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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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ALEJO CARPENTIER

La impenitente curiosidad

Recién se cumplieron los 105 años del natalicio de un escritor universal con vocación renacentista: narrador, periodista, historiador, músico, profesional de la radio, versado en arquitectura y arte universal

Por TANIA CHAPPI (cultura@bohemia.co.cu )

(06 de enero de 2010)

Alejo Carpentier en su juventud
El joven Alejo Carpentier se
incorpora al Grupo Minorista en
1923 y forma parte de la Protesta
de los Trece. En 1927 es
encarcelado durante siete meses,
bajo la acusación de comunista.
Al año siguiente se fuga a Francia,
usando el pasaporte del poeta
Robert Desnos
(Foto: ARCHIVO DE BOHEMIA)

el hombre totalmente satisfecho de lo alcanzado y que no busca algo más allá, se inmoviliza. Es decir, deja de vivir en el pleno sentido del término (…) Cada día, al salir del sueño, debe entrar en la vida con ánimo prometeico, diciéndose: “Hasta ahora nada hice”, por muchos que hayan sido sus éxitos aparentes… A.C.

Según propia confesión, el vínculo entre la doctora Graziella Pogolotti Jacobson y el polifacético intelectual se inició antes de que ella tuviera memoria, durante sus primeros años de vida, cuando Alejo compartía en París la vida del pintor Marcelo Pogolotti y su esposa. “Mi padre y Alejo se conocían desde La Habana, estaban muy relacionados a partir de los inicios de la vanguardia artística cubana, esa amistad continuó en Francia.

Ellos convivieron en el mismo hotel, que fue durante muchos años el lugar donde se hospedaban los cubanos. Por ahí pasaron Carlos Enríquez, Alejandro García Caturla, Abela, todos los artistas de la Isla que radicaban en París; y numerosos estudiantes exiliados debido a la represión machadista.”

Más allá de terceras influencias, la adolescente y luego joven Graziella, encontró hacia los años 40 y 50 del pasado siglo razones personales de acercamiento a Carpentier. “Sobre todo en la etapa en que él se instaló en Caracas, Venezuela, y venía regularmente de vacaciones a La Habana. En esos días visitaba la casa de mi familia en la calle Peña Pobre.

“Durante algunos años nuestros caminos se separaron, hasta que triunfa la Revolución.  Alejo vuelve a Cuba y el primer proyecto que lleva a cabo es la preparación de las colecciones para el Festival del Libro Cubano; eran dos, una de ellas dedicada a la literatura cubana y la otra a la literatura latinoamericana. Se vendían muy baratas, en quioscos, en la calle, fuera de las librerías tradicionales. Él utilizó como almacén de esos libros y también como base de sus trabajos de promoción, la Biblioteca Nacional, donde yo trabajaba entonces.

—¿Incidieron esos lazos en que usted se dedicara a estudiar la obra de Carpentier y en general se convirtiera en investigadora y ensayista?

Graziella Pogolotti
La doctora Graziella Pogolotti ha publicado
numerosos artículos y ensayos sobre Carpentier
y el libro El ojo de Alejo, de Ediciones Unión
(Foto: RANDY ALONSO)

—Realmente no fue un elemento determinante. Su obra vino al encuentro de mi curiosidad personal como creación literaria. Nuestra relación se establece en dos planos totalmente diferentes, uno de ellos es el de la amistad, el afecto, el hecho de haber contado con amigos comunes: escritores, artistas, otras personas vinculadas a la cultura; el otro plano es el de su creación literaria, que fui conociendo desde temprano, pues cuando él publicó, estando en Venezuela, algunas de sus novelas mayores, esos libros iban llegando a mi casa y yo los iba leyendo junto con muchos textos literarios que iba descubriendo en aquellos años.

“La obra de Alejo es de por sí extraordinariamente incitante, siento la  necesidad de volver a ella con cierta asiduidad, puesto que cada lectura me ofrece nuevas perspectivas.”

—En 1956 usted reseñó para el periódico El Mundo la novela El acoso. ¿Cómo fue percibido el libro en esa primera edición?

Etapa parisina, años 30 del pasado siglo: De pie, Alejo Carpentier y e escritor cubano Félix Pita Rodríguez (izquierda)
Etapa parisina, años 30 del pasado
siglo. Con el escritor cubano
Félix Pita Rodríguez
(a la izquierda), posiblemente
en el hotel donde vivían
(Foto: CORTESÍA DE LA
FUNDACIÓN ALEJO CARPENTIER)

—La novelística de Alejo en el primer momento no tuvo en Cuba la recepción que merecía, algo similar sucedió en América Latina.

Tuvo que publicar El reino de este mundo (1949) por cuenta propia y solo se conoció como autor importante a partir de que sus narraciones fueron traducidas al francés y recibieron en Francia una enorme acogida. De modo que en la recepción de su obra hay un acá y un allá; salen de aquí, de su experiencia americana, llegan a Europa y desde Europa regresan a América y lo convierten en uno de los fundadores de la nueva narrativa latinoamericana.

El Acoso se sitúa en la atmósfera de los años que siguieron a la caída de Machado. El protagonista es perseguido porque ha sido el delator de un grupo revolucionario. Esta novela recibió una lectura política, muy esquemática. Sin embargo, a mi entender, el libro trasciende esa lectura inmediata: implica por un lado un descubrimiento de La Habana, ya que el acusado recorre en su huida buena parte de la ciudad; sobre todo es una reflexión sobre la condición humana y yo diría sobre las actitudes fraudulentas ante la vida.

—¿Razones de esa incomprensión inicial?

Alejo Carpentier
Así apareció el escritor en una
promoción del programa Dramas
de la guerra, que transmitía la
emisora radial cubana CMQ los
domingos a las nueve de la noche.
La postal resaltaba que lo
s libretos eran “originales de
Alejo Carpentier”
(Foto: CORTESÍA DE LA
FUNDACIÓN ALEJO
CARPENTIER)

—Carpentier planteaba una ruptura respecto a la narrativa que se había estado desarrollando en América Latina hasta ese momento; una narrativa muy afincada en referencias locales, muy marcada por el costumbrismo y que tiene entre sus modelos a Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes; La Vorágine, de José Eustasio Rivera; y Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos. Sin desconocer los méritos de esas obras, sin duda un acercamiento importante a nuestra realidad, Alejo va más allá porque se plantea la búsqueda del vínculo entre lo local y lo universal y se coloca en la perspectiva del diálogo entre las culturas. También su modo de contar rompe en gran medida con los esquemas establecidos. Creo que todo eso produjo un desconcierto.

“No obstante, su obra fue muy rápidamente incorporada a la tradición narrativa latinoamericana y los escritores de la generación siguiente, del llamado Boom, han reconocido de una manera explícita la deuda contraída con él.”

—¿Qué constantes ha hallado en la narrativa de Alejo Carpentier?

—Las constantes tienen que ver con una reflexión acerca de las instancias del tiempo, no por gusto él tituló una compilación de sus cuentos, publicada en los años 50, Guerra del tiempo; las interrogantes acerca del tiempo de la vida humana, el tiempo de la historia y el tiempo de la eternidad, se plantean de distintas maneras a través de casi toda la obra de Alejo. Otro elemento recurrente es el diálogo entre la cultura y el gran problema de la identidad latinoamericana y su inserción en el contexto mucho más amplio del planeta.

—¿Prefiere usted alguno de los relatos o zonas de esa narrativa?

1974: Alejo Carpentier en la redacción de BOHEMIA, respondiendo un cuestionario de la revista
En la redacción de BOHEMIA, el 20 de
diciembre de 1974, responde un cuestionario
de la revista
(Foto: ARCHIVO DE BOHEMIA)

—Es muy difícil de escoger. Hay tres obras fundamentales: El reino de este mundo, Los pasos perdidos y El siglo de las luces. Pero después de un paréntesis de algunos años en los que Alejo, totalmente involucrado en el trabajo a partir de la Revolución Cubana, dispone de poco tiempo para escribir, reaparece con un tono diferente, con textos igualmente imprescindibles, como El recurso del método, Concierto barroco, La consagración de la primavera, en los que retoma la reflexión sobre el sentido de las revoluciones; y El arpa y la sombra, en el cual, cuando ya Alejo se estaba despidiendo de la vida, emprende la renovación de la novela histórica latinoamericana.

“Ya él había planteado una primera reformulación de la novela histórica con El reino de este mundo y El siglo de las luces. En ambas, a partir de un decursar lineal de los acontecimientos, establece la relación interactiva entre el individuo y el mucho más prolongado transcurso de la historia. En El reino… desde la mirada de un subalterno, de alguien que padece la historia y no logra insertarse en ella.

“Con El arpa y la sombra Alejo da una vuelta de tuerca. El protagonista es Cristóbal Colón, quien a punto de morir se propone el análisis de su verdad histórica. La narración no es lineal, se produce una superposición de épocas. El tema se desarrolla primero a partir del siglo XIX, de cómo determinados intereses manipularon el personaje de Colón, para pasar a la visión personal del gran Almirante.”

—Carpentier es sobre todo conocido por su literatura, pero también fue músico y un hombre de la radio.

1935: Alejo Carpentier en París, junto a artistas franceses de la radio
En París, 8 de mayo de 1935, junto a artistas
franceses de la radio (Foto:
CORTESÍA DE LA FUNDACIÓN
ALEJO CARPENTIER)

—Estudió música desde su primera infancia, tocaba piano, podía leer una partitura y seguir un concierto a través de ella. La música representó en algún momento un modo de ganarse la vida, en la situación económica muy difícil por la que atravesó en su adolescencia, entre muchas otras cosas tuvo que ser maestro de piano.

“Esta formación musical lo llevó a tener una relación muy cercana con los compositores que renovaron el movimiento sinfónico cubano, es decir, Amadeo Roldán y Alejandro García Caturla. Él fue su crítico y comentarista más cercano. Juntos hicieron obras. Escribió libretos para ballet, como La Rebambaramba y El milagro de Anaquillé.

“Cuando Alejo marchó a París en los años 30, buena parte de su actividad allí se desarrolló en el camino de la música, no solamente como crítico y comentarista, sino como sonidista. Él entendió que la música era solo una, se interesó por la de concierto, por la llamada culta y por la popular y folclórica. De modo que en Cuba primero y en París después, se convirtió en un difusor de la música cubana y latinoamericana. Nos legó una enorme producción de textos con abordajes críticos y teóricos, así como la escritura de La música en Cuba, que sigue siendo un libro paradigmático en este terreno. En breve, el Museo de la Música publicará, en colaboración con la Fundación Carpentier, la reedición de ese volumen y un considerable número de trabajos con temas afines escritos a lo largo de su vida.

“La relación inicial con la radio se produce en Francia, por intermedio de su amigo, el poeta surrealista Robert Desnos. Ya Alejo tenía alguna experiencia como sonidista, incluso había escrito la música incidental, y participado en el montaje, de Numancia, pieza de Cervantes, presentada por Jean Barrault en el Teatre Antoine, en el momento de la guerra civil española.

“Él descubrió las posibilidades expresivas que podían desarrollarse a partir del empleo del sonido, particularmente en las dramatizaciones. Y al venir a la Isla en vísperas de la Segunda Guerra Mundial aprovechó esa experiencia de musicalizador y sonidista, tanto en su colaboración con el Teatro Universitario, como en la modernización del lenguaje radial, además de que escribió muchos textos de divulgación cultural e histórica para la radio cubana en los años 40.”

—Algunos tildan al escritor y a sus obras de afrancesados.

1951: Alejo Carpentier en el Teatro Municipal de Caracas, durante una función de Alicia Alonso y su compañía de ballet
En el Teatro Municipal de Caracas, año 1951,
durante una función de Alicia Alonso y su
compañía de ballet (Foto: CORTESÍA DE LA
FUNDACIÓN ALEJO CARPENTIER)

—Alejo Carpentier fue un cubano integral. Poco importa que sus padres fueran extranjeros, lo que importa y define una personalidad y una identidad son los años de formación. Para Carpentier esos primeros años en los que por razones de salud vivió en una zona campesina, lo pusieron en contacto con la naturaleza del país. Posteriormente, en su adolescencia y a partir de su primera juventud vinculada al Grupo Minorista, esa cubanía se fue consolidando y volviendo consciente; por la participación en los procesos culturales y en los procesos políticos. Su toma de conciencia como intelectual se produce en Cuba y a partir de Cuba.

“La Fundación Carpentier va a publicar próximamente la correspondencia que Alejo sostuvo con su madre durante sus primeros años en París; estas cartas, de un carácter totalmente privado, atestiguan hasta qué punto él siguió el ambiente de Cuba, pensando y hablando en cubano.

“Por otra parte, en su novelística Cuba está presente con una continuidad irrenunciable. Su primera novela, ¡Écue-Yamba-O!, aborda un tema y un ambiente totalmente cubanos. En su etapa madura, fuere el que fuere el contexto en el cual se desarrollan sus relatos, siempre él se las arregla para tocar de más cerca o de más lejos la realidad de la Isla.”

—¿Cómo recuerda a Carpentier?

—Como un amigo, un hombre muy leal a sus amistades, generoso, sin jactancia. Un excelente conversador, siempre tenía alguna anécdota que contar, algún descubrimiento nuevo. Una persona que conservó su facultad de entusiasmarse y de mantener hacia el mundo las antenas abiertas a una permanente curiosidad.

Sobre Alejo Carpentier han dicho

“… es un hombre puente entre la música y la literatura, entre la literatura y la filosofía, entre la filosofía y el arte, entre la radio y el cine.” Ignacio Ramonet

“…ilustra con su asistencia, con su talento y saber, uno de los períodos más interesantes de nuestra historia cultural, el que abarca los años 20 de este siglo [XX] en nuestra isla. Lo ayudan en esta gestión su poder de inventor, de hacedor de mundos, de engendrador de seres dotados de un pulso tan vivo como el de los que salen de nuestra carne y nuestro espíritu, y con ello, su vasta información que no atesora para sí, como un avaro, sino que ofrece al conocimiento y goce de quienes están a su lado… Es desde entonces, pues, de donde viene el magisterio de este hombre que, pareciendo extranjero cuando habla, es tal vez el más criollo de los cubanos cuando escribe.” Nicolás Guillén

“Carpentier fue el maestro mío, de Gabo [Gabriel García Márquez], de todos nosotros.” Carlos Fuentes

“…reúne todas las formas, revuelve todas las palabras, junta de aquí, de acá, enhebra. Enreda sombras nerudianas y surge este idioma nuestro, libre ya de todo vasallaje; sincretismo que abre las puertas a otro momento de la historia; con ellos desaparece el habla pequeñita del colonizado y surge magnífica la nueva lengua sin sombras ya. Luminoso como la naturaleza que describe, vientre preñado de lenguas indígenas enredándose en el español, extendiéndolo a un continente y una nueva y portentosa cultura liberada; humanista.” Miguel Litín

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