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Sección En Cuba: mirada crítica a una isla que lucha por su desarrollo y por defender su plena soberanía
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alfabetizacion

EDUARDO SABORIT


Quien la defiende, la quiere bien

La feliz cubanía de un músico legítimo, quien legó el himno de la epopeya educacional

Por: LUIS TOLEDO SANDE (cultura@bohemia.co.cu)

(22 de diciembre de 2011)

Eduardo Saborit (derecha) con uniforme de alfabetizador, junto a un adolescente que toca la guitarra
Con el uniforme de las Brigadas
Conrado Benítez, en el ejercicio
de su pasión de educador
(Foto: Archivo de BOHEMIA)

Para recordar a Eduardo Saborit no se necesitan efemérides. Pero 2011 propicia rendirle el homenaje que merece: tanto por su centenario —nació en Campechuela en 1911, el 14 de mayo, según la fecha aceptada, aunque el registro civil indica 2 de junio— como por el medio siglo de la Campaña de Alfabetización, cuyo himno él compuso.

A juicio del sociólogo Fernando Martínez Heredia, esa fue la más importante canción política en el entorno de Palabras a los intelectuales, programático discurso que el líder de la Revolución Cubana pronunció el 30 de junio del estremecedor 1961. Cantado no solo por los brigadistas Conrado Benítez, sino por el pueblo en general, el Himno de la Alfabetización ratificó ideales y entusiasmo. Tanto significaba para el país erradicar el analfabetismo.

A las complejidades propias de la Campaña se sumaron obstáculos severos: en primer lugar, la agresividad del imperialismo estadounidense, que en el mismo 1961 prohijó la invasión mercenaria por Playa Girón, mientras mantenía contrarrevolucionarios alzados en distintas zonas montañosas de Cuba y fomentaba actos terroristas en campos y ciudades. Pero el 22 de diciembre de aquel año el país agredido se declaró libre de analfabetismo, lo que no había logrado ninguno otro en América.

Con la Campaña de Alfabetización —que tuvo mártires— vibró el ánimo nacional. Indicio de ello fue la alegre parodia del conocido pasacalle compuesto por el espirituano Serapio. Su letra se transformó para exclamar: Si tú pasas por mi casa, / y si ves a mi mujer, / tú le dices que hoy no me espere, /que estoy alfabetizando / cumpliendo con mi deber. Aunque en las Brigadas Conrado Benítez más de la mitad fueron muchachas, y algo similar ocurrió tal vez en los otros frentes de la alfabetización.

Aquella hazaña —que aún después de finalizada siguió repercutiendo en diferentes expresiones artísticas— merecía y necesitaba su himno. Lo tuvo. Recordarlo hoy y mantener vivas las composiciones de quien lo creó no será menos importante, y justiciero, que haber dado su nombre a un centro deportivo de la capital del país y al concurso de música campesina auspiciado por el Instituto Cubano de Radio y Televisión.

Saborit compuso asimismo otras obras afines a la Campaña y su espíritu: el Himno de los becados y la hermosa canción Despertar: Cuántas cosas ya puedo decirte / porque al fin he aprendido a escribir, / ahora puedo decir que te quiero, / ahora sí te lo puedo decir. La elemental humanidad del sentimiento expresado confirma el alcance de la obra revolucionaria: Ya la patria me ha dado un tesoro, / he aprendido a leer y a escribir.

No fue Saborit un compositor llegado por casualidad a esos aciertos, ni a la defensa de la patria. Cultivó con dedicación las fibras que le vinieron de la familia, en especial del padre, quien dirigió la Banda Municipal de Campechuela, en la que él se inició como flautista siendo todavía niño. Pronto la familia empezó a mudarse a otros sitios, empezando por Niquero y Manzanillo, porque el padre necesitaba evadir la represión por sus ideas políticas en aquella República neocolonial que sufrió desgobiernos y tiranías.

En un momento de esa trayectoria, el muchacho que se formaba en la música y también tocaba clarinete enfermó de tifus. Entonces –se ha dicho que por recomendación médica– abandonó los instrumentos de viento y se dedicó al aprendizaje del piano y, sobre todo, de la guitarra, en la que brillaría.

En Camagüey integró sucesivamente los tríos La Clave Azul y Ensueño. En la emisora Cadena Azul, de Santa Clara, se desempeñó como guitarrista acompañante. Cuando esa emisora se mudó para La Habana, él lo hizo con ella, para la cual siguió trabajando hasta que lo contrató la potente CMQ. En esta creció su éxito y halló un cauce favorable para el desarrollo de su talento, además de mayor remuneración.

Eduardo Saborit, con uniforme de alfabetizador y armado de una ametralladora, realiza una guardia
Defendió a Cuba: la quiso más
(Foto: Archivo de BOHEMIA)
Antes de 1959 ya había llevado la música cubana por Europa, para soldados que combatían contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial. Pero su etapa de mayor gloria la vivió tras el triunfo de la Revolución, que tuvo en él un defensor entusiasta. En el mismo 1959 la representó en el XII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, en Viena, y luego viajó por Francia, España y la entonces Unión Soviética.

En el balneario ruso de Sochi compuso ¡Cuba, qué linda es Cuba!, que ha recorrido el mundo. Junto a La guantanamera, creación emblemática de Joseíto Fernández enriquecida con versos de José Martí por el músico hispano-cubano Julián Orbón, y a otras obras representativas de diferentes autores, esa canción de Saborit figura entre las que identifican, casi como himnos, al país. El texto expresa con respecto a la patria una convicción de valor permanente: quien la defiende la quiere más.

Tiene un antecedente directo en otra del propio Saborit: Conozca a Cuba primero y al extranjero después, creada en los años 50 y por la cual —según fuentes— la trasnacional ESSO le ofreció al autor un cheque en blanco para usarla en sus campañas propagandísticas. Él rechazó la oferta, porque había escrito la canción para la Patria, y a ella le pertenecía. Actitud similar mantuvo cuando, después de 1959, los dueños de la Publicitaria Siboney le propusieron que emigrase a Puerto Rico.

A las obras ya mencionadas se suman en su repertorio otras relevantes, como El guarapo y la melcocha, Tócalo con limón, Mi linda guajira, Ponme la mano, La guayabera, El caballo y la montura y varias más. Mereció y disfrutó el gustazo de tener grandes intérpretes: Rita Montaner, Esther Borja, Ramón Veloz, Radeúnda Lima, Celina González. ¿Aparecerá alguna grabación del conjunto orquestal de cuerdas que él encabezó junto al eminente laudista Miguel Ojeda?

Saborit no se limitó a cantarle a la Campaña de Alfabetización: participó activamente en ella como integrante de su Consejo Nacional. Incluso después de terminada, asumió como indumentaria habitual el uniforme de las Brigadas Conrado Benítez. Trabajó igualmente como profesor de guitarra en las Escuelas de Instructores de Arte, creadas por la Revolución.

Al despedir su duelo, un amigo y compañero de brega, el poeta Jesús Orta Ruiz, Indio Naborí, hizo justicia al autor de ¡Cuba, qué linda es Cuba!”. Lo elogió por haber muerto en la huella / de Fidel y de Martí, además de ofrecerle lo que merecía: toma, mi hermano, ‘un rubí, / cinco franjas y una estrella’.

Himno de las Brigadas Conrado Benítez

¡Cuba! ¡Cuba!
¡Estudio, trabajo, fusil!
¡Lápiz, cartilla, manual!
¡Alfabetizar, alfabetizar! ¡Venceremos!

Somos las Brigadas Conrado Benítez,
somos la vanguardia de la Revolución,
con el libro en alto cumplimos una meta,
llevar a toda Cuba la alfabetización.

Por llanos y montañas el brigadista va,
cumpliendo con la patria,
luchando por la paz.
¡Abajo imperialismo, arriba libertad!
Llevamos con las letras la luz de la verdad.

¡Cuba! ¡Cuba!
¡Estudio, trabajo, fusil!
¡Lápiz, cartilla, manual!
¡Alfabetizar, alfabetizar! ¡Venceremos!

Partitura del himno de las Brigadas Conrado Benítez  Partitura del himno de las Brigadas Conrado Benítez 
Partitura publicada en los días de la Campaña de Alfabetización, para que el pueblo conociera el himno y lo cantara
(Foto: Cortesía del Museo de la Música)


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