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IMPRENTA FEDERICO ENGELS Parteros de libros A propósito de la Feria Internacional del Libro Cuba 2010, BOHEMIA indagó sobre las novedades que propone la imprenta de mayor capacidad productiva del país Por LÁZARO DE JESÚS (nacionales@bohemia.co.cu) (27 de enero de 2010) Conocemos al dedillo la vida y obra de sus autores. Casi seguro recordamos el nombre de los editores y, tal vez, hasta la fecha de publicación. Pero… ¿cuántos podemos decir en cuáles poligráficos se imprimieron? No hacen falta grandes encuestas: pocos, más bien poquísimos reparan en ese “pormenor”, que esconde tras la síntesis el esfuerzo copioso de anónimos gigantes. Rostros detrás del machón ![]() El proceso comienza en el área de preimpresión, donde se comprueban el formato, las fuentes tipográficas, las ilustraciones y las cubiertas En la imprenta Federico Engels, de Ciudad de La Habana, no por habitual resulta menos trascendente el fenómeno de dar a luz millones de libros al año. Por la dimensión de sus instalaciones, el ajetreo de los trabajadores y los chillidos de las máquinas, bien pudiera compararse con un hospital materno, solo que de la labor de estos “doctores” y “enfermeras” se conoce muy poco. Confieso que hasta mi visita al complejo poligráfico yo tampoco solía detenerme en el crédito de impresión, y de los intríngulis de ese mundo apenas podía aventurar suposiciones. Únicamente después de presenciar los alumbramientos seriados de textos, comprendí la magnitud del olvido mediático.
Mercedes Batista, subdirectora de producción, subrayó con la misma pasión el cariño que los trabajadores —en su gran mayoría muy jóvenes— le profesan a sus labores en la imprenta. Estos muchachos, la mayor parte procedente del Centro Nacional de Formación y Superación Técnica de la Poligrafía Alfredo López, aledaño a la Federico, son muy buenos, explicó. “A la hora que les pidas trabajar ellos vienen, no importa si son sábados o domingos. No ponen reparos.” En tiempos de más de un oficio huérfano, cuando habilidades y plenitudes andan extraviadas para no pocos, tales declaraciones nos sonaron a cosméticos para lucirle a la prensa. Así que, sin desesperarme, reservé un buen lugar en el tintero para la indagación a quemarropa en la planta. Mejor pecar de escéptico que de ingenuo. Más que sorpresa, aliento
En todas las áreas desenfundé la misma pregunta —a capella, disfrazada, semidirecta, impersonal…—, y siempre encontré la misma devoción al trabajo y un inconfundible aliento de sinceridad. Estos jóvenes tienen mucho que enseñar, y no solo a sus congéneres. Mercedes, que había estado pendiente de las pesquisas, no se regodeó en presunciones y aprovechó para explicar que precisamente por la dedicación de “sus muchachos” pudieron cumplir el plan especial para la XIX Feria Internacional del Libro Cuba 2010, a pesar de que tuvieron un abastecimiento intermitente de reveladores y planchas, insumos químicos importados desde Europa, fundamentalmente, que no se pueden almacenar por mucho tiempo. Estrategias eventuales como el doble turno de trabajo de 12 horas diarias, para aprovechar los recursos más ágilmente con la misma fuerza laboral, encuentran comprensión y apoyo entre este colectivo, a contrapelo de quienes suelen pensar que los jóvenes solo están “pa’ fiesta”. La mayor de las fiestas
“Cuando voy a la Feria del Libro me llama mucho la atención la multitud, y me emociona ver a las personas hojeando un libro que contribuí a hacer”, reveló Gabriel Salazar. Solamente entre las imprentas Alejo Carpentier y Federico Engels confeccionaron 415 títulos y cuatro millones 907 mil 530 ejemplares, cifras que, si bien no alcanzan la magnitud de años recientes, sí resultan significativas en momentos en que las quiebras de imprentas, la reducción de tiradas y la desaparición de revistas son noticias frecuentes en el mundo. Además de los libros, para los niños han confeccionado atractivas novedades como juegos de barajas del Capitán Plin, libros troquelados (La isla del Coco y El caballito enano, entre otros); figuras de animales para armar; colecciones en estuches y plegables de La Colmenita; todas con tiradas entre los diez mil y 50 mil ejemplares, que podrán adquirirse en moneda nacional, gracias a las producciones cooperadas entre ambos centros y la imprenta mixta Durero Caribe. Contraportada de un prólogo ![]() “Siempre ponemos nuestro mayor empeño en que la producción salga en tiempo y forma”, asegura Manuel Torres Mientras los exegetas de la tecnología ya celebran el sepelio del texto impreso ante el auge del electrónico, los bibliófilos se aferran al libro, como inmortales flores que pueden abrirse a cualquier hora del día, y descubrirnos cada vez una dimensión diferente de ese universo inimaginable y bello que es la literatura. Hoy parece poco probable que la era digital pueda convertirse en la tumba de los descendientes pródigos de Gutenberg y aquellas primeras imprentas de tipos móviles, devenidas en el primer medio de comunicación masiva que conoció la humanidad. Según el operario Manuel Torres, de la Federico Engels, el hábito de leer libros impresos no va a desaparecer, porque es un elemento cultural “inyectado en nuestra sangre desde tiempos remotos, hace siglos”. El pensamiento, la razón y el imaginario popular tienen los dedos entintados, y sus arcas desprenden los más disímiles aromas de papel. “Un libro impreso interesante se convierte en un objeto valioso —resumió el veterano Francisco Gibert—, uno lo guarda al lado de la cama, viaja con él, lo atesora. Eso es muy difícil de reemplazar”. El milagro a trasluz |
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