Uno
de los principales y más activos terroristas internacionales de la
"Fundación Nacional Cubano Americana" (FNCA), organización de extrema
derecha creada y asentada en la Florida, Estados Unidos.
Culpable, junto a
Orlando Bosch Ávila, del atentado que
mató a los 73 pasajeros y tripulantes del
avión civil de Cubana de
Aviación, que explotó en aguas de Barbados el 6 de octubre de 1976. Por
ese hecho fue apresado y encausado judicialmente en Venezuela, pero
antes de concluir el proceso legal se fugó de la cárcel, en 1985.
En entrevista al diario The New York Times admitió haber
organizado la campaña de atentados dinamiteros ejecutada en 1997 contra
centros turísticos en Cuba, y reconoció que los líderes de la FNCA
habían financiado sus operaciones.
Al respecto también se declaró responsable, ante una
televisora miamense, de cualquier acto terrorista que se hubiera
cometido, o se cometa, dentro de Cuba.
Involucrado en los intentos de atentado al presidente
cubano Fidel Castro en República Dominicana, en 1998, y en Panamá en
2000, desde noviembre de ese último año guardó prisión en el país
istmeño hasta agosto de 2004, cuando un indulto concedido por la ex
presidenta panameña Mireya Moscoso lo puso en libertad.
Desde finales de marzo de 2005 se mantuvo en Miami,
adonde ingresó ilegalmente, según declaraba su abogado a la espera del
asilo político que había solicitado al gobierno norteamericano. Este
último le protegía con el silencio, mientras negaba conocer su presencia
en la Unión.
El 17 de mayo del propio año el Departamento de
Seguridad Interior emitió un comunicado dando a conocer que había
arrestado a Posada Carriles y que lo mantenía "bajo custodia para
dirimir su condición migratoria".
En junio la cancillería de Venezuela presentó al
Departamento de Estado norteamericano un expediente que respaldaba la
solicitud de extradición de Posada Carriles a su territorio, como
prófugo que es de la justicia venezolana desde que huyó para evadir el
juicio por la voladura del avión cubano.
Estados Unidos no ha respondido aún el pedido de
extradición, que según expertos procede por atenerse al Tratado de
extradición bilateral (1922), al Convenio para la represión de actos
ilícitos contra la seguridad de la Aviación Civil (1971) y al Convenio
internacional para la represión de los atentados terroristas cometidos
con bombas (1997).
Luis Posada fue trasladado al centro de detención
migratoria de El Paso, Texas, y luego de maniobras dilatorias, el 13 de
junio fue presentado por primera vez ante un juez (William L. Abbott,
realmente funcionario del Departamento de Justicia) para responder por
su ingreso ilegal al país. Sería una audiencia con varios episodios y
aplazamientos en agosto y septiembre.
Durante el proceso, cuestionado por el evidente
contubernio entre el terrorista, su abogado y el gobierno representado
por la Fiscalía Federal, Posada retiró la solicitud de asilo en Estados
Unidos y se acogió al Convenio internacional de protección contra la
tortura.
Finalmente, el 27 de septiembre, el juez Abbott
dictaminó que Luis Posada Carriles no sería deportado a Venezuela, para
lo cual se basó en la suposición de que aquel pudiera sufrir torturas en
la nación suramericana. De ese modo fue prolongada, de modo indirecto
pero oficial, la permanencia del terrorista en Estados Unidos, sujeto a
juicio solamente por violaciones de carácter migratorio y por mentir al
llenar los formularios sobre la forma en que ingresó a la Unión.
Varios escándalos, entre otros hechos por el hallazgo en
territorio norteamericano de arsenales ilegales, en poder de terroristas
muy vinculados a él, han acompañado el dilatado proceso protagonizado
por Posada Carriles y por las autoridades que, interesadas en su
silencio sobre culpas compartidas, no han querido juzgarlo por la
sostenida práctica que lo cualifica como más peligroso terrorista del
hemisferio occidental.
Próximos a cumplirse dos años de su excepcionalmente
cómodo encarcelamiento, el responsable de las 73 muertes en aguas del
Caribe en 1976, así como de indefinido número de crímenes asociados a la
Operación Cóndor en América Latina y a otras oscuras operaciones CIA,
fue puesto en libertad bajo fianza el 19 de abril de 2007, según se dijo
entonces hasta la celebración de la vista señalada para el 11 de mayo.
El 8 de mayo, sin embargo, la jueza federal Kathleen
Cardone, de El Paso, Texas, desestimó los cargos por fraude migratorio
que existían contra
Posada Carriles, quien de inmediato hizo declaraciones a la prensa para festejar
la libertad de ese modo
obtenida.
Precedido por una disputa entre la Fiscalía Federal y la
defensa del terrorista, en relación con la prohibición de utilizar en el
juicio pruebas sobre los vínculos entre aquel y la CIA, el dictamen de
Cardone censura los procedimientos utilizados por la
Administración Bush para armar un caso por
delitos migratorios, y asegura que "Como todos los acusados ante un
tribunal, este acusado está protegido por ciertos derechos
constitucionales. Este tribunal no va a echarlos a un lado ni ignorará
la mala conducta del gobierno solo porque el acusado sea una papa
caliente en términos políticos".
El desapego de la Casa Blanca a la ética y a la
justicia, en estrecha comunión con los intereses de la mafia anticubana
de la Florida, han servido de telón a este más reciente episodio del
groseramente disimulado perdón presidencial a Luis
Posada Carriles en Estados Unidos.
Expediente Posada
Carriles
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¿Cómo
Posada
Carriles volvió a
su nido?
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