TEMPORADA INVERNAL
Mensajes desde el Polo Norte
En Cuba no ha caído nieve; ni falta hace. Los pobladores de Bainoa, donde se reporta la más baja temperatura de la Isla, tiritan mientras cuentan sus vivencias
Por CARIDAD CARROBELLO (nacionales@bohemia.co.cu)
Fotos: GILBERTO RABASSA (foto@bohemia.co.cu)
(26 de enero de 2010)
Ilustración: ROBERTO FIGUEREDO
Primero fue el dolor en los dedos de las manos y los pies. Pero Perdomo, cocinero de la cooperativa agrícola Amado Contreras, en Bainoa, La Habana, no le hizo caso a los síntomas producidos por la aguda frialdad de la madrugada.
Salió disparado en su bicicleta desde los cuatro caminos de Caraballo, dispuesto a cumplir con la faena cotidiana.
Bajo el embate gélido del aire, sus pedalazos en el biciclo fueron disminuyendo el ritmo. Fuertes estremecimientos le pusieron los pelos de punta; el dolor entre el pecho y la espalda se hizo cada vez más agudo, y tuvo la sensación de no poder respirar. En su mente, un solo pensamiento: llegar con vida.
Jesús Salgado Izquierdo, actual jefe de maquinaria en la empresa agropecuaria Ho Chi Minh, no recuerda bien el nombre “de pila” de aquel hombre. Pero nunca podrá olvidar lo más importante: “Cuando llegó, se quedó sembrado, sin poder despegarse del sillín de la bicicleta. Tuvimos que bajarlo. Estaba como momificado, con los ojos fijos y el cuerpo rígido. No podía decir ni esta boca es mía”.
La hipotermia que Perdomo sufrió por su imprudencia el día en que Bainoa estuvo al borde de ver caer nieve, pudo haberle ocasionado la muerte de no haber contado con la acción rápida de sus compañeros de trabajo.
Salgado detalla aquel momento: “Lo sentamos en una parrilla arriba del fogón de la cocina, para que se calentara. Fue la mayor lección que tuvimos los bainoenses, de que debemos respetar al frío…”
Vigilar los termómetros
Los vecinos de Bainoa aprovechan
un rayito de sol para calentarse
después de una madrugada de
enero en que marcó una mínima
de 7,1 grados Celsius
Una cosa es el cambio climático, con la manifestación del calentamiento global, y otra el específico estado del tiempo invernal de Cuba, donde todo transcurre dentro de lo normal.
Juan Carlos López, jefe de la estación meteorológica del territorio, conoce que por la ubicación de la Isla en el golfo de México es difícil que llegue hasta aquí una nevada. Pero aún así se mantiene alerta cuando en su poblado descienden las marcas de los termómetros.
“Parece que quiere enfriar cada vez más en Bainoa”, asegura el experto con el aporte de algunos datos. “Está el récord mínimo de temperatura del país, 0,6 grados Celsius, registrado el 18 de febrero de 1996; antes había bajado a 2 grados en 1982. Entre otras marcas significativas que se han ido suplantando, tenemos los 10,4 grados Celsius establecidos para el mes de octubre en 1990, por 10 grados en 2008. Como si todo eso fuera poco, en noviembre del año pasado la mínima mensual, disminuyó de 7,7 grados Celsius a 6,7.”
Juan Carlos valora las condiciones peculiares que allí favorecen el uso de frazadas, hasta en el verano. “El pueblo está ubicado en un valle, entre las lomas que comienzan desde Jaruco y cierran en Ponce. Estas elevaciones forman una herradura geográfica, y solo dejan al pueblo una abertura hacia el norte. A la vez, la altura sobre el nivel del mar es de casi 98 metros.
“Su suelo ferralítico rojo facilita el enfriamiento. Cuando llueve, el escurrimiento y la evaporación son rápidos. La tierra queda muy seca, compactada y en su superficie sobresale abundante perdigón. Si esta zona no fuera cañera y agropecuaria, de seguro explotaría mineral de hierro.
“Todos estos elementos hacen que en condiciones de cielo despejado y de viento en calma, el territorio pierda rápido su calor y se presente el frío que llamamos colaíto, porque es como si entrara en el valle un mensaje desde el Polo Norte.”
Así ocurrió aquel famoso día de febrero de 1996, cuando este experto reportó el hecho meteorológico.
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| -El mural de la estación anuncia a los cuatro vientos uno de los orgullos de Bainoa |
La Estación Meteorológica de Bainoa, según
su director Juan Carlos López, cuenta con
instrumentos de medición totalmente fiables |
“Había venido en bicicleta a la estación, forrado de pies a cabeza y con la mano derecha protegida dentro del abrigo, para evitar que se me acalambrara como aquella vez de 1982, cuando tuvimos 2 grados Celsius,y no podía ni escribir.
“Por lo general, a la salida del sol es cuando más refresca, porque es el momento de mayor pérdida de calor de la tierra, sin que acabe de llegarnos el calentamiento de la energía solar. Entre las 6:40 y 7:00 a.m. observé que la yerba que rodea la estación estaba ceniza. Me acerqué a los termómetros y dudé de lo que veía. Cuando lo notifiqué a la capital, se asombraron.”
Días después, Juan Carlos se presentó en el Instituto de Meteorología con una evidencia del hecho: nada menos que un cogollo de caña de azúcar.
“Como en Bainoa hay siempre mucho rocío, ese día la condensación achicharró las plantas. En el cogollo se veía bien claro el aro de la parte quemada debido a la escarcha. Este fenómeno hizo que el romerillo y otras yerbas típicas de aquí, desaparecieran por un tiempo.”
Abrigos fuera del escaparate
Mientras los bainoenses buscan frazadas, en
el resto de Cuba sus compatriotas aprovechan
para sacar del escaparate los
empolvados abrigos
Cuatro suéteres vestía Kenia Rodríguez al salir a buscar la leche de su hija en el punto de venta. “Y eso no es nada, a la niña mía le pongo más cosas para ir a la escuela. Así evito que le dé catarro.”
Esta ama de casa valora altamente el trabajo de los ordeñadores y acarreadores de leche, quienes, haya frío o calor, se levantan de madrugada para que a los niños no les falte el alimento.
Igual lo destaca Yardelis Menéndez, dependiente en centro comercial del pueblo. “Cuando abrimos a las siete de la mañana, los de la Cooperativa de Créditos y Servicios Raúl Hernández tienen aquí las cántaras acopiadas. ¡Ellos sí la pasan difícil de verdad!”.
Frotándose las manos para entrar en calor, llega al centro comercial el jubilado Marcelo Hernández. Fue delegado de base del Poder Popular durante tres mandatos y confirma que, para atenuar los efectos de las bajas temperaturas, en dos oportunidades han repartido en los barrios algunos lotes de frazadas a las personas más necesitadas.
Dicho suministro ha sido insuficiente. Las autoridades del lugar conocen esta principal demanda de los bainoenses. Aunque, por ciento, algunos polemicen sobre el mejor modo de aplacar el frío.
“Aquí, cuando el mono sopla, no cree en colchas, ron o chocolate, ni en forrarse con abrigos. Para dormir es de madre, debemos cerrar bien las casas. No dudo que un día amanezcamos todos en hibernación”, exagera Yeas Castillo, trabajadora de la Unidad
Básica de Producción Cooperativa Amado Contreras. A su lado varios vecinos ríen.
No todo es desagradable cuando llega el invierno. Como una bendición lo valora Iván Martínez, especialista de sanidad vegetal: “Las plagas reducen su reproducción, y se favorecen la papa, las hortalizas y otros cultivos del territorio”.
La anécdota de Bárbara López, peluquera, corrobora que más afilados que sus tijeras suelen entrar aquí los frentes fríos.
“Estaba recién parida en 1996, y a mi bebé lo cubrí con cuanta frazada encontré; puse varias sábanas encima del mosquitero de la cuna. También mi mamá y yo encendimos una hornillita eléctrica en el cuarto, para que actuara como calefacción. Imagínese, qué locura.
“Nosotros hemos tenido buenos sustos en los inviernos. Debemos estar alertas y buscar un poco más de recursos por si se nos da el fenómeno de nuevas temperaturas cercanas a cero. Incluso, a juzgar por las vivencias de los más viejos, algunos sostienen que las ha habido aquí en épocas pasadas.”
Lo dicho por Bárbara a renglón seguido, y que el meteorólogo Juan Carlos no desmiente, eriza a cualquier cubano. “En 1951, cuando no teníamos estación meteorológica ni contábamos con reportes del tiempo, mi madre encontró hielo en el agua de la batea de lavar ropa, en el patio. Y los macheteros más veteranos aseguran haber visto ese mismo año gran cantidad de escarcha sobre los cañaverales.”
¡Brrrrr, qué frrrrío!
La temperatura más baja de la presente etapa invernal, hasta el momento de redactar estas líneas, creían haberla registrado los matanceros en Playa Girón, cuando en la madrugada del jueves 7 de enero el termómetro marcó 4,5 grados Celsius. Incluso los avileños dijeron no quedarse atrás con los 5,2 grados, que constituye récord para el mes de enero en esa cabecera provincial.
La madrugada del lunes 11, la irrupción de una masa de aire de origen polar ártico sobre gran parte del archipiélago provocó temperaturas mínimas considerables. La estación meteorológica de Colón, Matanzas, reportó 4,9 grados Celsius, seguido de Aguada de Pasajeros, Cienfuegos, con 5,0 grados Celsius. En la Gran Piedra, Santiago de Cuba, se registró la temperatura más gélida de todo el país con 3,0 grados Celsius, récord para el territorio en enero: el anterior, 6,0, databa de 1981.
Bufandas y hasta guantes se sacaron el martes 12 de enero: hubo mínimas de 3,7 grados Celsius en Boyeros, Ciudad de La Habana; 4,0 en Isabel Rubio, Pinar del Río, y 4,2 en Tapaste, La Habana. El jueves 14, el frío no quería ceder terreno; en los poblados de Indio Hatuey, Matanzas, y en Bainoa, La Habana, se reportaron 5,6 y 5,9 grados Celsius, respectivamente.
Durante los últimos diez años, los meses de enero en Cuba se han comportado algo más cálidos que lo normal. Sin embargo, en 2000, 2001, 2003 y 2005 la temperatura media general del país alcanzó valores algo más fríos que lo habitual. |