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Esposa e hijos

Padres

Padre: Marcos Maceo

Venezolano por nacimiento. Prestó servicio en las fuerzas armadas coloniales como soldado del Batallón de Leales Corianos que se batió contra las fuerzas bolivarianas.

Procedente de Venezuela, con tránsito por Santo Domingo, llegó a Santiago de Cuba en 1825, en compañía de su madre, Clara -de igual apellido-, y de sus hermanos Doroteo, Bárbara y María del Rosario. Lo logran por la corrupción imperante en la Isla -característica de la monarquía española de la época- puesto que la Real Cédula de 1817 prohibía el ingreso a Cuba de personas no blancas.

Se casó primero con Amparo Téllez con quien tuvo seis hijos, su primogénito fue Antonio Maceo Téllez que murió en la Guerra de 1868 con el grado de Teniente Coronel del Ejército Libertador.

Tras enviudar es que puede contraer matrimonio con Mariana Grajales el 6 de julio de 1851 en la iglesia de San Nicolás de Morón y de San Luis, Oriente. Tuvo con ella nueve hijos: Antonio, María Baldomera, José Marcelino, Rafael, Miguel, Julio, Dominga de la Calzada, José Tomás y Marcos. De posición económica desahogada, llegó a poseer una finca de nueve caballerías.

Inculcó en sus hijos un profundo respeto y obediencia a los padres. Cada uno de los 19 muchachos (se incluyen los Regüeiferos y los Téllez) tenía definida su responsabilidad en la finca; los educó sobre la base del ejemplo cotidiano de rectitud y bondad. Daba a todos experiencias de vida militar en Venezuela.

Enseñó a Antonio las artes del uso de las armas de guerra. Muere en combate con los grados de sargento, el 14 de mayo de 1869, durante el ataque a la guarnición de San Agustín. Cuentan que al morir exclamó: “He cumplido con Mariana”.

Madre: Mariana Grajales Coello

Cubana por nacimiento. Hija de emigrados dominicanos. Casada en primeras nupcias con Fructuoso Regüeiferos, padre de Felipe, Fermín, Justo y Manuel. Tras enviudar en 1840, contrae matrimonio con 35 años de edad con Marcos Maceo, el 6 de julio de 1851, en la iglesia de San Nicolás de Morón y de San Luis, Oriente, engendrando a Antonio y a otros ocho hijos: María Baldomera, José Marcelino, Rafael, Miguel, Julio, Dominga de la Calzada, José Tomás y Marcos.

Junto a su esposo educó a todos sus hijos en la honestidad, la amistad, la moral, el amor patrio y la conducta cívica. A lo largo de su vida y en los más difíciles momentos hizo gala de una tremenda fortaleza de carácter. Logró hacer muchachos y jóvenes disciplinados, ordenados, de buenas costumbres y limpios, incluso incapaces de pronunciar palabras obscenas. Inoculó a sus hijos una energía inquebrantable a través de su ejemplo.

Desde el 12 de octubre de 1868 exhortó a todos los integrantes de la familia a incorporarse a las huestes libertadoras y les acompañó en el monte, en los avatares de la guerra sin consideración de su edad y género.

Sobran muestras de su patriotismo, lealtad a los principios, amor a su esposo e hijos. Ante el llanto de mujeres por la gravedad de las heridas recibidas por el Lugarteniente en el combate del Potrero de Mejía, el 7 de agosto de 1877, Martí  pone en boca de doña Mariana Grajales la frase: “¡Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas! Traigan a Brioso ".

De sus 13 hijos solo dos sobrevivieron a las guerras: José Tomás y María Dominga.

Muere en el exilio, en Jamaica, el 28 de noviembre 1893. Sus restos fueron traídos a Cuba el 23 de abril de 1923.

El propio José Martí, cuando justipreciaba los padres de Antonio Maceo y su influencia en él, dejó para la posteridad lo siguiente: “... de la madre más que del padre, viene el hijo, y es gran desdicha deber el cuerpo a gente floja o nula, a quien no se puede deber el alma; pero Maceo fue feliz, porque vino de león y de leona”.


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