|
|
LA COLUMNA EDITORIAL Pero no se puede engañar al mundo todo el tiempo. Incluso en importantes medios norteamericanos, como el Washington Post, se ha tildado de “pérdida de tiempo” la inútil búsqueda de terroristas en vuelos procedentes de Cuba. El ridículo debería mover a risa, si no fuera por la peligrosidad que entraña la decisión adoptada por Washington el 4 de enero último de considerar a la Isla y otros 13 países de “patrocinadores del terrorismo internacional”. Como se afirma en la contundente Declaración de rechazo emitida al efecto por el Ministerio de Relaciones Exteriores, las nuevas acciones que se derivan de ahí solo responden a una engañosa política pretendidamente más flexible y que solo busca confundir, dividir e introducir caballos de Troya para debilitar la unidad y resistencia de nuestro pueblo. Al mismo tiempo que acrecientan su hostilidad contra Cuba y los países del ALBA. Frente a la mentira repetida, se alza la gran verdad de que nadie puede mostrar pruebas de actos terroristas que hayan sufrido los Estados Unidos provenientes de la cercana “Isla comunista”. Y, por el contrario, se hace casi interminable la relación de criminales atentados terroristas que han costado la vida y dolorosas secuelas a miles de compatriotas, y destruido cuantiosas riquezas materiales cubanas. Son datos harto conocidos. Es también verdad establecida que tales acciones terroristas han sido patrocinadas o protegidas por agencias gubernamentales estadounidenses, con el empleo de mercenarios, mayoritariamente nacidos en Cuba. Por cierto que estos asalariados del Imperio, siempre con la misma esencia lacayuna y antipatriótica, han desempeñando diferentes cometidos, dentro y fuera de Cuba, desde la violencia abierta a la encubierta tras nuevas fachadas de “sociedad civil”, sirviendo a los mismos objetivos y patrones. El terrorismo se define como el uso de la violencia y el crimen para intentar imponer a otros la voluntad ajena. Y el uso del terror parecería un elemento intrínseco de la historia de Estados Unidos. Esa “tradición” se hizo también política externa. Numerosos países han sido víctimas de invasiones, actos hostiles, sabotajes, atizamiento de grupos extremistas, apoyo a regímenes violentos, guerras indiscriminadas, asesinatos de figuras “indeseables”, torturas; son algunas de las prácticas de su afán hegemónico. Los “grandes terroristas” contra los que hoy movilizan más y más tropas en Asia Central, son cuervos de aquellas bandadas adiestradas y pagadas por Washington para imponer sus intereses. Pero el sistema imperial no solo reproduce terrorismo y terroristas, sino que los convierte en huéspedes ilustres, como Luis Posada Carriles y Orlando Bosch. Si de designar naciones terroristas se tratara, es a los Estados Unidos al que correspondería, encabezar la lista. Los cubanos integramos una nación orgullosa de su historia libertaria, justiciera y solidaria, que se rige por principios políticos y normas éticas, con una tradición transparente y honrosa en la lucha contra todas las formas de terrorismo. Y como lo ha expresado masivamente nuestro pueblo desde el despertar de este enero, seguiremos condenando la nueva agresión, exigiendo se nos excluya de la desprestigiada lista yanqui, que el Gobierno de Estados Unidos actúe con firmeza contra quienes desde su territorio han perpetrado actos terroristas contra Cuba, y que ponga en inmediata libertad a nuestros Cinco Héroes, luchadores contra el terrorismo y la muerte. Esa es nuestra decisión inquebrantable ante las nuevas mentiras de Washington. Temas relacionados • Expediente Posada Carriles (Español) (Inglés) |
|
|
|
Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Economía |