajo el sol.
Conviene beber pequeñas cantidades de agua y
aplicarla sobre el cuerpo. Si la exposición
se realiza en las horas fatales, hay que
protegerse mucho más con ropas de algodón
oscuras y secas, porque las prendas mojadas
se adhieren a la piel, eliminan la capa de
aire entre ambas y la capacidad de filtrar
la radiación.
Ante la aparición de
quemaduras de sol leves son varias las
sugerencias. Algunas invitan a untar las
áreas del cuerpo afectadas con lociones
suavizantes, fomentos de sábila y
manzanilla, hacer reposo y tomar sedantes.
La aspirina ayuda a disminuir la
inflamación, aunque no el mal causado.
Nueva esperanza
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El melanoma, la forma más grave de
cáncer de piel
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Desde inicios de este año,
un hallazgo ha creado expectativas entre la
comunidad científica mundial. Especialistas
norteamericanos descubrieron que el gen
conocido como p53, cuya función primordial
es la supresión del cáncer, también parece
proteger contra el daño provocado por el
sol, a la vez que promueve un bronceado
dorado.
Según los investigadores del
tema, esta revelación podría conducir algún
día a mejores maneras de prevenir el cáncer
de piel, el cual desarrollan en el mundo
entre dos y tres millones de personas
anualmente.
El doctor David Fisher,
autor principal del estudio y director del
programa de melanoma del Instituto contra el
cáncer Dana Farber, de la Facultad de
Medicina de Harvard, ha dicho que esto da la
oportunidad de observar las poblaciones
humanas con riesgo variado de desarrollar
cáncer de piel, en lugar de solo estimarlo.
Los expertos coinciden en
que tiene sentido que la mayoría de los
carcinomas cutáneos tengan mutaciones en
el p53 porque su función es protegernos.
Saber que este gen forma parte de ese
proceso alienta a Fisher, quien asegura que
ello permite identificar potencialmente
medicamentos que podrían restablecer esta
respuesta en diferentes etapas.
Pero mientras los
científicos llegan a una conclusión, salve
usted su pellejo. Una agradable envoltura
garantiza la primera impresión, pero también
la existencia.