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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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JOSÉ ANTONIO GUERRA

Los conflictos del mejor

Un vistazo a lo bueno y lo malo, incluidos los fracasos olímpicos, del relevante clavadista cubano

Por RAFAEL PÉREZ VALDÉS

(21 de mayo de 2010)

El clavadista cubano José Antonio Guerra en la ejecución de un salto
Foto: www.life.com)

Lleva pegada a la trusa una etiqueta impresionante: ¡Es el mejor clavadista cubano de la historia! Lo dicen sus resultados, la maestría deportiva, el que ha puesto a temblar a los mismísimos chinos, quienes son los principales en su especialidad. Pero (siempre hay un pero)… no le ha ido bien en los Juegos Olímpicos. A veces, por eso, es juzgado demasiado severamente por algunos. Y hasta sin conocer entretelones.

El locuaz José Antonio Guerra Oliva, santiaguero de 30 años de edad (nació el 9 de agosto de 1979), 1,66 metros de estatura y 62 kilogramos de peso, aceptó hablar para los lectores de BOHEMIA de eso y de mucho más; siempre con su prisma inteligente, objetivo, constructivo…

Los traspiés

Contra pronóstico no pudo incluirse entre los 12 finalistas de la plataforma en los Juegos Olímpicos de Sydney, Australia 2000 (14to.) ni de Atenas, Grecia 2004 (25to.). Se desquitó solo parcialmente en los de Beijing, República Popular China 2008, donde terminó quinto, luego de ir segundo una vez concluidas las dos primeras rondas.

“Lo que ha pasado en estos casos” —según la opinión del atleta— “es que hemos llegado con demasiada anticipación a la sede: 25, 26, 27 días. Entiendo que fue por razones económicas el llevar así a nuestras delegaciones. Ello, explico mi caso, me ha afectado psicológicamente. Y en los clavados no puedes tener dudas: un salto dura 1.6 ó 1.7 segundos.”

El sacrificio actual en los entrenamientos es para tratar de llegar lo mejor posible a los de Londres, Inglaterra 2012. Allá no cree arribará, por la edad, con buenas posibilidades en lo individual, pues aunque sus marcas son todavía altas existe fuerte empuje de los nuevos. Sí considera poseerlas en el sincronizado, en parte por la calidad y el entusiasmo contagioso del joven camagüeyano Jeinkler Aguirre, quien tiene 19 años de edad.

Gabriel García Márquez, el célebre periodista y escritor colombiano, asegura que “las entrevistas son como el amor: se necesitan dos personas para hacerlas, y solo salen bien si esas dos personas se quieren”. Este sería el caso. Guerra y yo mantenemos amistad desde hace unos 15 años. Esperemos que todo funcione…

¡Qué historia!

José Antonio Guerra abrazado a su mamá, Oneida Oliva Hernández
Guerra ha tenido decisivo apoyo de su madre
(Foto: RANDY RODRÍGUEZ PAGÉS)

“Todos los clavadistas cubanos de los últimos años” —prosigue vehemente— “hemos tenido la suerte de vivir el tiempo del entrenador Lino Socorro. No cabe duda de que el motor impulsor ha sido él.”

Guerra llegó a La Habana en 1992: “Tenía 13 añitos acabados de cumplir. Una época difícil, en pleno período especial. O te hacías hombre, o, simplemente, te quebrabas y te ibas para tu casa. Lo único que me movía a mí yo creo que era mi mamá, quien estaba en Santiago de Cuba. Le decía: ‘Esto aquí está muy duro. Estoy pensando en regresar’. Ella me respondía: ‘Ése es tu futuro, Pipo, así que aguanta que tú eres un hombre’. Y las cosas mejoraron cuando me subieron al equipo nacional.

“Ella venía hasta acá. Mi mamá dejó de un día para otro un vicio de 30 años, el cigarro, para enviarme el dinero. Eso no alcanzaba, y sacó la cuenta de que participando en la zafra o en la recogida de café ahorraba y me podía mandar más. Madre soltera. Resultó decisiva en mi carrera. Actualmente están saliendo a relucir, en medio de lágrimas, cosas que antes nunca me contó.”

Entretelones para el lector

Los clavadistas cubanos José Antonio Guerra (izquierda) y Jeinkler Aguirre en la ejecución de un salto sincronizado
Guerra (izquierda) y Aguirre ostentan par de
medallas de bronce a nivel mundial
(Foto: www.teachingyourkidsaboutdrugs.com)

La primera parte de esta entrevista se realizó en un salón de actos del Complejo de Piscinas Baraguá, en La Habana del Este (sitio en el cual ha pasado la mayor parte de su vida), después de la jornada matutina de entrenamiento, solo en el gimnasio, pues  el agua estaba muy fría, debido a dificultades para calentarla.
Ese contratiempo le impidió al dúo Guerra-Aguirre completar su acostumbrado programa de saltos. A pesar de ello ganaron medallas de bronce en dos fases de la IV Serie Mundial, las disputadas en la ciudad china de Qingdao, y en la mexicana Veracruz. No es todo: en el Gran Premio de Montreal, Guerra obtuvo bronce individual, y plata junto a Aguirre en el sincronizado. En las últimas semanas ha tenido otro motivo de alegría, el cual le facilita incluso asistir a los entrenamientos con mayor facilidad: estuvo incluido en un grupo de deportistas que recibió como estímulo automóviles.

El compromiso periodístico llevó a Guerra el día de nuestro primer encuentro, amablemente, a retrasar un almuerzo apetitoso, bien cocinado, y servido con visible agrado.

Salió del comedor dando a entender que se había atrasado para algo muy importante. Y fue así como llegamos a una improvisada mesa en la cual los clavadistas practican tenis. Uno de los que se encontraba ahí era Aguirre. Guerra empuñó la raqueta, queriendo demostrar que en eso también es necesario respetarlo: “Es la competitividad que se va apoderando de los deportistas. En todo lo que juguemos queremos ser buenos: yo también practico fútbol, voleibol, tenis de campo, una especie de ping-pong con los pies, billar. Me prohíben, para cuidarme, básquet y pelota”.

La segunda parte de la entrevista se realizó en su propio hogar, de forma más breve, acompañando una sesión de fotos. En la sala tiene un sitio dedicado a las medallas, a los trofeos.

En lo que Randy capta las fotos, Oneida Oliva Hernández, la madre del astro, discrepa de cómo su hijo ordena los cinco momentos más encumbrados. Y recuerda, entre otras cosas, algo a rajatabla: “Yo tengo plena confianza en sus convicciones; pero él sabe muy bien, además, que si alguna vez se quedara fuera de Cuba me perdería, no sabría más de mí, me sentiría muy avergonzada”.

Músicos, poetas y locos

En primer plano el clavadista José Antonio Guerra; detrás sus medallas deportivas colocadas sobre una bandera cubana
Con sus medallas y… la frente arrugada
(Foto: RANDY RODRÍGUEZ PAGÉS)

Le gustan los idiomas (“quisiera conocer 17…”). Aprendió el inglés, ahora lo hace con el italiano, y pensó antes en el chino, pero le resultó difícil hacerlo también de forma autodidacta. En inglés habla con muchos deportistas, entre ellos algunos chinos (“otros son muy cerrados”). Y así lo hace también con el ruso Dmitri Sautin, actualmente con 35 años de edad, uno de los que lo dejó boquiabierto cuando participó en su primera competencia internacional de gran importancia…

“Ha sido mi ídolo, mi amigo, todavía salta, está loco… A diferencia de los chinos no es nada mecánico: es todo lo contrario, lo he visto hacer cada cosa en competencias; una máquina de hacer clavados. Cuando todo el mundo se quebraba lo hacía mejor, no igual, sino mejor.”

Sin embargo, nunca le ha comentado al amigo ruso cuánto lo admira, ni siquiera tomándose juntos un refresco o una cerveza: “No es algo que se diga de forma abierta. Pero se sabe que lo he dicho. Y parece que él se ha enterado. Me han revelado que ha ido a verme competir. Algo más: los clavadistas no hablamos de clavados”.

El que me dijo que los chinos temblaban cuando el indómito estaba entrando bien en el agua es un directivo cubano: ¿Habrá chovinismo?

“Ganarle a un chino es algo muy difícil, se necesita mucha consistencia, y que les gustes a los jueces, que tengas carisma. Hay que tener un valor tal para mantener el ritmo de competencia con un chino… Son muy pocos los que han podido hacerlo, aunque en los últimos tiempos eso ha cambiado. En aquel entonces, cuando salió esa frase, éramos muy poquitos: Sautin, el canadiense Alexandre Despatié, y yo.

“Si ya eres capaz de ganarles una vez, ellos te empiezan a respetar. Eso lleva a que no compitan tan sueltos. Y, por supuesto, yo, sabiendo que me respetan, voy para arriba de ellos a todo tren. Así me mantuve por varios años. Al no ganar ninguno de los eventos importantes se va perdiendo ese sentimiento, de ahí la inconformidad que tengo. Esa parte no te la niego, dejando la modestia a un lado: Hubo una época en la que me tenían miedo. Y actualmente todavía me respetan.”

Le dedica tiempo libre a otras muchas cosas, entre ellas ver películas, lectura, la música y bailar, por lo que con frecuencia se da su brinquito a discotecas.

Y como amante de los deportes lo han marcado muchos momentos. Entre ellos, durante los Juegos Olímpicos de Sydney 2000, las victorias de sus compañeros Iván Pedroso (salto largo) —en encarnizado duelo con el local Jay Taurima— y Anier García (110 metros con vallas). O la carrera en la cual el estadounidense Michael el Pato Johnson registró 19.32 segundos en los 200 metros planos.

Tres puntos importantes  

Poco después de integrar la preselección nacional, viajó a Matanzas a buscar a Socorro: “Profe, lo que vengo a hablar con usted es bastante serio. Quiero ser campeón mundial. Y creo que usted es el único que me puede llevar (…)”. En menos de un año llegaron ya resultados sorprendentes.

Al final de la entrevista, aprovechando esa pregunta o tema libre (que me parece haber leído no le gusta a García Márquez), José Antonio Guerra agregó: “Hace falta que se estudien a fondo, sin demora, los problemas actuales del deporte cubano; hay soluciones viables para que pueda dar el nuevo salto necesario”.

Cinco momentos

1.- La medalla de plata en la plataforma de los Campeonatos Mundiales Montreal, Canadá 2005 (primera de un cubano en la historia de los deportes acuáticos).

2.- Oro en la Universiada de Palma de Mallorca, España 1999.

3.- Plata en el sincronizado de plataforma de la Copa del Mundo Sevilla, España 2002 (con Erick Fornaris).

4.- Bronce en el sincro de los Campeonatos Mundiales Roma, Italia 2009 (junto a Jeinkler Aguirre).

5.- El año 2005, incluido… ¡ser primero del ranking mundial!