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Dominicano,
fiel soldado por la independencia de Cuba, fue jefe del Ejército Libertador
durante la Guerra de los Diez Años (1868-1878) y la Guerra de Independencia
(1895-1898). En la Guerra de los Diez Años intentó la Invasión a Occidente y
llevó su vanguardia hasta Matanzas. Al reanudarse las hostilidades en la
Guerra del 95 de nuevo la organizó y llevó el Contingente Invasor hasta La
Habana. Salvaguardó su conclusión exitosa con la campaña de la Lanzadera,
amenazando continuamente a la capital del país, atrayendo sobre sí fuertes
columnas españolas para así facilitar la llegada de su Lugarteniente
general, el mayor general Antonio Maceo y Grajales hasta el poblado de
Mantua, extremo más occidental del país.
Desde 1987 hasta 1898
desarrolló la Campaña de La Reforma, en 1 800 kilómetros cuadrados de Sancti
Spiritus, enfrentando a fuerzas españolas trasladadas desde
occidente, y rompió así el equilibrio estratégico de las acciones
peninsulares. Estratega y táctico por excelencia en ambas guerras fue un
general que no conoció la derrota a pesar de comandar un ejército de
oficiales y soldados sin instrucción militar anterior, y, combatir contra la
mayor concentración de tropas dispuesta por una potencia colonizadora en
América, comandada por experimentado generales, y armada con los más
modernos pertrechos de la época.
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