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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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CUBA 1949

Ultraje yanqui a Martí

Ante la profanación de la estatua del Apóstol en el Parque Central de La Habana, perpetrada por marinos estadounidenses, se alzó en protesta todo el pueblo, liderado por la FEU

Por PEDRO ANTONIO GARCÍA (cultura@bohemia.co.cu)
Fotos: Archivo de BOHEMIA

(12 de febrero de 2009)

Marines yanquis sobre la estatua de José Martí
La histórica foto de los marines
profanando la estatua del Apóstol

En un principio, los pronósticos auguraban que la noche del viernes 11 de marzo de 1949 no iba a ser en La Habana, de modo alguno, apacible. Pero esos pronósticos erraron en señalar exactamente el lugar del conflicto. Se celebraban unas reñidas elecciones estudiantiles en el Instituto número uno (que después de la Revolución fue el Preuniversitario José Martí) y la policía, previendo posibles disturbios, había concentrado en la calle Zulueta varias perseguidoras. Entretanto, en el Parque Central, a pocos metros de allí, todo parecía acontecer en la normalidad.

Esa noche, miembros de las dotaciones de los barreminas Rodman, Hobson y Jeffers; el portaaviones Palau y el remolcador Papago, pertenecientes a la Marina de los Estados Unidos, surtos en el puerto de La Habana, habían bajado a tierra. Tras protagonizar una escandalosa juerga a lo largo del Prado capitalino, tres tripulantes del Rodman, el sargento Herbert Dave White y los marineros George Jacob Wagner y Richard Choingsby, comenzaron a trepar por el monumento al Apóstol en el Parque Central. De ellos, solo Choingsby logró encaramarse sobre los hombros de la estatua. Sus dos compañeros, al verlo en la cima, lo ovacionaron como a un héroe.

Varios cubanos, transeúntes habituales de la zona o consumidores ocasionales de las cafeterías cercanas, se arremolinaron indignados en torno a los marinos. Se entabló una discusión bilingüe que nadie pudo traducir. Ante los gestos amenazantes de los habaneros, Choingsby usó el monumento de urinario público. Bajo una lluvia de certeras pedradas, los airados cubanos obligaron al profanador a descender de la estatua. Solo la llegada oportuna de las perseguidoras lo salvó de la ira popular.

La policía, para hacer valer su condición de cipaya, la emprendió a toletazos contra su propio pueblo. Al final, arrestaron a los marinos, más por el afán de protegerlos del pueblo indignado que por cumplir con su deber.

Un fotógrafo que casualmente pasaba por el Parque Central en los momentos de la profanación y permaneció allí hasta el final, sin que nadie se percatara captó todas esas imágenes para la historia. Unas horas después, sus fotos fueron publicadas por el diario Alerta, en su edición de la mañana y reproducidas por el periódico Hoy en diversas tiradas.

Piedras contra la embajada

Estudiantes y pueblo cubano en un mitin de protesta en el Parque Central
La FEU logró reunir a estudiantes y
pueblo en general en sus mítines
en el Parque Central

En 1949, Baudilio Castellanos (Bilito) cursaba Derecho en la Universidad de La Habana. “Lo que vimos los estudiantes por la mañana, cuando llegamos a la Plaza Cadenas, en la última página del periódico Alerta, desplegado con grandes fotos, muy gráfico, era un insulto.”

El luego abogado defensor de muchos revolucionarios durante la tiranía batistiana, ya fallecido, recordaría en una entrevista realizada en 1999: “Nos congregamos frente a la Escuela de Derecho. Alguien sugirió irnos al Parque Central y de modo espontáneo todo el mundo dijo: vamos. Cogimos tranvías, guaguas, cuanto vehículo fuera para allá; y empezamos a organizar mítines junto a la estatua de Martí”.

“Todo el que se paraba a hablar pronunciaba un discurso condenatorio. Ya no éramos solo los de la Universidad, había mucho pueblo y también los alumnos del Instituto. Entonces, ante una masa enfurecida, surgió una voz: A la embajada (norte) americana. Y fuimos para la embajada.”

Antes de partir, depositaron una ofrenda floral con un lazo negro junto a la estatua del Apóstol. En la corona, podía leerse una inscripción: “Martí, tu estatua ha sido profanada. El pueblo y la FEU están de luto”.

Según el testimonio de Bilito, “cogimos por Obispo hacia el mar, donde estaba la embajada entonces, frente a la Plaza de Armas, un edificio que se llamaba Horter, en Obispo y Oficios. Allí se acumularon cientos de personas espontáneamente, estudiantes, obreros, gente de pueblo”.

“Empezamos a buscar piedras. Fue el único ataque a la embajada (norte) americana en la república neocolonial, que yo tenga noticias, la que hizo nuestra generación. Alguien, sobre los hombros de Fidel, quería arrancar el escudo que tenía la embajada.”

“En eso bajó el embajador Butler, rodeado de su escolta, empieza a dar disculpas y el pueblo insultándolo, nadie quería oírlo; y la gente trayendo más piedras. Y por el fondo de la calle empezaron a llegar las perseguidoras y el primero que se deja ver fue el teniente Salas Cañizares, quien ordena a los policías a dar fustazos con el ‘bicho de buey’, a la multitud.”

“Traté de proteger a Alfredo Guevara, aún convaleciente de una enfermedad, y me entraron a chuchazos por la espalda. Fidel, que está al lado mío, me llevó hasta una Casa de Socorros y exigió un certificado médico de lesiones. Al levantarme la camisa, un fotógrafo de BOHEMIA que allí estaba captó la imagen y la publicó en la revista después.”

“Con el certificado de lesiones fuimos al Ministerio de Gobernación y Fidel le dijo al oficial de guardia: ‘Venimos a acusar de atropello al Ministro como responsable directo de las acciones de la policía’. El oficial, muy atemorizado, le suplicó: ‘No me perjudique, señor, yo con mi sueldecito sostengo a mi familia’. Fidel lo tranquilizó y nos fuimos a la estación de policía de Dragones y Zulueta. Allí sí hicimos la denuncia.”

La embajada contraataca

Protesta frente a la antigua embajada norteamericana
Ante la embajada yanqui comienza a
concentrarse pueblo para protestar
contra el vandálico hecho

Los estudiantes acudieron en busca de asesoría a sus profesores de la Universidad. De acuerdo con el relato de Baudilio Castellanos, “uno de ellos, de Derecho Penal y Procesal, nos dijo que los hechos y delitos contra el orden público interno debían juzgarse en el lugar donde se cometieron, por tanto eran las autoridades cubanas las que tenían competencia para juzgar a los profanadores”.

“Con estos principios de Derecho, empezamos a movilizar a la opinión pública para que se juzgaran en Cuba a los marinos. Usamos la prensa y expusimos esas argumentaciones al pueblo en una gran concentración en el Parque Central, que terminó en una condenación al lacayismo del Gobierno de Prío.”

La embajada de los Estados Unidos, ante el curso que estaban tomando los acontecimientos, se decidió a actuar. Míster Robert Butler, el máximo representante del Imperio, antes de enviar una costosa corona de flores a la estatua de Martí que fue quemada por el pueblo, visitó la sede de la Cancillería cubana, ubicada entonces en una vieja casona de la Avenida de las Misiones, donde hoy se halla la embajada de España. Tras entrevistarse con el titular cubano, en el salón de espera de la mansión leyó una nota de desagravio en nombre de su gobierno ante periodistas y estudiantes congregados allí. Al citar la intervención yanqui de 1898 como una muestra de la amistad entre los dos pueblos, el entonces estudiante Alfredo Guevara le interrumpió con un dejo cargado de ironía: “Sí, ustedes nos ayudaron a ser libres para luego encadenarnos con la Enmienda Platt”.

En reunión aparte con los periodistas, el embajador estadounidense prometió el castigo de los profanadores: “La pena la fijarán las autoridades navales de mi país, donde serán juzgados en Consejo de Guerra, pero les aseguro que será fuerte, como la señalan nuestras leyes”.

Tal vez hubo otras reuniones, más secretas y menos protocolares, con ciertos dueños de diarios y emisoras radiales. Lo cierto es que el 13 de marzo, el matutino Diario de la Marina, al comentar “el noble desagravio del embajador míster Butler a José Martí y a Cuba”, propuso “cerrar el incidente”, coincidiendo con el vespertino Prensa Libre que lo daba ya “como liquidado”.

Solo el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular, siguió condenando el hecho y relacionándolo con el injerencismo secular de sucesivos gobiernos de la nación norteña en Cuba. Para colmo, a Eduardo Chibás y a Salvador García Agüero, quienes iban a referirse a esos sucesos en sus horas radiales, la CMQ les canceló sus espacios el domingo 13 de marzo, bajo la excusa de que la programación de ese día “estaba dedicada íntegramente a conmemorar el aniversario de la emisora”.

Justicia made in USA

Corona de flores destruida por el pueblo cubano como protesta
Estado en que el pueblo dejó la costosa
corona enviada por el embajador Butler
en desagravio por la profanación

El ministro de Gobernación y las instancias judiciales también declararon cerrado el caso y a la denuncia por atropello al teniente Salas Cañizares y a los policías subordinados a él nunca se le dio curso. Al saberse impune y respaldado, Salas continuó propinando golpizas al pueblo y en una de ellas, dos años después, asesinó a sangre fría al obrero ortodoxo Carlos Rodríguez.

Un senador demagogo, queriendo atraer el voto popular, envió al Parlamento cubano una moción de protesta ante el Gobierno de los Estados Unidos por la indignidad cometida. En el Senado solo tuvo su voto a favor, que no podía retirar por ser el autor de la moción; 29 votaron en contra y 24 se abstuvieron o dejaron de asistir ese día para no comprometerse. Bien se notaba la ausencia en la llamada Cámara Alta de Chibás, García Agüero, César Vilar y Juan Marinello, los tres últimos comunistas, quienes habían recesado como senadores desde 1948.

La flotilla de guerra estadounidense partió apresuradamente al amanecer del sábado 12 de marzo con los tres profanadores, escoltados hasta su nave por autoridades cubanas. El sargento Herbert Dave White y el marino George Jacob Wagner nunca fueron encausados. En cuanto al mayor profanador, Richard Choingsby, se le sancionó a quince días de confinamiento en su buque.

Fuentes consultadas:

Entrevista realizada a Baudilio Castellanos en 1999 por el autor de este trabajo.

Los textos periodísticos de Enrique de la Osa, publicados en la sección En Cuba de la revista BOHEMIA, 20 de marzo de 1949, y de Julio García Luis, Afrenta de marines a José Martí y la protesta que anunció futuras batallas, publicado en Granma, el 10 de marzo de 1979.

Informaciones aparecidas en los periódicos Alerta, Prensa Libre y el Diario de la Marina entre el 12 y el 13 de marzo de 1949, y en los diarios Pueblo y Hoy, entre el 12 y el 18 de marzo de 1949.