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El escenario del Pacto del Zanjón

Los alzamientos ocurridos alrededor del 10 de octubre de 1868 mostraron, en algunas acciones personales y de grupos, la falta de unidad entre los conspiradores cubanos. Si bien eran comunes los altos objetivos de libertad para la Patria, igualdad para todos los cubanos y diversidad de credos y creencias, los antagonismos personales, la diferencia de criterios en la forma de conducir la lucha y quienes la encabezaban no se detuvo en las necesarias discusiones sino que se manifestó en conspiraciones e intrigas que minaron la guerra.

Antonio Maceo -desde el mismo inicio de la acción liberadora- conoce de la existencia en miembros del Ejército Libertador, colaboradores y partidarios, de fuertes tendencias divisionistas, propugnadoras de la indisciplina y la anarquía en las filas revolucionarias. Él, soldado por excelencia, orden y disciplina personificadas, se aparta de tales fracciones y se dedica de forma total a combatir -en todo momento y en el lugar que le corresponde- a las fuerzas armadas de la metrópoli que sembraban muerte, hambre y terror a lo largo de toda la Isla.

Corría el año 1877 cuando se agravaban la indisciplina y el descontento en las filas mambisas. Se acumulaban fuertes rechazos a algunas decisiones tomadas por el Gobierno, con actitudes cobardes y oportunistas. Mientras, El General español Arsenio Martínez Campos intensificaba las gestiones de paz y trataba de comprar las conciencias en venta en el bando rebelde.

Es 11 de mayo cuando se produce el motín de Santa Rita, protagonizado por el general Vicente García González (ya se había sublevado en Lagunas de Varona el 26 de abril de 1875) y sus seguidores, al circular un manifiesto con un programa político que justificaba una sublevación militar contra los poderes de la República en Armas y también contra los mandos del Ejército Libertador. Así se llegó hasta la insubordinación de los sublevados a los mandos del presidente Don Tomás Estrada Palma y el jefe del Ejército Libertador, Generalísimo Máximo Gómez Báez. Convocado por los sediciosos Maceo rechazó de plano sus propuestas para incorporarse al movimiento y amenazó a los enviados con la carta invitación del general García con pasarlos por un Consejo de Guerra.

Sobre estos difíciles momentos previos al Zanjón, señala José Luciano Franco: "El Generalísimo Máximo Gómez, desalentado por los sucesos de Loma de Sevilla -octubre de 1877- precedidos del movimiento cantonalista de Holguín -septiembre del mismo año-, acaudillado por el doctor José Enríquez Collado, escribe en su Diario: ‘Se nota una desmoralización completa y los ánimos todos están sobrecogidos; tanto por las operaciones constantes del enemigo como por la división de los cubanos’.

"Y anota después: ‘Día 31, último día del 77. Se concluye el año, uno de los más funestos para la revolución de Cuba, pues, además de la terrible campaña que sostiene el general español Martínez Campos, con sus grandes recursos de hombres y dinero, los cubanos divididos y en desacuerdo han impreso un sello de debilidad y decadencia a la Revolución que será muy difícil encarrilarla por una vía segura a su triunfo’.

"Así no es de extrañar el telegrama de Aria al Capitán General, febrero 9 de 1878 trasladando el que había recibido del coronel Ochamelo desde Arroyo Blanco: ‘Anoche en el campamento insurrecto hubo manifestaciones en favor de la paz’.

"Martínez Campos -escribe Vicente García a Miguel Aldama, Camagüey, febrero 10 de 1878- que estaba ‘perfectamente enterado de lo que pasaba en nuestro campo y en el seno mismo de la Cámara por las relaciones que mantenía con Duque de Estrada, que iba y venía de los campamentos españoles a los nuestros, como lo hacían igualmente otros como Jefes de nuestras fuerzas, exigió previamente las bases de un arreglo posible por nuestra parte, sirviendo como punto de partida las proposiciones de asimilación que había hecho’."

La situación entonces no podía ser peor pues Don Tomás Estrada Palma, presidente de la República en Armas, es hecho prisionero por los españoles tras una delación; el presidente de la República en Armas por sustitución reglamentaria, Francisco Javier de Céspedes renuncia a su cargo; y el Generalísimo Máximo Gómez dimite como Secretario de la Guerra.

Así se llega al Pacto del Zanjón.


Editor: Pedro Hernández Soto   Diseño: Amilcar Acosta Calzado.
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