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CONJUNTO FOLKLÓRICO NACIONAL

Embajadores de la cultura cubana 

En el cincuentenario de la compañía, uno de sus artífices, Rogelio Martínez Furé, destaca el valor de esa institución

Por DIONA ESPINOSA (estudiante de Periodismo)
Fotos: ANARAY LORENZO  (foto@bohemia.co.cu)

(3 de diciembre de 2012)

El Conjunto Folklórico Nacional sobre el escenario
El Conjunto Folklórico Nacional representa orígenes netamente
populares (Foto: Archivo de BOHEMIA)

Como fieles guardianes, los orishas asoman desde varios espacios de la sala donde Rogelio Martínez Furé reseña la historia del Conjunto Folklórico Nacional (CFN), una de las agrupaciones danzarias más importantes del país. Entrevistar a quien resulta una personalidad de los estudios sobre folclor en Cuba, deviene un acto de aprendizaje. El experto resalta la materialización en 1962 de todo un suceso cultural en la Isla.

-Antes del surgimiento de la compañía, ¿qué sucedía con las expresiones del folclor en el país?

Rogelio Martínez Furé, sentado en la sala de su casa, entre representaciones de orishas
Rogelio Martínez Furé, investigador, poeta, pedagogo y
Premio Nacional de Danza 2002, colaboró durante muchos
años con la sección cultural de la revista BOHEMIA
(Foto: ANARAY LORENZO)

-Se formaban algunos grupos para hacer presentaciones tomando como referente conferencias de los etnólogos don Fernando Ortiz y Argeliers León, pero tenían vida efímera porque no los integraban artistas profesionales. Los cabarets presentaban shows con poca profundidad en la selección de música, danza, vestuario. Tampoco existía interés por un espectáculo que respetara las normas del teatro y trascendiera de simple reproducción etnográfica a obra artística. Faltaba una agrupación en la cual artistas, músicos y bailarines folclóricos se sometieran a una disciplina de ensayos, clases técnicas. Después de triunfo de la Revolución, el Conjunto emerge el 7 de mayo de 1962.

-¿Cómo llega a la agrupación?

Un momento del espectáculo
Rumbas y comparsas, uno de los ciclos del primer
espectáculo de la compañía, cosechó éxitos en la escena
neoyorkina siete años después de su estreno en 1963
(Foto: Archivo de BOHEMIA)

-Antes de dedicarme a los estudios sobre el folclor, estudié carreras de Derecho en la Universidad de La Habana. Pero las interrumpí faltándome apenas tres asignaturas para concluir. Comencé un seminario para investigadores dirigido por el musicólogo Argeliers León en el Departamento de Folklore del Teatro Nacional. Después me quedé trabajando allí y además impartí clases como profesor del seminario para instructores de arte, en el hotel Habana Libre; en Teatro Estudio, bajo la dirección de Raquel y Vicente Revuelta; y luego en el grupo de Alberto Alonso.

“Tenía amistades en el mundo de la danza, como el coreógrafo mexicano Rodolfo Reyes Cortés, a quien conocí trabajando con las dos agrupaciones teatrales que mencioné. Los intereses se fueron uniendo y se crea el CFN. La primera dirección artística la conformamos Reyes Cortés y yo, como asesor folclórico y libretista. En esa función todavía me mantengo y, junto a Manolo Micler, codirijo el grupo.

-¿Cómo fueron los primeros pasos?

Momento del espectáculo, varias parejas bailan
“El Conjunto ha llevado a escena espectáculos fruto de la
cubanía más raigal, como el Baile de Chancleta”, afirma
Furé (Foto: Archivo de BOHEMIA)

-Por lo general las compañías folclóricas no las crean los bailarines, casi siempre detrás se encuentran los folcloristas interesados en promover las tradiciones de carácter nacional.  Estas se hallan subvaloradas en muchos países, incluso en épocas bastante recientes,  debido a un criterio pequeñoburgués: pensar que lo popular no tiene trascendencia universal. En muchas ocasiones se utilizan elementos de la música y la danza con un sentido exótico, pintoresco y de entretenimiento para turistas, sin un estudio profundo y, sobre todo, sin dignidad estética.

“El Conjunto tuvo su sede inicial en el edificio del antiguo Banco Industrial, donde hoy se encuentra el restaurante El Patio, en la Plaza de la Catedral. Allí nos reunimos la argentina Tamara Satanowsky, como administradora; Yolanda Padrón, asistente del coreógrafo, Rodolfo Reyes, yo, y posteriormente, a finales de 1962,  Marta Blanco como directora general.

Bailarines ataviados como diablitos y músicos en un exterior, junto a una antigua pared de piedra
Abakuá, obra de Rodolfo Reyes, formó parte del segundo
espectáculo del Conjunto Folklórico Nacional
(Foto: Archivo de BOHEMIA)

“Hicimos un programa de desarrollo para que tamboreros y bailadores, conocedores de las tradiciones gracias a la oralidad,  se convirtieran en percusionistas y bailarines profesionales. Algunos de ellos no habían comenzado el sexto grado y se les facilitó que estudiaran para alcanzarlo. Se impartieron también clases sobre historia de la cultura cubana, marxismo, educación formal y otras.

“El primer espectáculo, conformado por tres ciclos, Yoruba, Congo y Rumbas y comparsas, se estrenó el 25 de julio de 1963 en el Mella e inició nuestras presentaciones en la escena teatral”.

-¿Principales dificultades enfrentadas en los años fundacionales?

-Incomprensión, enfrentamientos debido  a la supervivencia de prejuicios clasistas y racistas, y personas con mentalidad pequeñoburguesa que no creían a la cultura popular suficientemente valiosa para representarnos a nivel internacional.

Dos artistas actuando sobre el escenario
Habanera, coreografía de Manolo Micler, con música de
Rogelio Martínez Furé, se estrenó en 1980
(Foto: Archivo de BOHEMIA)

“Hoy, entre las pruebas del reconocimiento alcanzado, se hallan la carta de felicitación firmada por el presidente Raúl Castro, con motivo del cincuentenario, y la admiración del pueblo que nos reconoce como embajadores de la cultura popular y tradicional cubana”.

-Detrás del escenario ha existido una ardua faena de investigación. ¿Cómo se realiza?  

-Como folclorista tuve que efectuar trabajo de campo, recolectar lo que se había publicado, como los libros de Fernando Ortiz, Lydia Cabrera y otros.  Entrevisté a informantes, verdaderas bibliotecas vivientes, para recoger los cantos y diseños fundamentales del vestuario. Hacíamos para cada espectáculo un trabajo de mesa profundo.

“No creamos folclor, pues este es anónimo, colectivo, sino proyecciones escénicas de inspiración folclórica. Lo que pretendemos es recolectar las más importantes expresiones de origen africano, español, francés y las llegadas de América continental, y de otras islas del Caribe; sean antiguas o contemporáneas, profanas o rituales, rurales o urbanas.

-Han realizado numerosos espectáculos ¿Cuáles considera más logrados?

-Es como preguntarme con qué hijo me quedo. De cierta forma he sido libretista y asesor de más de la mitad del repertorio y en realidad me gustan todos. Pero prefiero aquellos en los que trabajé, además, en el proceso de montaje y llamo las obras clásicas: el primero y  el segundo, de 1965, titulado Abakuá, Música Popular y Yoruba-Yesá, ambos con coreografías de Rodolfo Reyes Cortés.

Músicos y bailarinas actuando en la plaza
Presentación en la Plaza Chatelet de Francia, durante el
Festival de las Naciones en abril de 1964
(Foto: Archivo de BOHEMIA)

“Después hay otras que quiero mucho, como Guateque, Palenque, Baile de la chancleta, creadas junto con Manolo Micler; y Congos reales, coreografía de la talentosa Ana Luisa Cáceres, estrenado en el Teatro Nuevo Apolo de Madrid en 1990, durante las actividades en homenaje  al quinto centenario de la llegada de Colón a nuestro continente”.

-El Folklórico ha delineado una estética, ¿se mantienen  sus objetivos iniciales?

-No ha sido fácil. He tratado de conservarlos en mis espectáculos porque es un compromiso. Se pueden ver manifiestos en los textos que he escrito hasta hoy. En ellos ataco el seudofolclor o lo que también llamo autoexotismo.

“Hemos velado porque no ocurra como antes de 1959, cuando la burguesía despreciaba lo popular y se europeizaba. El Conjunto Folklórico también lleva a escena obras basadas en géneros como el danzonete, mambo, cha cha chá, pilón, mozambique, son, rumba, tumba francesa, punto guajiro, rondas infantiles, coros de clave, bolero, trova, habanera, guaracha y conga oriental”.

-¿Momentos importantes durante estos 50 años?

-Fue fundamental nuestro debut en el Mella, impactante, con críticas muy halagüeñas en la prensa. Se rompieron barreras de todo tipo y el pueblo de Cuba dio el visto bueno. En abril de 1964 resultamos la primera compañía de este tipo que actuó en el Teatro Sarah Bernhardt de París, donde nos presentamos como parte del Festival de Naciones, en el que participaban anualmente grupos de teatro y danza de todo el mundo. Luego visitamos Bélgica, Argelia y España durante la primera gira internacional. Estábamos haciendo historia.

“Se suman más de noventa viajes, entre los que destacan actuaciones en Moscú, Berlín, Tokio, Nueva York, Los Ángeles, Washington, Londres, San Pablo, Luanda, Maputo, Accra, Praga, Sofia, Ámsterdam y Montreal. Hemos participado, además, en festivales internacionales de folclor y obtenido el Coral de Plata en el de Dijon, Francia (1975), y el Templo de Oro, en el de Agrigento, Sicilia, (1988), entre otros  premios.

“El arte es una eterna fórmula abierta con la cual siempre se aspira a más. El Conjunto ha transitado por momentos de luces y sombras, como ocurre en toda compañía. Más de diez directores generales han pertenecido a su colectivo.  Resalta Marta Blanco, quien trabajó con nosotros de 1962 hasta  1964; Marcos Portal (1973-1978), Teresita González (1981-2000) y a partir de 2004, Manolo Micler, coreógrafo, ejemplo de desarrollo, pues entró como bailarín y se convirtió en ensayador, profesor de ballet folclórico, regisseur, y por último director general. Considero que las tres etapas más importantes de creación artística han sido aquellas en las cuales Rodolfo Reyes, Ana Luisa Cáceres y Micler han aportado obras coreográficas.

“El período actual está lleno de retos. Dice un viejo proverbio africano: ‘No podemos olvidar nuestros orígenes, porque el futuro está lleno de imprevistos’”.

Nuevos aires del Conjunto
Según declara su director, Manolo Micler, la compañía renueva su elenco con bailarines egresados de las escuelas de arte. Y añade: “Estamos pendientes, sin esnobismos, de lo que ocurre en el mundo para imbricarlo con nuestras danzas. Tenemos el desafío de ser cada día más cubanos, más artistas y mejores bailarines, sin defraudar a quienes  iniciaron el camino del arte folclórico en el país”.

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