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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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LITERATURA

Páginas ganadas al futuro

Cumple diez años el Sistema de Ediciones Territoriales, ocasión propicia para repasar la impronta que ha dejado en nuestras letras un proyecto ambicioso y altruista

Por HELEN HERNÁNDEZ HORMILLA (cultura@bohemia.co.cu)

(27 de enero de 2010)

Anaqueles de una librería cubana Foto: ARCHIVO BOHEMIA La frase “escritor de provincia” es bastante recurrente en el mundo de las letras cubanas, útil para denotar cierta diferencia que, si bien no refiere calidades autorales, sí remite a los distintos modos de acceder a la publicación nacional para aquellos que optan por llevar adelante una carrera desde el “interior” de la Isla.

Sin embargo, un proyecto que por estos días celebra su primera década ha ido trocando el cariz del añejo tópico, pues ofrece la posibilidad de que cada territorio, incluida Ciudad de La Habana, posea su propio sello editorial.

Se trata del Sistema de Ediciones Territoriales, apodado cariñosamente con el sobrenombre de Riso, en alusión al tipo de tecnología que permitió superar las capacidades regionales de publicación. “¿Qué puede hacer con su original una persona que escriba El Quijote en un municipio?”, preguntó el Comandante en Jefe Fidel Castro en una reunión con los representantes de los consejos municipales y provinciales de Cultura al iniciarse el milenio. De aquel encuentro nació la idea de apoyar el desarrollo editorial con duplicadoras digitales Risograff, infraestructura informática, materiales de impresión y medios de distribución.

Además de las 14 provincias y el municipio especial Isla de la Juventud, el sistema creó cinco editoras para la Asociación Hermanos Saíz (AHS) —Isla de la Juventud, Matanzas, Villa Clara, Cienfuegos y Holguín— y una para la Unión de Historiadores de Cuba.

Rubiel González muestra diferentes títulos producidos por el Sistema de Ediciones Territoriales
En el Sistema de Ediciones
Territoriales se publican textos de
todos los géneros, en especial
poesía y narrativa, y autores de
diversas generaciones
(Foto: AIXA LÓPEZ GONZÁLEZ)

Solo el primer año se imprimieron más de 260 manuscritos inéditos, para un aproximado de 248 mil ejemplares. Las Riso terminaron 2009 con más de 370 títulos y alrededor de 258 mil 500 ejemplares y, en sus diez años, se estima que de ellas han salido más de mil autores inéditos, casi cuatro mil títulos y más de tres millones de volúmenes.

Como las cifras no suponen todo, pensemos que fue en editoriales provinciales donde se iniciaron algunas de las jóvenes firmas más reconocidas del panorama literario cubano actual, como Emerio Medina, de Mayarí; Luis Yuseff, Rubén Rodríguez y Mariela Varona, de Holguín; Yamil Díaz y Rebeca Murga, de Villa Clara; Liudmila Quincoses, de Sancti Spíritus… Con el mismo entusiasmo, en las Riso publican Premios Nacionales de Literatura, como Roberto Fernández Retamar, Antón Arrufat, Carilda Oliver Labra, Jaime Sarusky, Pablo Armando Fernández, Reynaldo González, Miguel Barnet.

Los reconocimientos también avalan el trabajo, como sucedió con La Escultura Conmemorativa en Santiago de Cuba: 1900-1958, de Aida Liliana Morales Tejeda, a cargo de Ediciones Santiago y Premio de la Crítica Científico Técnica en el 2008; lo mismo que Los frutos ácidos, de la novel poeta Laura Ruiz (Ediciones Matanzas), uno de los textos elegidos por la selección de la crítica en 2009.

En palabras de Ricardo Riverón Rojas, director de la Editorial Capiro, de Villa Clara, y uno de los principales impulsores del proyecto, “la Riso es una fiesta; y es también un ejercicio de la democracia para darle voz a quien no la tenía, así como la concreción de una política cuya mayor consecuencia podría ser la de cosechar, en los nuevos y fértiles márgenes, frutos de copiosa enjundia”.

La inconformidad es la clave

Vendedores y lectores en un punto de comercialización de libros
Aunque en su mayoría se quedan en el territorio, los
libros de la Riso se integran al sistema de distribución
nacional y son comercializados en ferias y eventos
que organiza el ICL (Foto: ARCHIVO BOHEMIA)

Pero no todo en las Riso es color de rosa y a sus empeños no faltan las críticas, como es propio de toda obra humana. Cuando en 2007 BOHEMIA realizaba un balance a estas puertas de papel, tanto escritores como integrantes del proceso editorial señalaban deficiencias que caracterizaron al proyecto desde su surgimiento. La mala calidad en la factura final de los libros, las tiradas insuficientes, la débil promoción y circulación, la presencia irregular de los títulos en bibliotecas y la búsqueda a ultranza de una representatividad territorial que a la larga demerita calidades, son algunos de las máculas señaladas.

Mucho se ha avanzado en cuanto a la presentación formal de estos libros. “No creo que un medio de impresión implique desventaja; más bien retos que tienen que afrontar, creativamente, editores, diseñadores, directivos”, destacaba, en entrevista publicada en el sitio digital Cubaliteraria, el poeta Alfredo Zaldívar, director de Ediciones Matanzas, que junto con la villaclareña Capiro constituye referencia en este sentido.

Las posibilidades de las Riso se han explotado al máximo con distintas opciones como el uso de serigrafías, la impresión policroma de las portadas en los poligráficos, la mezcla de cartulinas de colores, la ampliación de la escala de grises o la utilización de obras de artistas de la plástica para ambientar las cubiertas y el interior de los textos.

Entre las limitaciones de esta técnica de impresión figura la poca cantidad de ejemplares en cada tirada —alrededor de 500, y mil, solo en casos excepcionales— y el hecho de que los libros no pueden tener muchas páginas, pues todavía la encuadernación se realiza de forma manual.

Libros publicados por editoriales provinciales cubanas
Las dificultades en el diseño y la calidad de impresión
son elementos que golpean a las editoriales
provinciales (Foto: ARCHIVO BOHEMIA)

La cantidad de títulos que cada editorial se propone publicar al año no responde a cifras directivas, cuotas centralizadas ni a condicionamientos que no sean la calidad de cada propuesta y su previa concertación con el movimiento de autores del territorio, lo cual no excluye, por supuesto, la incesante búsqueda de nuevos creadores. Tampoco se han dejado de reeditar algunos títulos, que llegaron a sumar 12 en 2009.

Sin embargo, autores, editores y lectores no ven zanjado el asunto. “Tiradas inferiores a los mil ejemplares pueden declararse inexistentes, hablando en términos de mercado. Los 500 de la “norma” apenas alcanzan para las cuotas de obligación que establecen las pautas de los depósitos legales, la cortesía, la misérrima distribución mayorista que no imagino para cuántos sitios del país alcance, y el lanzamiento en el lugar de origen o residencia del autor”, señala Ricardo Riverón, director de la Editorial Capiro, en su artículo Nosotros, los de la Riso, publicado en el sitio digital La Jiribilla.

Y después del libro, ¿qué?

Estas “tiradas mínimas” pueden ser bien aprovechadas en el proceso posterior a la impresión, aspecto que también ha mejorado en los últimos tiempos, asegura Lourdes González, escritora que dirige Ediciones Holguín. La mayor cantidad de ejemplares se queda en la provincia, donde se preparan actividades de promoción, y la otra parte es entregada a la Distribuidora Nacional del Libro, que los pone en la librería principal de cada provincia. 

Rubiel González explica que si años atrás los libros de la Riso yacían en estantes arrinconados, hoy se les ubica por temáticas junto a los de otras colecciones nacionales. “El problema es que a veces a una provincia solo llegan cuatro o cinco volúmenes.”

“Los falta de espacios en los medios y la casi inexistencia de la crítica, sumado a que se trata de tiradas cortas, son algunas de las causas que han afectado la promoción”, refiere a BOHEMIA Alfredo Zaldívar, director de Ediciones Matanzas.

Para una mejor ubicación, en los últimos años se han incluido en las páginas finales de los textos de la Riso una lista de las librerías donde se les puede encontrar. Además, deben entregarse a la Biblioteca Nacional José Martí y a la Elvira Cape, en Santiago de Cuba, y las provinciales y municipales reciben los productos de la editorial de su territorio.

A la Feria del Libro en La Cabaña llega una representación de todas las provincias con lo mejor de su catálogo anual, que luego será ampliado en sus territorios de origen, cuando el evento se extiende a todo el país. Espacios coordinados por el Instituto Cubano del Libro (ICL), como La Isla al centro, Confluencias y el programa televisivo Entre Libros, sirven para hacer visible la producción de las Riso a nivel nacional.

Salvar las jerarquías

Un técnico localiza manualmente un título en el archivo de una biblioteca local
Las bibliotecas provinciales y municipales reciben los
títulos publicados por las editoriales de su territorio
(Foto: ARCHIVO BOHEMIA)

Según refieren algunos de los implicados en el Sistema, en el transcurso de esta década, la oferta editorial superó en buena medida las demandas del supuesto colchón de originales de calidad, no publicados antes por falta de una infraestructura material reproductora. El énfasis se localizó en aquellos autores que por su edad o por vivir en lugares apartados no habían sido editados; pero en algún momento existió una peligrosa tendencia a privilegiar “genios locales”, cantidad sobre calidad, uno de los perjuicios que han traído las Riso a la literatura.

Antonio Enrique Fernández Rojas, presidente de la Asociación Hermanos Saíz en Cienfuegos y director de Reina del Mar, opina que las Riso tienen la ventaja de sacar la literatura del entorno capitalino; pero, al mismo tiempo, el bumerang se revierte y “se corre el riesgo de crear tal maraña de escritores que no permite a veces tener una visión coherente de lo que está pasando en la literatura cubana”. 

“Lo interesante sería publicar menos títulos con amplia tirada y con una adecuada promoción”, aclara el joven escritor, una idea que comparte Lourdes González, quien afirma que en Ediciones Holguín el plan de libros ha bajado de más de 30 a inicios de 2000 a unos 18 previstos para 2010, a fin de concentrar los esfuerzos en textos realmente valederos.

La colección Puertas de Papel ha representado una importante alternativa para la validación de textos y autores. A punto de arribar a su segunda edición, constituye una selección de los mejores libros publicados por las Riso en un año, reimpresos por el ICL con un mismo concepto de diseño. La editorial Capiro, por su parte, ha concebido una colección que jerarquiza la obra de algunos escritores de mayor trayectoria.

Pese a ser una obra perfectible, “ambiciosa y altruista” como la definieran, las Riso constituyen un elemento imprescindible para calibrar la literatura cubana contemporánea, con matices más cosmopolitas. No solo se han descubierto autores noveles, sino que se han rescatado muchas historias locales que de otra manera seguirían empolvando las gavetas. “Es la visión de la provincia de cuestiones que atañen a todo el país”, cree la historiadora santiguera Olga Portuondo.

“Estos temas —comenta Ricardo Riverón en un reciente artículo publicado en Cubaliteraria— pueden considerarse los más importantes beneficiarios del programa, pues revelan su costado más renovador.” Por tal razón, continúa el editor, sería juicioso cargar un poco más la mano en la publicación de libros de historia, pensamiento filosófico, divulgación científica, deportes, periodismo y otros.

El balance propio de una primera década viene acompañado para las Riso de la renovación del equipamiento técnico en cada una de sus sedes. El caso de ediciones Matanzas resume los motivos del festejo: Aquí “celebramos día a día el nacimiento de un nuevo libro —dice Zaldívar—; ese proceso de verlo armarse y finalmente convertirse en un objeto bello y útil es lo que más disfrutamos”. Y con él coincidamos en que es esta la mejor forma de celebrar la existencia de un proyecto tan humano, que yerra, sí, pero que sobre todo va dejando, en el espíritu, la rica memoria de estos tiempos, también con sus imperfecciones.

Libros producidos con el sistema de impresión Risograff Sistema de Ediciones Territoriales
Veintidós sellos utilizan el sistema de impresión Risograff en todo el país, muchos de ellos acumulan una tradición editorial de relieve. Las casas editoras que componen este sistema son: Pinar del Río: Ediciones Loynaz; Matanzas: Ediciones Matanzas y Aldabón (AHS); Ciudad de La Habana: Extramuros; La Habana: Unicornio; Villa Clara: Capiro y Sed de Belleza (AHS); Cienfuegos: Mecenas y Reina del Mar (AHS); Sancti Spíritus: Luminaria; Ciego de Ávila: Ediciones Ávila; Camagüey: Ácana; Las Tunas: San Lope; Holguín: Ediciones Holguín y La Luz (AHS); Granma: Ediciones Orto (Manzanillo); Bayamo (Bayamo); Santiago: Ediciones Santiago; Guantánamo: El Mar y la montaña; Isla de la juventud: Editorial El Abra y Áncora (AHS); Unión de historiadores de Cuba: Ediciones Historia.

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