El mundo está observando,
fue el mensaje de los activistas de la
organización ecologista Greenpeace, quienes
vestidos como ojos gigantes y acarreando una
esfera inmensa, se congregaron en las
afueras de la sala de conferencias de Viena,
a finales del recién concluido mes de
agosto. En la capital de Austria,
representantes de más de 150 países
negociaban sobre el clima. Los
ambientalistas demostraban así su
inconformidad "con el gélido espíritu de las
conversaciones globales sobre el cambio
climático".
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(Ilustración: ROBERTO FIGUEREDO)
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En esta ocasión, el octavo
mes del año tuvo más razones para arder. En
Austria, los termómetros registraron
temperaturas altas desde el primer día de
los debates, cuando se abogó por un acuerdo
internacional más allá de 2012. Este deberá
reemplazar al Protocolo de Kyoto –que
obliga a 35 naciones industrializadas a
reducir las emisiones contaminantes entre
2008 y 2012-, para incluir a los países que
no son parte, como Estados Unidos, el
máximo generador de gases de efecto
invernadero provenientes de la quema de
combustibles fósiles.
El nuevo pacto mundial
todavía está por nacer. Para concebir el
alumbramiento del sucesor de Kyoto, los
ministros de Medio Ambiente
promoverán conversaciones formales de dos
años en su próxima reunión de diciembre, en
Bali, Indonesia, camino allanado ahora, en
la veraniega cita vienesa.
El tema del calentamiento
global se mantiene en la palestra, a
pesar de que algunos pocos en el mundo lo
consideren una doctrina defendida por
fanáticos. Científicos del mundo pierden
horas de sueño intentando ganar tiempo de
vida, pues la realidad evidencia que el
planeta está calentándose, y sus efectos ya
se sienten, particularmente en las naciones
en vías en desarrollo, dependientes
básicamente de la agricultura.
El Panel Intergubernamental
del Cambio Climático (IPCC, por sus siglas
en inglés) de la Organización de Naciones
Unidas (ONU), integrado por expertos de más
de cien países, en su primer informe de
febrero de este año responsabilizó a los
humanos por el calentamiento global durante
los últimos 50 años. En su segundo reporte,
que estuvo listo en abril, advirtió que el
fenómeno causará más daños y a más corto
plazo de lo que se preveía: "Las
temperaturas aumentarán entre 1,5 y 2,5
grados, el nivel del mar subirá, y el 30 por
ciento de las especies desaparecerá".
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El incremento global de los mares es de
tres milímetros al año como promedio,
desde 1993
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Según el análisis,
ecosistemas como los corales, los polos, la
tundra, los bosques boreales o los montes y
las regiones mediterráneas se verán
inevitablemente afectados. También serían
dañados los océanos y los entornos marinos
en general, así como los recursos pesqueros.
Entre las zonas más amenazadas están el
Ártico, el África subsahariana, las islas de
menor tamaño y los grandes deltas de Asia.
Los pobres clasifican como
las principales víctimas. Se estima que la
sequía y el deshielo dejarían sin agua dulce
a mil millones de personas -50 millones de
ellas en las cuencas del sur y del este y
centro de Europa-, mientras que cientos de
millones ya están condenadas a padecer
inundaciones por el aumento del nivel del
mar. El texto añade que el cambio climático
podría ocasionar una reducción importante de
los cultivos en África, de los glaciares del
Himalaya y más olas de calor en Europa y
Norteamérica.
Tras el informe de la ONU,
la Organización Mundial de la Salud
alertó acerca de los efectos que el cambio
climático tendría en la salud humana.
Aumentarían males como la malnutrición, las
enfermedades diarreicas, infecciosas y
respiratorias. Los bosques, las granjas y
ciudades enfrentarían nuevas plagas y los
hábitats de mosquitos portadores de
enfermedades ganarían terreno.
Las crecientes
concentraciones de ozono en la atmósfera
fomentarían los padecimientos
cardiorrespiratorios; con el incremento de
fenómenos meteorológicos extremos es
previsible un aumento de accidentes, heridas
y muertes. El primer ejemplo ya consta: el
fallecimiento de 35 mil personas en Europa,
durante la ola de calor de 2003.
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El aumento en la evaporación durante
el verano y el otoño podrían exacerbar
las condiciones de sequía y deterioro
agrícola
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Otro estudio, este
presentado por la Organización
Meteorológica Mundial (OMM) en el propio
mes de abril, avivó el fuego. Según
confirmó, las temperaturas de la superficie
de la Tierra en los primeros cuatro meses
del año actual fueron las más elevadas desde
1880, momento en que comenzó este tipo de
observación.
Se quema, se quema…
El clima siempre ha variado,
pero sus investigadores aseguran que no de
manera tan insólita. Ellos atribuyen la
causa a la relación entre el calentamiento
global, con su efecto directo, el cambio
climático y el aumento de las emisiones de
gases de efecto invernadero, tales como el
dióxido de carbono (CO2), metano,
los óxidos nitrosos y clorofluorocarbonos,
provocado esencialmente por las sociedades
industrializadas.
El efecto invernadero es un
fenómeno natural que permite la existencia
en la Tierra. Es originado por gases que se
encuentran en la atmósfera y atrapan parte
del calor del sol reflejado por el planeta
para mantener la temperatura media global en
+15 grados centígrados, favorable a la vida.
Hoy, las concentraciones de
gases invernadero en la atmósfera se
incrementan rápidamente como consecuencia de
la quema de cantidades cada vez mayores de
combustibles fósiles, y la destrucción de
bosques y praderas, que de otro modo podrían
absorber dióxido de carbono y favorecer el
equilibrio de la temperatura.
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La quema de combustibles fósiles
destruye bosques y praderas destinados a
absorber CO2 y
favorecer el equilibrio de la temperatura |
En la medida en que el
planeta se caldea, los casquetes polares se
derriten y menor es la cantidad de calor
reflejado. Esto provocará más calor en la
Tierra y mayor evaporación del agua de los
océanos. El vapor de agua, a su vez, actúa
como un gas invernadero, y recalienta el
globo terráqueo.
La comunidad científica
internacional ha lanzado una advertencia: si
el desarrollo mundial, el crecimiento
demográfico y el consumo energético basado
en los combustibles fósiles continúan
aumentando al ritmo actual, antes del año
2050 las concentraciones de dióxido de
carbono se habrán duplicado con respecto a
las que había antes de la revolución
industrial, con el consecuente saldo para la
vida planetaria.
Científicos del Centro
Nacional para la Investigación Atmosférica y
del Centro Nacional de Datos sobre Nieves e
Hielo de Estados Unidos comprobaron que la
cubierta de hielo del Ártico se está
retirando más rápido que lo estimado por
cualquiera de los 18 modelos informáticos
empleados por el IPCC, cuando preparaba sus
estimaciones para el año 2007.
Como resultado, el Ártico
podría estar estacionalmente despejado de
hielos marinos mucho antes del intervalo
pronosticado por el IPCC, fijado en algún
momento desde el 2050 hasta bien pasado el
2100.
Si bien los modelos señalan
que cerca de la mitad de la pérdida de hielo
desde 1979 hasta 2006 se debió al incremento
de los gases de efecto invernadero, y que la
otra mitad fue consecuencia de las
variaciones naturales en el sistema
climático, el nuevo estudio indica que los
primeros pueden estar desempeñando un papel
significativamente mayor.
Calor huracanado
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Los corales también están amenazados
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En América Latina y el
Caribe, el cambio climático tiende a
incrementar la intensidad y frecuencia de
los huracanes y a modificar los patrones de
precipitaciones. Se prevé, asimismo, un
aumento de los niveles de las riberas en
Argentina y Brasil y una reducción de los
glaciares en la Patagonia y los Andes.
Un informe sobre la región
indica que los latinoamericanos podrían
perder el 50 por ciento de sus tierras
agrícolas en los próximos 40 años. Para
2050, la mitad de las zonas cultivables
estarían afectadas, decenas de millones de
personas quedarían expuestas al hambre y
entre 60 millones y 150 millones, a la
disminución de los recursos de agua, hasta
llegar a 400 millones en 2080.
Para los pequeños Estados
insulares en desarrollo, la vulnerabilidad
se acentúa por su peculiar sensibilidad a
los desastres naturales, la escasez
de recursos de tierra, y la limitada
disponibilidad de recursos humanos, un reto
de particular magnitud para estos países.
¿Qué hacer?
No todo está perdido. El
calentamiento global podría desacelerarse y
hasta revertirse, si los países del mundo
toman la decisión política de hacerlo. Para
mantener en 2030 los actuales niveles de
emisión de gases de efecto invernadero,
habrá que invertir entre 200 mil y 210 mil
millones de dólares, y una gran parte de
esos recursos deberá ser destinada a los
países en desarrollo, según un estudio de la
Convención Marco de la ONU sobre el
Cambio Climático, dado a conocer el 28 de
agosto en la reunión de Viena.
Reportes de agencias
anunciaron que en la referida reunión, Yvo
de Boer, secretario ejecutivo de la
Convención Marco, dijo: "Con el tiempo hemos
comprendido mejor que si bien los orígenes
del cambio climático pueden ser un tema
medioambiental, han tenido un impacto en las
áreas económica y social, y por lo tanto, en
gran medida la respuesta tendrá que ser
económica".
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El aumento en las temperaturas globales
acelerará el derretimiento de los
glaciares. En la foto, una grieta en el Himalaya |
En la propia cita, la ONU
pidió un mayor compromiso de los países
desarrollados en la lucha contra el cambio
climático. Ojalá no sea solo un reclamo.
Expertos afirman que la
principal fuente de contaminación por la
emisión de CO2 son las plantas de
generación de energía con carbón, pues
emiten dos mil 500 millones de toneladas al
año. La segunda causa son los automóviles,
lanzan casi mil 500 millones de toneladas de
CO2 al año.
En el mundo ya existen
tecnologías capaces de lograr que los
automóviles funcionen de una forma más
limpia y quemen menos gasolina. Otras
posibilitan modernizar las plantas
generadoras de energía y producir
electricidad a partir de fuentes no
contaminantes. Pero para corregir el
problema y prevenir el continuo deterioro
climático, es necesario también el acceso
del Sur a estas soluciones y reducir el
consumo eléctrico mediante el uso eficiente
de energía.
Las fórmulas propuestas
incluyen capturar y enterrar las emisiones
de plantas que funcionan con carbón; un
cambio hacia fuentes renovables de
energía como la solar, eólica y
geotérmica; mayor uso de la energía nuclear;
una iluminación más eficiente, y el
aislamiento de los edificios. Esto último
permite un ahorro de las fuentes energéticas
destinadas a la climatización de viviendas
(calefacción y refrigeración) de entre el 35
y el 40 por ciento del consumo actual.
Estudios de organismos
internacionales sugieren, además, usar
equipos más eficientes en los hogares y
oficinas, para reducir la demanda de
electricidad.
La humanidad tiene ante sí
el reto de combinar el desarrollo con el
logro de la supervivencia. Lo recuerda el
artista español
con sus piezas sobre el desafío del cambio
climático. Las instaló a finales de agosto,
y pretende mantenerlas hasta octubre, en las
inmediaciones de la sede de la ONU en Nueva
York, mientras tengan lugar las próximas
sesiones de trabajo para discutir el asunto.
La obra, titulada El
jardín antes de la serpiente, nombre
tomado de un clásico del pintor naif
francés Henri Rousseau, está compuesta por
diez esculturas en forma de tótem. Es una
invitación a reflexionar sobre la fragilidad
de la naturaleza.
En otro intento por salvar
el planeta, ambientalistas han convocado al
Día de Acción contra el Calentamiento
Global, para el 8 de noviembre. Una
llamada a la intervención inmediata de los
gobernantes, instituciones, empresarios y
ciudadanía en general.
Quizás pocos en el mundo
respondieron a la convocatoria hecha por
Greenpeace en julio pasado, para buscar
voluntarios dispuestos a desnudarse en uno
de los glaciares de los Alpes suizos, a
mediados de este agosto. El instante sería
inmortalizado por el fotógrafo
norteamericano Spencer Tunick (conocido por
sus fotografías de desnudos colectivos),
como parte de una campaña destinada a
simbolizar tanto la vulnerabilidad de estas
masas de hielo, como del cuerpo humano.
Sin embargo, fueron muchas
más personas, quienes sudando la gota gorda
en mitad de este verano, aseguraron
experimentar un calor inusual, aunque no lo
asociaran con que el mundo se encuentra en
una situación límite. Ya quedó atrás el
tiempo de las advertencias.