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Y
hay que poner asunto a lo que dice, porque Maceo tiene en la mente tanta fuerza como en el brazo. No hallaría el entusiasmo pueril
asidero de su sagaz experiencia. Firme es su pensamiento y armonioso, como
las líneas de su cráneo. Su palabra es sedosa, como la de la energía
constante, y de una elegancia artística que le viene de su esmerado ajuste
con la idea cauta y sobria.
No se vende por darte su palabra, que es notable de veras y
rodea cuidadoso el asunto, mientras no esté en razón, o insinúa, como quien
vuelve de largo viaje, todos los escollos o entradas
de él.
No deja
frase rota, ni usa voz impura, ni vacila cuando lo parece, sino que tantea
su tema o su hombre. Ni hincha la palabra nunca, ni la deja de la rienda. Pero se
pone un día el sol y amanece el otro, y el primer fulgor da por la ventana
que mira al campo de Marte, sobre el guerrero que no durmió en toda la noche
buscándole caminos a la Patria. Su columna será él, jamás puñal suyo. Con el
pensamiento le servirá más aún que con el valor.
José Martí |